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La caída de los Trevorian

Por Abel Roldán Gordillo

El blog de Abel Roldán Gordillo

LA CAÍDA DE LOS TREVORIAN

Añadido el 27/03/2014
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Era un día cualquiera, un día más, o eso pensaba Delfo. Aquella mañana había sido como otras, se levantó y tras asearse un poco asistió a las clases matutinas de Álgebra, una vez terminada y cuando se acercaba el medio día fue a dar de comer al joven caballo que le asignaron a principios de verano. Un pequeño potro, pura sangre del Sur, totalmente negro y fuerte para su edad. Al llegar, Werino, el encargado de las cuadras le mandó acercarse al río por algo de hierba fresca para los animales, porque ya comenzaba a escasear el forraje. Tendría que darse prisa si quería ir al río y regresar antes del atardecer...

Así comienza mi primer libro, "La caída de los Trevorian", una épica aventura llena de traiciones, amistad, venganzas, guerras y un largo etcétera.

Espero que os guste y podamos publicar este libro juntos.

ENTREVISTA A ABEL ROLDÁN POR PENTIAN.COM

Añadido el 31/03/2014

1.- ¿Cuánto tiempo llevas escribiendo?
Comencé a escribir hace dos años, cuando empecé a escribir este libro.

2.- ¿Por qué te decidiste a escribir esta obra?
La idea surgió de hacerle un regalo a mi novia, escribí el prólogo para que me hiciera una crítica, si consideraba que era interesante y estaba bien escrito seguiría adelante con el libro, si no, pues lo dejaría.

Le gustó mucho, por eso seguí adelante con este libro en el que ella ha sido el mayor apoyo que he encontrado.

3.- ¿Cuánto tiempo te ha llevado escribir este libro?
He tardado unos dos años en escribirlo, al tener que compaginarlo con el estudio y el trabajo no he tenido demasiado tiempo libre que invertir en escribir, aun así, creo que lo he aprovechado muy bien.

4.- ¿Qué quieres transmitir a los lectores?
Con este libro quiero que mis lectores desconecten un poco de la vida real y se trasporten a un mundo donde puedan dejar a un lado sus problemas cotidianos, se entretengan y se identifiquen con muchas acciones de los protagonistas.

5.- ¿Estás escribiendo algún otro libro en estos momentos?
Actualmente estoy escribiendo otra novela, de un estilo opuesto al de éste, es una novela negra, en la que un asesino en serie parece perseguir a nuestro protagonista una vez comienza éste a investigar la muerte de su hermano, brutalmente asesinado.

6.- ¿Qué consejos le darías a aquellos escritores noveles que desean ver cumplido su sueño de publicar un libro?
Pocos consejos puedo dar ya que me incluyo entre ellos. Lo poco que les puedo decir es que tengan paciencia, que confíen en lo que han escrito y no pierdan nunca la esperanza ni las ganas de escribir.

7.- Por último, ¿cuál es tu libro favorito?
He leído mucho y es difícil decidirme por uno, quizás me quedaría con el siguiente trío:

Drácula de Bram Stoker, éste fue el primer libro que compré con mi dinero, aun hoy en día recuerdo el miedo que me transmitió desde sus primeras líneas y cómo me atrapó desde la primera página.

Sinuhé, el egipcio de Mika Waltari y El médico de Noah Gordon, estos dos me enseñaron que se puede escribir una gran novela, que engancha desde el primer momento y ser a la vez históricamente casi perfectas. Dos grandes libros que han marcado mis gustos literarios.

LA GUERRA POR EL IMPERIO

Añadido el 06/04/2014
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Lejos del Bosque Aullante, ajeno a las enseñanzas de la fortaleza de la Orden de la Roca, el rey Tanios III planea dividir el Imperio y terminar con la tradición de que el primogénito gobierne los tres continentes, una acción que traerá guerra y traiciones y marcará el futuro de la antigua orden militar creada para luchar contra los hechiceros y que actualmente se encarga de proteger las ciudades del norte de El Yermo.

¿Quieres saber en qué influye la decisión del rey Tanios en los protagonistas de "La caída de los Trevorian"? Apoya el libro y conseguiremos que se publique.

EL ALBINO

Añadido el 09/04/2014
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Os dejo un fragmento del capítulo "El Albino" en el que Urok, uno de los protagonistas ataca a sus perseguidores por sorpresa.

Se despertaron confusos, cuando uno de ellos se incorporó, Urok ya estaba en lo alto de él, le atravesó la cara con su lanza y pasó por encima del cuerpo con el caballo, el único que parecía estar en guardia era el rastreador, pero por suerte atacó al caballo sin jinete, cuando se vino a dar cuenta de que estaba atacando a un fantasma, Romal cayó sobre él, desgarrando su garganta antes de que pudiera defenderse. Otro de los soldados, al ver aquel caos intentó alcanzar su montura, aunque Urok no vio signos en él de usarla para atacar, sino más bien para huir de allí, antes de que lograra su objetivo, le arrojó la lanza que quedó clavada en la espalda del hombre, cayendo entre lamentos y quejidos al suelo. El último de los soldados, tiró su espada lejos de él y se arrodilló.

LAS BESTIAS DEL BOSQUE

Añadido el 13/04/2014
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Os dejo un fragmento del capítulo "El engaño":
―Dios, estamos rodeados ―exclamó Mansón.
Sin darse cuenta de cómo habían llegado a esa formación, se descubrieron todos formando un círculo entorno al fuego, con Romal por delante de Delfo, comenzó a ladrar cuando uno de los varrat dejó la espesura, pronto apareció otro a su izquierda, luego otro a su derecha, aparecieron más y más, contó a quince y eso solo en su campo de visión. Por los comentarios que escuchaba a su espalda concluyó que serían el doble o el triple. Todos se mantenían en tensión y en sus puestos, pero se notaba el miedo, sobre todo a su lado, veía autentico terror en los ojos de Nicanor, no lo juzgaba, pues posiblemente su mirada tendría ese mismo aspecto.
Tardó en darse cuenta de que nadie daba órdenes, así que tomó la iniciativa.
―Recordad lo que nos dijo Nakko, estad tranquilos, dejad las flechas y asegurad la lanza. Mantened la lanza apoyada en el suelo y poned un pie encima para ayudaros con vuestro peso...

DELFO

Añadido el 21/04/2014
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Fragmento del capítulo "Los bandidos":

Delfo no sabía en qué estado se encontraba su compañero, él estaba molido y no se veía con fuerzas para luchar por mucho tiempo, tampoco sabía cómo se comportarían los bandidos en combate, el pequeño parecía nervioso y estaría deseando atacar, con esquivar el primer ataque desatendería su defensa, con un golpe, con suerte, podría acabar con él. El que parecía el jefe era harina de otro costal, se mostraba seguro, sin nervios y aunque amenazaba no se apresuraba en atacar, en cuanto al tercero estaba mirando hacia otra parte, como si en el carro tuviera su espada… o hubiera alguien más. Siguió su mirada y pudo ver un leve movimiento, un bandido se deslizaba por el techo de uno de los carros, al rato apareció otro, llevaban arcos. Miró a Urok, éste señaló a Romal y él entendió al instante lo que quería intentar el albino. Al ver hacer un gesto al jefe del grupo, los dos descabalgaron de un salto al suelo, el albino arrojó su espada a uno de los bandidos, Delfo simplemente gritó una orden a su mastín.

EL MONASTERIO

Añadido el 26/04/2014
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Fragmento del capítulo "Los compañeros": Se puso una de las túnicas que había en su armario, las ropas que llevó estaban sucias, le tendría que preguntar a los monjes dónde lavaban la ropa, pero por lo pronto se conformaría con una túnica, tenía seis distintas en la habitación, todas grises, no como las de los monjes que eran negras o marrones, eran de lana, suaves al contacto con la piel, y con capucha. Una vez vestida, salió al pasillo, no vio a nadie, supuso que esas eran las habitaciones y que hasta la noche esos pasillos estarían vacíos.
El comedor estaba a rebosar, casi todas las mesas estaban ocupadas al completo, nunca llegó a creer que hubiera tantas personas viviendo allí. Su vista se perdió entre tantas túnicas, algunos hablaban con voz fuerte entre ellos, otros leían libros mientras comían, otros con la capucha puesta no dejaban ver sus facciones. Hasta que no oyó que la llamaban no se movió de la entrada, era el monje rapado, le estaba señalando un lugar donde sentarse, cerca de una ventana que daba al exterior.
Fue hacia allí intentando no llamar mucho la atención, pareció conseguirlo, pues muy pocos fueron los monjes que desviaron la mirada para mirarla, no reconoció entre ellos a los otros niños de los que habló el Gran Maestro.
Llegó a la mesa, Lun se acercó a ella y la invitó a sentarse, en la mesa había sentados otros tres monjes, uno viejo con barba y pelo totalmente blanco, otro que llevaba la capucha puesta y leía un libro y otro que no tendría más de treinta años, de facciones suaves, afeitado, de mandíbulas anchas y ojos negros penetrantes, la miró fijamente a los ojos, como si quisiera ver en su interior, Eilen tuvo que apartar la mirada, era algo turbadora y… sensual en parte, nunca se había sentido así de avergonzada.
―Vamos, siéntate, estos son Kirim Lao ―señaló al encapuchado―, Azhn Jal ―el más joven―, y Narsés de Hídaco, como ves este último no tiene nombre de monje. Je, je, je, es el maestro de las historias, bueno, más bien de Historia, y cree que no debe cambiarse el nombre, yo creo que sí, todos venimos y dependemos de la tradición, y ésta marca que nos cambiemos el nombre. ¿Tú qué opinas Eilen?, ya, supongo que lo mismo que yo, es lo correcto, pero bueno, no te voy a aburrir con charlas insulsas, seguro que tendrás ganas de comer, ¿qué prefieres estofado o sopa? Bueno, dicho así, si fueras de Promonto, te podrías sentir ofendida, espero que no haya sido así, no ha sido mi intención si te he ofendido, pequeña criatura. ―Hablaba sin dejar que ella le contestara, prácticamente sin tomar aire, de carrera―. Seguro que te gusta más el estofado, sí, te lo traeré, a nuestro maestro cocinero Tang le sale muy rico, ya verás, te chuparás los dedos, la sopa también está buena, pero el estofado es mejor, así que te traeré el estofado, aunque le podría pedir que te hiciera algo que te apeteciera más, quizás algo de pescado o de carne en salsa, o tal vez unas manzanas caramelizadas. Mmmm, la verdad es que tenemos un gran cocinero, tendría que decírselo, sí, se lo diré, sí, ya puedo hablar, así que se lo diré y todo gracias a tu padre, no sabes cuán emocionado estoy de poder hablar y todo se lo debo a él, desde luego, el no saber la respuesta a la pregunta de Yang… bueno, estoy hablando otra vez yo solo, te dejaré hablar a ti, seguro que quieres conocer a tus compañeros de clase, irán un poco aventajados, pero no te preocupes, seguro…
―Ya basta Lun, ve a por la comida de la muchacha, necesita comer para asistir a clase con fuerzas ―lo interrumpió el monje de barbas blancas.
―Oh, sí, tienes razón, perdón, todavía no controlo mi lengua, es que ha pasado tantos años sin moverse que ahora casi no la controlo, es increíble lo que un hombre puede echar de menos su lengua, uff, creo que ahora si fueras de la provincia de Catrón en Deancar, te sentirías ofendida, pero creo que no eres de allí, así que no tengo por qué…
―Silencio Lun, haz caso a nuestro historiador y déjanos en silencio un rato ―interrumpió en esta ocasión el moje más joven, tenía una voz dulce y armoniosa, pero con un deje de autoridad en ella también.
Lun Tao, algo ofendido, se alejó hablando sobre silencios y ruido, el más joven de los tres, miró a Eilen.
―Eres mayor de lo que Lun me dijo, no creo que tengas problemas con tus nuevos compañeros. He de decirte también que todos estamos para ayudarte, no solo Lun vela por ti ahora.
―Y yo de ti no lo tendría muy cerca si quieres leer, se ha vuelto insoportable desde que ha recuperado el habla. Créeme si te digo que muchos maldecimos a tu padre, aunque solo por eso, que quede claro. Uff, ahí viene, intenta no sonsacarle otra conversación ―avisó desde detrás del libro que leía el monje encapuchado.

FRAGMENTO "LAS RUINAS"

Añadido el 30/04/2014
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Permanecieron en guardia un buen rato, Tubal en el centro escoltado por Nigia y por ella, su abuelo que era el único que no había llevado armas se colocó detrás, junto a la pared, Lun se puso tras la hoguera.

Fueron atacados por aquellas figuras, algo saltó de entre la niebla, empujándola a un lado, no llegó a ver qué era, agarró su espada con fuerza y se volvió, pero ya no había nada detrás suya, solo el fuego y Lun con pavor en su mirada. No le dio tiempo a reaccionar ante el segundo envite, cayó al suelo, intentó levantarse, vio a Tubal apartando a Nigia y blandiendo su espada a un lado y a otro, aunque siguió sin ver contra lo que estaban luchando. Cuando estaba casi de pie, algo la agarró del tobillo y la arrastró fuera del campamento.

Perdió su espada, notó las garras de la bestia sobre su tobillo, quiso agarrarse a las piedras, a las raíces de los árboles, a la tierra, pero le fue imposible salir de entre las garras de aquella bestia. Se golpeó en la cabeza, notó las magulladuras en las piernas y en los brazos, el sabor de la sangre invadió su boca.
De pronto se detuvo, se levantó, pero lo que vio la dejó helada, no eran varrats las bestias que los habían atacado, esas bestias las había visto en los libros que había leído, eran negros, su cabeza parecía la de un lobo, aunque sus colmillos superiores sobresalían entre sus fauces, eran tan grandes como un buey, su cola era larga y terminaba en punta, parecía tener la dureza de un cuerno, pero lo más sorprendente no era eso, sino que tenían garras como las de un varrat y de los tres que vio, dos de ellos estaban erguidos sobre sus patas traseras, parecía que la estuvieran observando, jadeaban como Poderoso y de su piel caía una extraña sustancia pegajosa, un busgoru o el lobo demonio del bosque.

EL LEÑADOR

Añadido el 07/05/2014
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A la tercera noche pudo responder a la pregunta, Ídavo estaba harto de ser leñador y resolvió acercarse a la carpa central para pedirle a quien estuviera al mando que lo admitiera en el ejército. Sus amigos decidieron acompañarlos, Habal aprovechó para ir con ellos por si podía ver algo de importancia, aunque no pudiera informar, siempre era bueno saber más sobre el campamento.

―¡Alto ahí! Daos la vuelta si no queréis que os encerremos ―les dijeron los mismos guardias que el segundo día no dejaron pasar a Habal.
―Queremos entrar en el ejército, somos buenos espadachines, no unos pordioseros leñadores ―replicó Ídavo.
―Volveos, esto no es para niños, no es un juego, id a descansar, mañana tenéis que seguir talando ―le ordenó uno de los guardias, el otro comenzó a reír y le dijo algo al oído al que había hablado―. Tienes razón. Quedaos aquí mejor, quizás tengáis alguna oportunidad. ―El guardia se alejó y lo vieron entrar en la carpa, la única de color negro de todo el campamento.
―Oye Ídavo, creo que nos deberíamos ir, no creo que esto sea una buena idea ―aconsejó Landro.
Su amigo no le contestó, estaba encabezonado en entrar, Habal aprovechó para observar los alrededores, las carpas que rodeaban a aquella eran de un tamaño algo mayor de lo normal, aunque no parecía que las habitara más gente, la zona estaba cuidada y libre de excrementos. El guardia salió acompañado de otro hombre, vestía ropas lujosas adornadas con broches de oro y plata.
―¿Estos son? ―preguntó el que parecía un noble, algo dubitativo―. Me han dicho que queréis entrar en el ejército y que sabéis usar las armas, ―no esperó a que ellos contestaran―, curiosamente estamos realizando unas luchas de exhibición ahí dentro, si sois tan buenos como decís, tal vez os incorporemos a nuestro ejército. Vamos, seguidme.
Ídavo y él siguieron al noble, el resto se quedó donde estaban sin querer avanzar. Pasaron por debajo de la puerta y se encontraron con una primera estancia poco decorada, en ella había ocho hombres, dos de ellos estaban atados, cuatro vestían armaduras y los últimos dos vestían ropas de seda y de encaje.
―¿Quiénes son estos? ―preguntó uno de los hombres que llevaban armadura.
―Son dos leñadores que quieren alistarse, tal vez podamos comprobar sus aptitudes ―respondió el noble que los había acompañado.
―Bien, dadles espadas y terminemos con esto de una vez ―ordenó uno de los que vestía ropas lujosas.
―Os lo explicaré antes, muchachos, estos dos hombres fueron encontrados robando en nuestra armería, dicen que no son espías, que solo querían entrar en el ejército, al igual que vosotros, así que vamos a hacer una cosa, vais a luchar a muerte, si ellos ganan serán inocentes y entraran en el ejército y si lo hacéis vosotros, seréis los que entraréis a nuestras órdenes. Gitar, entrégales armas y que comience el duelo.