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Historias de amor en un mundo apocalíptico

Por AROA BOHEL

El blog de AROA BOHEL

EL FUTURO EN EL MUNDO DE ABRIL.

Añadido el 17/06/2017

El día que nació mi hijo, todavía no podíamos almacenar nuestros recuerdos en el chip cerebral que empezaríamos a utilizar unos cien años más tarde, por eso hoy, ya no puedo recordar nada de ese día tan lejano. De lo que sí estoy segura es que fue el día más feliz de toda mi vida. Imagino lo que pasó porque codifico imágenes que mis neuronas recuperan y recreo lo que sucedió ese día, igual que se hacía antes de que los nanochips que tenemos en el cerebro, lo hicieran por nosotros. Ya no dejamos trabajar a nuestro cerebro de la manera que lo hacía naturalmente y eso nos está haciendo navegar inevitablemente hacia la deriva. Rápidamente, estamos evolucionando hacia otro género diferente al sapiens. Los que son como yo, ya no tienen remedio, puesto que no nos podemos reproducir. Los humanos han tomado un camino diferente del que hablaba Darwin, su evolución es tecnológica, no es natural y no sé, que dirección tomará este camino. Si te soy sincera, ya estoy cansada de transitar por la vida, tiempo, o como se quiera llamar. No me importa lo que pueda pasar en un futuro, ni siquiera me importa lo que pasa ahora, solo vivo de mi pasado, si a esto se le puede llamar vivir. Llevan cincuenta años construyendo ciudades en el cielo porque la vida se está haciendo cada vez más insoportable aquí abajo, por supuesto, solo la podrán disfrutar unos pocos privilegiados, es un rasgo característico de nuestra raza. Cuando solo éramos clanes de veinte a sesenta individuos, en nuestra prehistoria, vivíamos en un mundo donde nosotros no éramos el animal dominante, sino que luchábamos por sobrevivir en un lugar lleno de depredadores y donde el clima imponía su salvaje ley. Trabajábamos en grupo para sobrevivir, somos lo que somos hoy día porque aprendimos a empatizar con los demás. Compartíamos la comida por igual y éramos solidarios, porque si no, no hubiéramos sobrevivido como especie. Más tarde con los asentamientos y crecimiento de las ciudades empezó la distinción de clases, a partir de entonces se definió como iba a estar marcada nuestra civilización. He luchado parte de mi vida por la eliminación de esas distinciones sociales, que tanto daño han hecho a través de la historia, hasta el día que me resigné, al darme cuenta que es imposible cambiar algo que está grabado en nuestro código genético hace miles de años.

LOS ROBOTS EN EL MUNDO DE ABRIL.

Añadido el 17/06/2017

Ya estaba acostumbrada a los deditos pequeños y largos de Ricardo al mover suavemente mis extremidades cuando era necesario. Este robot estaba dotado de sensores de calor en la yema de los dedos, si mantenías los ojos cerrados, incluso lo podías confundir con un humano. Hacía ya unos años que el papel de los enfermeros había sido usurpado por esta nueva generación de cálidos robots. Al principio no fueron bien aceptados por sus movimientos bruscos y torpes, también los pacientes se quejaban de la frialdad de sus manos al manipular sus cuerpos, hasta el día que a un perspicaz ingeniero se le ocurrió ponerles calor en las manos. A los humanos nos gusta el calor. El calor del fuego, el de una caricia y de un abrazo, el calor de una mirada y una sonrisa. El calor de una madre que abraza a su bebé. El sol. Un beso... Y así fue, como con ese pequeño e importante detalle, los robots fueron mejor aceptados en la sociedad. Su cuerpo había pasado de duro y frío a ser de silicona con un termostato que regulaba su temperatura dependiendo del clima en el que se hallaba En un mundo donde la soledad empezaba a ser un tema preocupante, estos hombrecitos sin alma eran un escabroso remedio por la falta de abrazos entre seres de la misma especie.