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El Rey de Daguelna La Corona y los Escritos

Por LuisMH

El blog de LuisMH

MI GRAN LIBRO

Añadido el 15/07/2017
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¡¡¡Noooooo!!!, ¡¡noo!!, ¡no! gritó una y otra vez mientras se empapaba en lágrimas y sudor. Dos gotas de sangre también resbalaron hasta su barbilla. Agitó tiernamente la cabeza de su padre, con la esperanza de que despertara, que reaccionara o abriera los ojos, esperando que no lo dejara solo ¡¡Nooo!! volvió a gritar con angustia y el sufrimiento más grande que se haya sentido en Daguelna por muchos siglos. Se tendió sobre el pecho inmóvil de su padre y lloró tanto que pensó que allí él también iba a morir.
El dolor de Nubelia y Dalia fue tanto que, ignorando a Dresar, salieron corriendo de la habitación y su llanto se escuchaba mientras se alejaban por el pasillo y descendían corriendo las escaleras. Desde afuera observaban todos los guardias que habían llegado; parecían incapaces de moverse, y también lloraban amargamente.
Aleyu yacía tendido sobre su padre, acariciando su rostro y su pecho, se había olvidado de todo, ya nada existía, solo su dolor.
Dresar contemplaba la escena con tristeza, dejando llorar un buen rato a Aleyu y a los demás, pues incluso para el mago el tiempo se había congelado. Hasta que luego de un rato reaccionó:
Aleyu, Aleyu lo llamó con una voz sugerente y suave. Aleyu abrió los ojos llenos de lágrimas, pero en estos había más que solo dolor y llanto: su mirada emanaba una furia y un odio inimaginables, sus dientes rechinaban, y más sangre escapaba de su nariz.
¿¡Que le pasó Dresar!?, ¿acaso fue… veneno? preguntó con tono deprimido pero furioso.
No, no creo que haya sido veneno respondió Dresar con un tono suave y resignado, como si temiera que cada palabra suya pudiera comenzar un incendio, Lenumat se hubiera expuesto a ser descubierto. Aleyu… ¿dónde se encuentra el árbol de tu padre?
La pregunta de Dresar, tal y como este lo esperaba, hizo darse cuenta a Aleyu de lo que realmente tenía que haber sucedido: Lenumat, o alguno de sus cómplices, debía de haber atacado el árbol al cual su padre estaba ligado y, ahora que lo pensaba bien, hacía varios días que no veía a su hermano, ni en la ciudad ni en el castillo.