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Notice

Mediocrael

Por david dedalius

El blog de david dedalius

PRIMER CAPITULO

Añadido el 14/07/2017

UN ANGEL PARA…



Un ángel para los buenos que aman hasta su ultimo respiro antes de morir
Un ángel para los malos que odian el viento en sus oídos
Un ángel para los mediocres que nunca sabrán que yacerán en el olvido
Un ángel para los que buscan la perfección esperando un beso en el momento de la despedida
Un ángel para los hipócritas que creen que la mirada de sus ojos importa cuando el alma no grita ¡YO EXISTO!
Un ángel para los estúpidos que creen que Dios les dará algo
Un ángel para los repugnantes que no le piden al espejo que mienta.

, pero ningún ángel para quien nazca
y mire y ame no amar,
y sienta y odie no odiar,
y resé por saber que no es nada,
y llore por conocer que entiende que no entiende,
y rompa su mente porque sabe que la imperfección es la parte mas importante de Dios,
y pacte consigo mismo porque solo quiere saber quien es,
e idolatre sus ascos y solo quiera que yo los ame también,
y con un susurro eterno de progreso grite, ¡HUMANIDAD!

¿Pero Yo donde estoy?

Me miro y no me encuentro. Espero y no existo. Ahora solo escribo y espero que algo pase y me diga una pequeña frase de consuelo. Pero sólo escucho mi destino.
Y este susurra y grita, pero nunca dice:
Si tan sólo alguien hubiese contado mis votos no sería necesario que se tiñe mi pincel con sangre para que si por alguna casualidad del destino Dios no me obedece…. YO QUIERO LA MUERTE. YO NO SOY LA MUERTE. Es necesario que mi rol lo tome otra persona. Lo dicta el progreso. Y LA MUERTE AMA AL PROGRESO. Hacia donde apunta las montañas se ha jugado un juego donde yo soy el protagonista y ustedes los villanos. LA VIDA ME ODIA. SIEMPRE ME HA ODIADO En ese remate he buscado y buscado a alguien que me ayude y que para salvarse a él destruya a todos. EL DESTIERRO ES HERMOZO. LA PATRIA ODIOZA. Que mientras él pase la gente no sólo muera, pero también sufra y que olvide que vivir no es doloroso.
Ahora lo narro.
Ahora lo recito.
Ahora lo mímico.
No perderé ni una palabra. Ese no es mi derecho. Entonces él no habrá de nacer ya que se sabrá lo que él dice sin que lo diga y yo moriré sin haber nacido ya que habré existido sin estar.
Ahora pido con un rezo
Ruego que se me olvide
Amó que alguien siga con mi obra
Y que el progreso siga siendo humano
Aunque alguien peor que yo haga mi trabajo

Tal vez algún día si existiese (por supuesto, sólo bajo teoría) pediría perdón por si se me olvidó algo demasiado inepto para redactar. Si se me olvidó lo esencial, no sentiré nunca nada aparte de tus gritos en mis oídos diciendo, “El fuego sirve, ¡Quémame! El agua también, ¡Inúndame!”
.


PARA LOS BUENOS



Los Amantes



-Ella tendrá que morir. Todos lo sabemos. Tú nos lo dijiste. O si no quedaría demasiado claro que Dios no existo. Él nunca ha podido darse ese lujo. Y ella es demasiado poco para que incluso importe.
-Siempre lo he sabido.
-Entonces lleguemos a un acuerdo donde el bueno sea bueno, el malo sea malo y el mediocre continúe siendo mediocre
-Y que yo siga siendo yo.
-Son veinte, no los podemos matar a todos, hay que ocupar un criterio ¿Cuál? Tú los conoces. Yo no. Para mí no son más que uno de los billones en el juego que por alguna razón del destino se han ocupado como piezas de ajedrez.
-Algo que no sea prudente, pero verdadero. Hay demasiada gente cuidando lo prudente. Cuesta decirlo, pero eso no se necesita para vivir. Sin prudencia todavía está la vida. En cambio sin verdad sólo queda lo que no existe.
-¿Entonces bondad?
-No, muy poco condicional. Eso ellos no lo tienen. Ellos no tienen nada. Necesito algo que me permite ocupar mi imaginación para poder convencerme como un mal esquizofrénico que todo en fin de cuentas esta bien. Que todos se van a salvar porque en fin de cuentas, después de sus defectos morales, de su intelecto ficticio y de su propio mal, todavía en el fondo de su existencia hay algo.
-¿Falta de maldad?
-No, morirían muchos. Hay poca gente a los cuales se les puede medir la maldad. Normalmente es algo tan lejano a uno que es inimaginable, pero ellos han roto esas reglas. Pocas cosas no tienen perdón y aún menos veces es aparente. Ellos han roto esa regla.
-¿Entonces qué? Esto es por ti. Dios sabe que ellos merecen morir. Me dio a mí la balanza de la justicia para que midiera. Tome a uno de ellos y vi que si la justicia fuera un principio de la física se necesitaría tomar sus caras y destruirlas para que no puedan hacer ni una mueca. Después darles dolor y quitarles toda sus esperanzas para que mueran cuando menos lo quieran. Dios a ti te respeta. A decidido que tú conciencia no merece sufrir por otros.
El ángel se calló. Recordó que finalmente él ser a su lado era algo mucho más divino que él según la jerarquía que se había memorizado. Por lo tanto su habla sólo era ruido. Se sentó y finalmente esperó a que él le respondiera. Entonces se dio cuenta que Sbelibok apuntaba a su cabeza. No al cráneo, tampoco a los ojos, pero al cerebro.
-¿Cantidad de ideas? Eso se puede, pero sería un juego demasiado extraño para ti. La gente piensa lo que quiere y lo que no quiere; lo que elige y lo que sueña- Entonces se dio cuenta que por primera vez en su existencia se había equivocado y le preguntó de nuevo-¿Buenos pensamientos? Sólo quieres contar lo bueno que a alguien se le ocurre. Muchos han jugado a ese juego. Pensar es algo peligroso.- De nuevo se dio cuenta de que había fracasado en su intento de adivinador y finalmente escuchó el alma de su vecino y entendió- ¡Ah! Eso. Eso sirve. Ha sido uno de esos pocos misterios de la humanidad con que tanto se logra. Normalmente se hace un criterio y después se elimina. Pocos han aceptado simplemente la verdad. Es un hecho que esta. Existe. No todos tenemos el mismo. También podemos tratar de medirlo. Lo que se puede hacer con mucha exactitud. Pero sólo realmente Dios sabe nuestro número.
-120 es un número cerrado.
El ángel movió su cabeza para señalar que estaba de acuerdo y de nuevo escuchó antes de responder
-No podemos matar a inocentes.
-No. Por supuesto que no.
-Tampoco a gente que sirve para algo.
-Dios sabe eso. No juguemos al juego de Abraham. Shalom. Aunque la paz tuya mate a tantos. Shalom.
Y se fue el ángel , sin alas de hierro ni mirada de lechuza, pero con una sonrisa alegre, para sólo volver cuando fuera la masacre, antes que se pronunciara lo que tanto se anhelaba en pronunciar.
El llanto me trajo a la vida un 15 de marzo junto a la caída del sol y el abismo me preguntó, ¿Por qué no mejor ser feliz? Esa vida fue un grito continuo aunque no esta completamente escrita. Sólo supe el nombre de la boca de mi Mama cinco años después por error. Antes de eso ella era sólo la Mama y nunca se me pudo pasar por la cabeza que otra persona en algún punto del globo fuera suficientemente egoísta para ocupar la misma palabra que yo para referirse a una mujer que había hecho un gesto tan insignificante como parir a un niño que no tuviese por lo menos por una milésima de segundo el destino del mundo en sus parpados. Esa trágica mujer tenía cabellos rubios color como el cielo en el fin de las horas antes de un último amanecer, ojos azules iguales al mercurio que procesamos juntos con Da Vinci, y piel albina como esa destinada a enamorar por su rico aroma, pero fue su alma lo que no me permitió dignarme a callar hasta que ella no estaba ahí para tomarme en brazos y decirme que todo lo malo ya había acabado. Antes de eso teníamos una conexión demasiado finita en términos poco matemáticos para no dudar que me enamoré para nunca desenamorarme. Después, tan pronto como pude hablar, le conté toda mi vida y veía en sus ojos la suya. La única vez que pude llorar cercano a ella fue cuando ella no estaba para ser sólo mi nodriza, mi alma, mi esclava. Nunca más la ame cuando murió, pero el odio solo dominó mi alma por toda una eternidad y cuidadosamente no dos.
Tal vez, solo tal vez, en un mundo demasiado hipotético para existir donde todo estuviese escrito de manera demasiada biológica y mi padre hubiese continuado con un rol donde yo soy el príncipe, tal vez, sólo tal vez, hubiera habido felicidad en algún lugar de mi cuerpo. Mi progenitor nunca hizo eso. Cuando tenía diez años se acerco a mí y me dijo.
-Tú Mama ya no existe. Estoy sólo yo.
A él sí lo pudo odiar y todo lo que alguna vez estuvo en sus venas ahora se encuentra derramado y Dios me aseguró que nadie lo iba a poder oler sin importar lo que pase. Entonces me llegó la hora como a todos, eso que pasa antes de la memoria y después del albedrío. Ahí siempre supe su nombre, Teo, como lo que era. Le costo entender más de lo que esperaba que yo no lo iba a obedecer, era su hijo, no su crianza y por eso sucedió mucho. Ahora cambiamos las reglas del juego, como el hijo de un pintor que ama la luz burlándose de la gente que no muere porque no sabe como.
Estoy seguro que aunque se me haya dado la eternidad de nuevo para vivir, nunca habría cambiado. Siempre habría cometido los mismos errores y habría sufrido las mismas consecuencias y existido hasta el mismo momento si la suerte permitiera que todo esto se pueda llamar un momento.
Cuando nació, al verlo, el abuelo no pensó dos veces.
-Sborgia, que ese sea su nombre.
Ignacio y Carmen le dijeron que no, que realmente el nombre era del niño, no de él y que recordar a su tío muerto no valía un castigo para la criatura. Le recordaron que la historia de su nieto era más que un nombre. Ellos simplemente eligieron David, por la mediocría de la incumbencia. Un mes paso donde Dios escribió su nombre en las tablas donde cuenta las mitzvotz y antes que la primera llegase a su mirada, entre el llanto y los balbuceos, el corazón de su ancestro no pudo soportar ver en la criatura la cara de su hermano sin su nombre y como un golpe del cielo, dejó de latir. Dios se lo advirtió, pero aunque ocupó toda su energía no pudo convencer a su hija amada que lo obedeciera. Cada momento antes de ver la cuna de su nieto decía con acento chistoso y ojos de nostalgia.
-Si tú lo vas a criar, ¿Por qué yo no puedo elegir lo que no importa? ¿Acaso no vas a tener más hijos?
Cuando él ya no estaba su hija se dio cuenta que ahora todas sus palabras eran santas y que sus mirada era demasiado difícil de recordar sin remordimiento para no obedecerla ciegamente. Ella dejó de dudar, tenía que cambiarle el nombre, pero en su memoria estaba demasiado oscurecido cual era el deseo de su padre. Trato, trato y trato de recodar, pero sólo en algún segundo logro encontrar la palabra, Sbelibok y en ese momento empezó un último juego. Le preguntó a su madre si eso servía y sin escucharla ella respondió que sí. A ella, por su parte, le preocupaban otras cosas. Tenía metido en su cabeza un rumor horrible. Primero era simplemente una idea tenebrosa, pero en su cerebro cada momento le repetía y le repetía que la evidencia no mentía.
Desde un principio quedó claro que su nieto nunca podría ser un ciudadano del mundo. Cuando me fui con sangre en mis labios Dios ya sabía que eso era demasiado aparente para callarlo o decirlo. Algo más parecido a una verdad universal que a un hecho.
En fin de cuentas, había en ese momento clave cinco infantes y Sbeli fue él único que tomó la iniciativa y sacó de ahí los ojos de Dios. Él no quería que las reglas hicieran llorar a un hombre y pidió en un momento de vulgo eterno que alguien vigilara ese cemento como lo haría un ciego que no puede moverse sin importar cuanto agonice.
Yo no tuve la sabiduría de mis años y decidí ignorarlo hasta que el lenguaje se pusiera de mi lado y dominara el alma del infante. En esos años jugaba con otro joven, algo mayor y sin padres que lo cuidaran. Un día ese otro individuo me preguntó si era mi favorito y mencione a Sbeli. Este todavía no tenía la necesidad ni el gusto de pronunciar una palabra, por lo que no le di importancia, pero a este otro joven, David como lo llamaba en ese entonces, lo consumió la curiosidad. El niño de doce años dedicó cada aliento para conseguir el valor en sus huesos y un buen día de Diciembre se levantó y fue a la casa del bebe. Ahí, sentado junto a la puerta estaba el can. Tenía el tamaño y la sonrisa de un cachorro, pero una inteligencia humana. El perro de ocho meses levantó sus patas y mientras gruñía mostró el filo de sus dientes. David no entendió que en ese hogar no era bienvenido, así que trato de acariciar la melena del perro. Este le enterró sus dientes en su brazo. Si David hubiese gritado alguien hubiese matado al perro, pero yo le dije.
-Puedes ver a quien te gana en todo, pero ver, nada más.
Así que su lengua no se movió. En ese instante una bebe de un poco menos de un año, que yo no conocía, llamada Ángela gritó.
-¡Pillo!
El perro reacciono por instinto y enterró sus molares en el brazo de David.
Ahí, cuando su brazo estaba a punto de transformarse en carne muerte, el perro lo dejo ir. Por alguna razón, en ese momento, cuando me di cuenta que hasta un perro protegía a ese niño, me empezó a gustar el desafío de jugar con él y me deshice de David de una manera preciosa.
Ese perro murió quince años después, dos días antes que un cáncer maldito le quitara cada placer de su vida.
Hoy tenía la misma mirada que tuvo cuando murió el Pillo. Eso era lo único nuevo. El resto era como pasaba cada mañana. Esa última vez trató con todas sus energías que no le dominara el recuerdo, pero en el momento que pasó por su aula perdió el amor y lo dominó la incertidumbre. Recordó que esto no era algo repentino. Estarían ahí, todos como buen pueblo, haciendo lo único que no se les permitía, ya que lo peor estaba ya escrito en sus frentes.
Cada vez, desde el momento que le había llegado la pubertad, la Puta tenía el hábito de despertar el aíre a su alrededor con un grito agudo. Ese día estaba hablando con un compañero, el Gaucho como lo llamaban por un mal chiste que ya nadie recordaba. La Puta se paró y él se calló para escucharla mientras la idolatraba desde el fondo de su corazón, como pasaba todos los días. Ahí ella ocupó ese hábito con que había sido educada y empezó a hablar con un extraño dolor en sus dientes.
-¡Gauchito! ¡Lo hice! ¡Lo hice! ¡Tu niña lo hizo!
El Gaucho la miró. Era una de esas personas que aunque no era gordo su cuerpo lo podía dibujar hasta un niño de meses con algunas redondeles que de alguna u otra manera son difíciles de describir con palabras decentes. La única parte difícil de dibujar eran sus dos audífonos, uno en cada oreja y su IPhone 4/5 sujetado por un estuche a su brazo izquierdo donde escuchaba diferentes canciones de diferentes estilos que le convencían una y otra vez que quería dedicar su vida a la música por amor al arte. En este momento estaba escuchando I’ve You Under Your Skin de Sinatra y mientras escuchaba hacía que literalmente una magia prohibida le hiciera obvio a sus orejas su melodía. Hacía que su cabeza entendiera cuando Sinatra subía la voz y cuando respiraba y porque esto era irrepetible por otro individuo.
-¡Y alguna vez dudaste!-El escuchaba en ese momento “Deep into my hearth” y por alguna razón creía que eso era verdad literalmente. Era como que las notas le decían a su corazón que esa voz era verdadera. En ese momento lo prohibido le decía que por alguna razón u otra era importante que Sinatra respiraba periódicamente.
“Warning voice that comes in the night” No era el vocabulario, sino el tono, el temor en su voz, el guiño de sus ojos y la erección en su pene lo que hacía aparente para cualquier poeta que él estaba enamorado de ella. “Your Mentality. Wake up for Reality”
-¡Gaucho!-Decía ella con una mirada algo cínica, pero muy diabólica.
Ahora era su turno. “NENENnananNENEnanaNENEnanaNENEnanaNENEnanaNENEnana eee ooo TROMPETAAAAAAs ee eeeeee” Le tocaba explicarle a la Puta que ella era algo más que la hija de un gran hombre ya que era una diosa literalmente “Under you skin”. Después el sonido de la campana le daría un pequeño descanso a los actores. “And I like you Under my Skin.” La canción terminó y cuando empezó la clase el Gaucho sacó sus audífonos de sus orejas. En ese momento el Gaucho entendió un poquito mejor porque el era la Voz.
Como todo en la vida, es difícil darse cuenta porque en lo poco que acabo de describir esta claro que la Puta no es sólo mala, pero algo que bajo toda ética debería ser eliminado de cualquier sociedad sin importar el costo económico, moral, ni psicológico. Esto es probablemente más aparente en los pequeños detalles que molestan a todos, pero la gente tiende a olvidar. Por alguna razón misteriosa, cuando entro a la sala botó un fósforo que cayó encendido en los pies descalzos de una niña; después, mientras gritaba, tiró las tizas contra la pisara; y cuando terminó su dialogo sacó de su mochila una botella de néctar que le dio a la Ferrera sin decirles que en realidad era vodka.
En ese momento cuando se dio cuenta que la clase iba a empezar, prendió su encendedor y mientras se acercaba el cigarro a la boca, Sbeli se moría de miedo.
Ahí recordó a la Shonara. Ella estaba algunos mesas lejas de él y no fumaba. Tenía mejillas rojas, labios color rosa que se embellecían muchas veces con un rouge suave y ojos verdes bordeados por cejas que nunca iban a poder envejecer para sus ojos. Por todo el ruido que allá existía pocos se daban cuenta que ocupaba el mismo cuerpo que esculpió hace tanto tiempo Praxíteles para ese pueblo Asiático. Nunca había puesto carbón en su garganta. Sbeli no podía dejar de repetirse eso una y otra vez y de repente continuaba la oración diciendo en diferentes maneras que bastaba que cayera en la mentira de la Puta para que estuviera condenada. ¡Se le había olvidado! Se equivoco desde el corazón por el miedo al fracaso. Por rabia contra la Puta se le olvido algo parecido al deseo. Y finalmente por él la damisela pagaría el error del mal mendigo. Ella no estaba en el otro lado de la banca.
Cuando por primera vez vio mis alas surgir con negro de noche viendo en ellas el reflejo de una divinidad que estaba solamente echa para perdonar a Narciso por sus pecados me lo dijo a la cara, su condición. Se acerco a mí y empezó.
-Esto puede ser verdad. Ellos han pecado. Ella de ahí. La vez. Ella me gusta. Es buena aunque se que esos me importa sólo a mí y a Dios. Su cara me maltrata. Digámoslo. La quiero para ella. No, no la amo, pero realmente quiero enamorarla y si le pasa algo te prometo que- Y me muestro lo delgado que eran sus venas en comparación al filo de una espada.
Fue la incertidumbre lo que le dio las energías para jugar al salvador ese día. Por alguna razón extraña le daba miedo que muriera gente más joven que él. Él todavía era un joven, pero creía que era mejor morir a los dieciocho que antes de nacer.
Habría inspirado a cualquier profeta. Susurraba en su pensamiento sabiendo que la muralla de la privacidad tenía una ventana para que yo escuchara.
-Estos no pueden morir.- Él por un instante dejó de pensar en su romance ficticio y alzó su vista. -No puedes matar a gente que no sabe nada más que lo que le dijeron alguna vez sus padres. Si es por eso tendrías que no matarlos a ellos, pero a sus padres.- Ahí no encontró nada. -Los niños que juegan acá juegan y no matan, pero sólo juegan y no es justo matar a gente que sólo sabe jugar.- Miró mejor y se dio cuenta que de una manera casi molestosa había un niño de cinco años con una cara que inocente. -No puedes matar a alguien tan puro que sólo viéndome sabe que soy un asesino.
Bajo su mirada, lentamente, yo creo que para provocar un poco de miedo, pero el niño no creía que él era un monstruo.
-¿Quieres ser un miembro del club? Yo soy Adán, ella es Eva.
Sbeli estaba preocupado solamente de sus vidas y no le importo mucho lo que le dijo. Fue entremedio de todo esto que recibió su respuesta de mi boca angelical.
-Su sangre no se derramaría. Su ojos no se cerrarían. No, esto no pasara por algo que pudiste haber evitado y que te llevarías en la conciencia hasta el lecho de tu muerte.
Ese era el primer paso. Engañarme ilusamente. Después, sin mucho preámbulo volvió a preguntarme.
-Prométeme que no se les hará daño por cualquier cosa que tenga que ver con la masacre.-A él no le bastó el silencio. Iba a continuar reclamando hasta que en sus oídos llegara una voz divina modulando un sí. Nunca se le ocurrió que morir no es todo. Esa idea era demasiado filosófica para la ley de la selva. Tan sólo dejó que su niñez se le acercara y le recordara su inexperiencia, pero él no escuchó. Nadie escucha a su inocencia después de haber visto la naturaleza humana.
Sabía muy bien que no había elegido a un idiota y que por eso sus ideas coincidían tan bien con la moral, la ética y la estética, pero no con el equilibrio. Su rabia no lo dejó ir a clases ese día. Salió del portón y vio con letras grandes ese letrero que había aprendido tanto a odiar, “Colegio Los Amantes” y abajo en letras más chicas “del conocimiento”.
En su memoria todavía estaban grabados esos segundos cuando por primera vez subió a ese monte y tiño con sangre su rosa. Los otros amantes ya se conocían y él entró como un extranjero nuevo que aparece para aprender algo parecido a una lengua muerta. Llegó a una sala oscura y una mujer rubia, gorda y sin ni una gota de juventud le pasa su rosa. Estaba vestido con su uniforme, pantalones blancos con una mancha entre las piernas para que lo sexual sea algo menos que una ironía y una camisa blanca muy delgada que tenía un bolsillo negro. La señora se le acerca y le dijo:
-Here is your rose.
Y lentamente le puso una rosa blanca llena de espinas que tocaban su piel con un pequeño dolor que el miedo escondió entre parpadeos. Después llegó y olió a los amantes. Todavía no tenía esos sueños de libertad que trae la adolescencia, pero se dio cuenta que en su corazón sólo podía sentir algo llamado soledad. Su abuela acababa de morir y por alguna razón obvia no pudo hacer la conexión entre la promesa y la sangre que ardía en sus venas.
Pero todo eso ya fue hace cinco años. Ahora su mente estaba preocupado no en eso, pero en encontrar en algún lugar el pudor necesario para jugar a ser el héroe. Nunca antes había caminado a su casa, pero el mito que el aíre fresco aclaraba las ideas lo motivo lo suficiente para que decidiera perder tres hora de su vida. Había un guardia en la entrada del colegio que no dejaba que nadie pasara cierta línea marcada con tiza sin una nota escrita por apoderados que Sbeli no tenía.
Ni Sbeli ni yo hicimos nada. Sbeli simplemente caminó y cuando el guardia le pregunto que diablos estaba haciendo dijo que tenía que ir a un funeral. Después, cuando estaba un poco perdido, entro a un negocio y le preguntó a todo el mundo como llegar a su casa hasta que alguien acepto dibujarle un mapa. Finalmente cuando llego a su casa se da cuenta que no había pensado en nada y que esa caminata fue inútil.
Su madre no calló cuando lo vio.
-¿Qué haces acá?
-Mama.
-¿Crees que yo hago siempre lo que quiero? ¡Deja de creer que tu eres el único que tiene una vida donde pasa lo que uno no quiere que pase! ¿Qué crees que soy? ¡Una tonta!
-Mama.
-¿Qué?
-Física
-Ya.
-Ya.
Su mama creía que el dialogo continuaría cuando los ojos de su hijo no estuvieran tan húmedos.
Yo lo acompañe ahora a su cama. Se sentó en ella lentamente y después con un aliento de miedo se acostó y toma en sus manos ese libro. Era una especie de recuerdo amoroso sobre los años de su juventud, pero él sólo sentía en esa cosa una rabia holocaustica. Odiaba el olor del polvo al abrir el libro nuevo y el tacto de sus manos al tocar la margen de cada pagina y no soportaba la idea de que en eso pudiera haber estado su foto. Cada momento de sus últimos cinco años habían sido horrible. No le quedaba realmente claro porque, pero sabía que eso era verdad. Entendía que sus ojos tenían algo parecido a un destino.
En ese libro no estaba esa gente que desembellecen al mundo porque sus padre no los obligan a ocupar frenillos. Eso no estaba. Tampoco estaba esa gente que sin ni un tacto sentimental se preocupa para crear una especie de atmosfera amarilla. Esa gente tiene cara de tonto, labios rojos, ojos negros, cabello marón, huesos de gato, pero tienen algo parecido a la inocencia. En vez de eso había algo diferente.
En las últimas paginas estaban los que estaban jugando. Siempre con sus ropas blancas y sus rosas blancas teñidas con sangre. Estaban todos sonriendo con esas mejillas que tiene cada joven cuando se le pide que se siente, que se calme y que mire hacía el lado izquierdo para que sus ojos no parezcan tener fuego en la pupila. Todo era uniforme, excepto la Puta quien estaba ocupando un vestido de novia y una rosa negra.
Entonces alguien toco la puerta de Sbeli. Primero una vez y después otra y otra y otra y dejó en claro que iba a tocar persistentemente hasta que se abriera. Para decir quien era finalmente hablo esa persona.
-GUAUGUAGUAGUAGUAGUAGUA
Sbeli escuchaba al Saurio ladrar y como era su costumbre dejó entrar al quiltro a su pieza y lo observo mientras se acostaba a dormir a dentro de su cama de una manera tal que su cola entraba a su boca.
-Gau. Guau-entonces paraban los ladridos y justo antes de quedarse dormido el perro daba un languetazo en su frente.-GGuuuuuuuuuaaaaaa………u……..
La presencia del Saurio le daba a Sbeli mucha felicidad y le permitió continuar con esta, digamos actividad, sin pensar mucho en lo malo que era vivir.
Eran ochenta y cuatro jóvenes en su promoción. Ochenta y cuatro gayos que tal vez estaban condenados a morir por la pura coincidencia de conocerla a ella. La Puta había ocupado en su favor la leyenda de la juventud: que cuando un hombre o una mujer cumplen quince años tiene en su aliento un deseo paradisiaco que paulatinamente se transforma en una infinitud de errores discretos. Aunque normalmente se tiende a decir esto con palabras más bellas es finalmente una especie de ley que todo y todos saben: SEXO.
Sbeli sospechaba correctamente que todas las niñas que la Puta había condenado ocuparon el arma para cumplir su sueño de ser reinas de bellezas, pero como en toda misión universal, él también sabía que ellas no podían entender que es la belleza.
Reconoció que la Desdémona estaba perdida, la Clemente ahora era un cadáver, la… Pero el estupor ya no le permitió continuar.
El Saurio movió un poco su cola mientras dormía.
Se acerca a mí y me trata de decir algo antes de abrir de nuevo el libro.
Para él fue una especie de alegría de repente reconocer a una mujer con estupor en esa revista. Había una joven, que por alguna razón no tenía ese hechizo mágico. Era algo curioso. Sólo recordaba a una mujer, que aunque no era nada parecido a su hermana, era algo como su hermana. Era lo mismo que ver a un perro tierno en la calle que tiene hambre y te pide que le des de comer o que le acaricies la frente. Se llamaba Virginia Joyce y de las 11 mujeres que el deseaba salvar, no tenía el derecho de llamarlas niñas, ella era la única inocente. Las otras 10 estaban entre los condenados.
Nadie más estaba fuera del juego. La Puta era un parasito suficientemente malo para que así fuera.
Cuando se abrió la puerta de su cuarto no apareció esa cara femenina que tanto anhelaba para llorar, pero una masculina dando una solución. Él ya sabía que bajo ningún punto de vista podía seguir así. Lloro unos minutos, pero después empezó a hablar. Recordó el trato al cual habían llegado. Ya quedaba claro, los profesores estaban en su contra. Simplemente era personal. La primera vez que le pusieron un uno por entregar una tarea tarde creyó que fue mala suerte. La segunda vez que lo retaron por llegar tarde a una reunión después del colegio sospecho que era simplemente por el humor de dicho personaje, pero eso ya no bastaba para justificar la suma de eventos que le estaba tocando sufrir. Entonces las lágrimas inundaron su alfombra roja. Pero poco a poco maduró y llegaron a un acuerdo. Él era un alumno, no tenía poder en un ambiente carcelero como es un colegio. Su padre en cambio era para ellos el conde. Decidieron un trato justo, él tenía que aprender a valérsela en la vida. La próxima vez que esto pasara se iba a traducir solamente en una palabra: embarrada para todos. Su padre sólo lo hizo para que su hijo no tuviese miedo. Él tenía siempre una carta bajo la manga. Un cierto secreto que a mucha gente le gustaría que nunca fuera divulgado.
Después del llanto, su padre le susurro modulando suficientemente bien para que su voz estuviese con la misma profundidad que la de un actor en una obra de Eurípides.
-Ya es hora de empezar a pelear.
-Sí, sé, pero me da miedo hacerlo por primera vez.
-Pero ya es hora, ya han pasado seis años sin hacer nada. Ya es simplemente por principios
-Tal vez ya es muy tarde. Tal vez ya no hay ninguna razón para a jugar ser valiente y sea mejor darle la victoria a ellos y ver como esa gente domina el mundo.
-¡Deja de decir estupideces! ¡Tú sabes muy bien que son ellos y que no valen nada! Ya basta de llorar. ¡Tú realmente crees que esto es por ti! Tú eres importante, pero no exageres. Te destruyeron, ocuparon cada tarjeta para hacerlo. Te bajaron la nota por hablar mucho ya que según sus teorías era injusto hablar más que el promedio cuando tú sabes muy bien que fuiste el único que tuvo ese inconveniente. Dejemos de considerar esto una venganza y digámoslo por lo que es. ¡No es un juego ni una apuesta! Es creer que los principios valen y decidir que lo correcto es lo correcto porque es lo correcto. Y si Dios te dio neuronas, úsalas para algo más que esperar a ser viejo y empieza a hacer algo.
El Saurio se despertó y viendo que le estaban gritando a su amo se levantó y se acercó a Ignacio y le gruño mostrando sus dientes. Este se calmó y lentamente le dio una caricia al can. Después de eso, Ignacio se dio cuenta que no podía volverle a gritarle a su hijo durante esta conversación por razones obvias. Dijo un par más de palabras cordiales y se fue.
No llego el tiempo a notarse cuando como una ráfaga estábamos de nuevo solos. Entonces dije.
-Continuemos.
En el anuario estaban todas las fotos menos las de tres personas. Estas tres incluía al filtrador. Cuando llegó el momento de ir y posar frente a esa cámara negra el gordo de física simplemente le dijo con su acento de vaca y sus ojos de perra.
-Yo iría lo más rápido posible ya que tal vez se me de la gana de dar una prueba ahora.
Y antes que esto hubiese podido tener un eco ya todo estaba escrito en piedra. Él con los dos que lo acompañaban trataron de ir, pero simplemente el temor los invadió y al final simplemente tuvieron que volver a la sala sabiendo que aunque esas fotos hubiesen existido, nunca irían a comprar ese libro por el mismo precio que valdría disfrutar una noche dentro de una puta barata.
Sabía muy bien que los otros dos cuyas fotos no estaban eran claramente más que 120, así que no debía preocuparse. Eso era un error, pero él no lo sabía.
-Dos menos.
-Quedan 14.
Sbeli había inventado ese numero. En el fondo de su corazón sabía que no tenía manera de saber cuanta gente estaba involucrado en esto. El podía sospechar, pero nunca saber. Sólo su inocencia sabía, pero él nunca había hablado con la criatura.
Después, en la foto aparecía una joven. Una que el pasado la había tratado demasiado mal para que la piedad no hiciese que uno se pregunte porque al escuchar su historia alguien no lloraba. Ahora él creía que simplemente él se había aprovechado de su situación para desahogarse y decirse cada vez que estaba triste, “Todo puede ser peor, mírala a ella, para ella todo ha sido horrible”. “Felixia, la fiestera, esa queda adentro me imagino” Y dejo un silencio esperando que yo llenase entre sus palabras, “No, ha sufrido mucho para hacerle esto. Su hermano murió por culpa de gente que conocemos, no tenemos derecho a torturarla más. Debe haber un equilibrio entre todo esto”, pero al ver que mis palabras no llegaban continuó. Entonces estaba otro joven, uno de esos con tanta grasa que su alma no sé ve ni se siente. Se llamaba igual a Víctor Hugo, pero a diferencia de ese gran maestro este joven era asqueroso de cuerpo y alma. Esto estaba demorando mucho, sabía muy bien que ahora tenía que hacer su tarea difícil, elegir a los que no tenían chancee. Se sabía de memoria un grupo: Gaucho, Clemente, Guatón Victor, Desdémona, Marco, Ganardo, Ferrera y la …. Sí, siempre estaba ese problema, que hacer con la Puta, tenía que morir, pero él sabía muy bien que la única manera de tener justicia era matar a todos.
Después estaban los sin salvación: el Williams y el Michelle. Ambos median menos que un metro sesenta, compartían su fecha de nacimiento, los mismos padres y la misma genética. Pero esto no era realmente lo importante. El problema era que no quería matarlos y sabía muy bien que la única manera que esto podía terminar era con sangre.
Entonces la duda de que todo esto era mentira y que todo lo que de mí venía no era más que una bola de mierda como diría un buen gringo, logró que el abandonara su misión y tratase de morir. Sólo quería un segundo de descanso para poder tratar de recordar que era lo que estaba haciendo, no quería tratar de averiguar nada más, pero para eso tenía que descansar y pensar un poco en todo.
El problema era que todavía estaba en su memoria cada gota de sudor que obtuvo en esa noche maldita. Todavía recordaba con mucha exactitud cuando estaba en sus brazos el cuerpo muerto. Eso nunca le molesto, fue un hermoso recuerdo. Ella le había susurrado antes de que su enfermedad la invadiese que todo esto era necesario. Simplemente así era la cosa. Ella no dejó que él sufriese y que se olvidase de lo importante. Así que le dijo que cuando su cuerpo estuviese ya frío y sus ojos cerrados y quedase claro que su boca no iba a murmurar ni una otra palabra, que se le acercase y le diera un beso en la frente. Cuando lo hizo ella ya sabía que simplemente su cuerpo se tiraría hacía su corazón y su alma llegaría a la de su nieto.
El siguiente día fue su funeral, su abuela se la tragaba la tierra para nunca volver. Estuvimos juntos ese día y entonces apareció la llamada.
Ahora de nuevo, estaba él en dos lugares al mismo tiempo: en uno solo y en otro conmigo, y yo le di una oportunidad . Entonces, antes que su mente le quitara su ultimo momento de pureza se dio cuenta que no estaba solo.
Escuchó un eco profundo que le hacía recordar que Dios existe: un ladrido hermoso. Este se le acercó, y esperando una caricia le recordó que todo esto vale la pena, que había una razón inverosímil que hacía de su existencia algo importante. La Shona, él sabia la verdad, no todo, pero mucho era por ella, por que sabia que sería un héroe, y un héroe siempre salva a su damisela.
Mientras tanto, en otra parte del globo alguien leía en una plaza. Escuchó un grito.
Miré a ese joven. Este solo leía y esperaba que algo sucediera, pero nada de eso pasaba. Se extrañaba que la gente no le gritara antes de matarlo, pero no se mentía, sabía que alguien lo encontraría y lo dispararía una bala justo en la mitad de la frente. Y eso le gustaba. La muerte. Para él, en esos momentos de locura, no había nada mejor que la muerte. Ahí alguien se le acerca y le pregunta.
-¿Usted sabe que si tú no me obedeces tendré que matarlo y averiguar su biografía para matar también a su familia?
Él joven se levantó, sonrió y dando su mano dijo:
-Pablo, mucho gusto.
Y el otro ser lo llevó a su guarida para quitarle del alma toda su bondad.


El afedónico

Ella lo vigilaba de manera sincronizada. En el día lo cuidaba y en la noche le enseñaba como luchar. Cuando despertaba él no recordaba más que un placentero beso de despedida con las palabras.
-Hoy no, nieto. Todavía eres un niño. Sólo recuerda como tomar el aparato, como no dejar que nadie te mate y recordar que proteger a quienes te ama es lo finalmente importante.
No recordaba cuando le explicaba como hacer para que de su cuerpo salieran alas, ni como hacer que la luz no lo viese y nunca, excepto en el momento que fuera únicamente necesaria, recordaría como matar. Ella sabía las reglas, por eso no se preocupaba. Nada pasaría hasta que fuera necesario. En ese momento ella también haría su jugada. En ese sueño le pidió que pensara en algo sin alma. Esto ya no era un desafío. Le pidió que volara y las alas de ángeles nacieron del piso para enterrarse ligeramente a la espalda de su nieto, en la mitad de su tronco. Por última vez le hizo repetir la ley.
-Nunca la masacre en lo que pienso. Si se ha de salvar el entorno siempre he de hacer lo responsable. No quiero que mi pensamiento lo domine Malvadael, el ángel de los malos. Ella se rio por el nombre como llamaba a su alma externa, su masacre, y por última vez lo revisó. Después fue junto a él y le explicó.
-Este va a ser la última vez que nos vamos a ver antes del asunto. Quiero que digas esto y que no lo olvides. Esto te lo llevas fuera a tu vida. No eres el centro del Mundo, pero sí eres uno de ellos. Repítelo. De nuevo. No eres el centro del Mundo, pero si eres uno de ellos. Que no se te olvide.
Y su nieto despertó del trance para empezar a soñar.
Mientras volvía en si veía la imagen de su abuela de manera concreta, se vestía, nada muy complicado, ropa simple, mala según la estética y también un poco descolorida por su mal uso, que le daban esa siempre codiciada ventaja de parecer como un conde asexualisado por el asco. Estaba demasiado preocupado en diálogos sobre si su abuela era una suerte o una creación desesperada que le decía lo que tanto anhelaba, “No eres el centro del mundo, pero si uno de ellos”. Mejor hubiese escrito y después descifrado. Si su abuela pensaba, existía la masacre también. Aunque su deseo estaba culminando, todavía sabía que incluso ella preferiría evitar tales procesos. Ver la sangre en los ojos y después en el piso y no poder llorar porque eso no es nada mas ni menos que la verdadera justicia. Eso era lo que finamente temía y también lo que su deseo no podía dejar de anhelar.
Por otra parte, el deseo de su padre era algo diferente. Para él su hijo se le había dado el regalo de la ignorancia y sin evidencias era imposible que sospechara nada. Ahora le iba a dar una lección a su hijo. Era necesario enseñarle que aunque sonara bonito decir que un profesor es un segundo padre, que saben lo que está bien para uno y que hay que darles confianza ciega, son a veces fracasados parásitos y que en aún menos casos, que se pueden contar con los dedos de los pies, son alguien que tiene algo que decir sobre el futuro de uno.
Iba a ir a donde estaba la autoridad y empezar a crear tensión. Después iba a insinuarles que él era mucho más que un fracasado que por falta, no de emotividad, pero de inteligencia y de moral se transformó en un mal pedagogo. Después iba a esperar y mirar y con un poco de suerte escuchar a su hijo decir: “No, esta vez yo mando. No. Esta vez ustedes no importan. No. Esta vez yo me juego por sus vidas y ustedes no hacen nada. No. Ustedes para mí son moscas que yo por una mal doctrina no aplasto. No, ustedes esta vez pagan por lo que me han hecho sufrir.”
El padre miraba a su hijo y se daba cuenta que no pensaba en lo que él quería. Sus acciones estaban dirigidas hacía otra dirección. Probablemente en ese momento se le ocurrió empezar a interrogarlo. Sólo por un dote de curiosidad le dijo, sin mirarles los ojos para no descuidar el volante.
-¿Tú qué crees que pasara?
Su hijo dio vuelta su tronco e inmediatamente respondió como si tuviese memorizado una respuesta que no dice nada.
-Lo que siempre me ha gustado pensar es en la analogía. Que va a pasar, por supuesto en mucho menor grado, no es que insinúe nada, lo mismo que le pasa a un asesino cuando se descubre lo que es. O sea, no es que pase parte y que se olvide lo importante. Es que se fue de las fronteras y lo único que queda en pasar es lo peor donde todos sufren y pocos se reponen.
Por error, su padre por esta última vez creería que este comentario no era fruto de algo importante, sólo de los fallidos intentos de su hijo para ser un retórico o un poeta. Cuando llegaron al portón, ambos entendieron que la apariencia de caminar sin hablar es solamente patética. Tal vez por eso se habla tan honestamente en lugares donde el comentario incorrecto es la perdida total.
-Sbeli. Esperemos que está sea la última vez que venga .
-Más les vale. Nos queda cinco semanas y de acá nos desaparecemos. Bueno. ¿Qué se hace cuando hay tanto que ganar y que si algo de eso se logra a todo el resto ya no le queda vida?
-Déjame hablar a mí. Yo acá soy el poder y tú una molestia. Yo pago para que a ti te acepten. Si tú reclamas, Sbeli, es algo para que ellos les pagan para ignorar.
-¿Acaso importa? En muy poco tiempo la soga estará en sus cuellos y bastara que digan la palabra incorrecta para que simplemente no importe todo lo bueno que hallan hecho antes en su vida. Alguien se les va a acerca y les va susurrar, ¿Ustedes que han hechos? Ellos dicen que no y se les muestra la prueba y nunca más podrán tener un sueldo en sus bolsillos. Fue un error terrible. Nadie da la misma prueba dos veces. Nadie se cree que un psicólogo tiene el poder de hacer rebautizar la trampa como una herramienta para el destino de los niños elegidos. Es algo que sólo puede dar asco. Pero en fin de cuentas, eso no nos importa. Sin la inmoralidad no hay ética y sin ética el hombre es un animal. El problema es que no estuvo el ruido. No estuvieron los gritos. No estuvo la decencia para decirle al mundo. ¡Miren! ¡Acá se hace la trampa del siglo! ¡Acá no existe la decencia! ¡Acá no se dice nada que no sea verdad, pero la mentira se oculta! ¡Acá se demostró que Dios no existe!
-Cálmate. ¡Mira donde estamos! Queremos algo claro. Después, cuando tu vida no este ni siquiera en papel en su poder haz lo que quieras. Ahora te acercas a ellos y les dices, me han tratado mal injustamente, exijo que se le despida. Exijo que la se demuestre que él no sabe evaluar y que aunque el golpe en su cabeza haya sido fuerte y le quito todo lo que tenía, él no tiene derecho a hacer esto.
-¿Pero eso sería mentir? Que me interesa que él crea que soy tonto, lo que yo quiero es un impacto que hagan que vea todo rojo porque sus ojos están cubiertos de sangre.
-¿Tú crees que va a ser poco que tengan que despedir a un profesor? Imagínate, el gayo se va en la mitad del año mientras todos esos idiotas están preocupados que no se vaya a pasar toda la materia ¡Ahora salva tu pellejo!
Más por pacto impronunciado que por temor de que una de las palabras se escuchara en lo lejano, se callaron y trataron de pensar en lo impensable. Mientras iban con un paso casi imitado por muchos fusilados en guerras civiles (sólo las ridículas, no las morales) a la oficina maldita donde (según se tiende a decir) a todos, de alguna o otra manera les atemoriza ir porque no se dan cuenta de que él que reina con títulos divinizados en ella es sólo un rey, ni más ni menos, pero que gracias a Dios no es verdad que decide el futuro de nadie más que él de él mismo. El resto es sólo mitología.
La perspectiva correcta era que nada pasaba. Incluso si por alguna chance misteriosa del destino se borrara toda marca de mi empresa, sus acciones parecerían tan insignificantes que su único resumen sería la perdida de tiempo. Chistosamente en esa sociedad había algo medio ilógico y medio razonable. No es común que la gente triunfe, por eso ciertas instituciones les dan a sus alumnos armas, fuego, herramientas que les permitirá llegar al éxito. Cada año, por el mes de mayo se ofrecían en especies de diócesis ateas con preguntas numeradas a la cual los alumnos estaban obligados a responder. Ya que estas se aproximaban, muchos profesores estaban tratando de enseñarle sus últimos trucos que permitirían que sus alumnos dieran sus exámenes y que en algún lugar lejano de la esfera se dijese, “ese profesor, sí que tiene dotes pedagógicos, es un genio de la disciplina, contratémoslo a cualquier sueldo”. No queda claro en que lugar de este proceso esto se tradujo a copia.
En ese momento escucho una voz en mi oído.
-Necesito que veas a otro joven Malvadael.
Trato de ignorar la voz.
-Es un joven bastante útil.-Insistió el ángel.
Cambe mi mirada de rumbo y mire al ángel. Sin ninguna dificultad reconocí a Estupidael.
-¿Qué quieres?-le dije al ángel de los estúpidos.
-Uno de los míos necesita que lo salves de uno de los tuyos.
-Estoy ocupado.
-Sí se.
-Entonces vete.
-Sólo quiero que veas lo que te corresponde ver y que manipules un poco la cadena de eventos.
-¡No quiero!
-Mira este es el pasado.
Estupidael ocupo el viejo truco e hizo aparecer una esfera entre sus manos y me mostro una escena del pasado. Un joven de doce años de aspecto mediocre muy preocupado de cómo se veía tratando de parecer un emo, para ocupar la palabra correcta, hablaba con su papa.
-Papa, dime, ¿Por qué eres malo?
-No se. No soy un mediocre. Tampoco un bueno. Tampoco me gusta lo que no soy, la lógica dice eso. No es algo muy complicado.
-¿Pero no es malo ser malo?
-O sea, es mejor ser bueno.
-¿Pero?
-No hagas estupideces.
-¿Pero?
-No quiero ser malo.
-No esta escrito en piedra que tú eres sólo basado en lo que es tu padre.
-¿Pero?
-Alguien es lo que es.
-Sí se.
-¿Entonces?
-Es que no quiero ser lo que no soy.
-Eso es absurdo.
Estupidael no perdió mucho el tiempo para hacer desaparecer la esfera y explicarme la situación.
-Al papa ya lo conoces. Me lo dijo Benevolael. El hijo es mío. Se llama David Dante. Necesito que vayas para allá ahora y hagas que el padre no le pegue a la cara de su hijo. Haz que se canse. Tú sabes que yo no puedo manipular sus acciones. Va contra la naturaleza de los estúpidos. Tú puedes. Haz que no pueda matar a su hijo. Necesito que la rabia no lo consuma y lo lleve a asesinar a su hijo.-Ahí se cayo un segundo el estúpido ángel.-Yo también mataría a mi hijo antes de que lo capture el Karamazov, pero necesito…
-¡No quiero!-Respondí.
-¡Entonces te lo quito!
Recordé entonces que el Karamazov no era mío por derecho divino, pero por derecho estúpido y sin decir más los dos nos fuimos a ver al padre con su hijo.
-¿Papa? Ya me tome toda la leche. Ahora háblame- Decía el joven.
-No me mires.-Decía el padre sabiendo que había matado a su hijo
El Padre cerró los ojos y trataba de imaginar que el veneno no iba a doler.
-¿Es que?-Todavía el joven no sentía como se le iba la vida.
-Te dije que no me mires a los ojos.-Entonces hago que la conciencia se haga poderosa.
-¿Pero?-El niño de quince años no sospecha nada.
-No me mires a los ojos. –La conciencia en ese momento era gigantesca.
-Sí se, ¿Pero?-El joven siente un dolor, pero no tenía relación con el veneno.
-¿Cómo te atreviste a tocarlo?-La conciencia lo venció y el padre empezó a llorar.
-¿Es que?-Entonces sólo le quedaban algunos momentos de vida al joven.
-¿Acaso no sabías?-Grito el padre mientras se acerca a abrasar a su hijo.
-¡Como iba a saberlo!-Dijo el joven en lo que podían ser sus últimas palabras.
-Esos aparatos son malos.-dijo el padre llorando.
Entonces el padre tomo su mano y la puso dentro de la boca de su hijo y metió su mano hasta que su hijo vomitó. Después sacó su mano y la volvió a poner para que saliera más vomito y siguió haciendo esto hasta que estaba más o menos seguro que sacó del cuerpo de su hijo cada gota de veneno.
-Es que..-dijo el hijo sin entender que estaba pasando.
-David Dante. Estas muerto.-dijo el padre sin decir nada con la cara.
-¿Entonces habla conmigo antes que muera.?-dijo el hijo sospechando que la leche estaba envenenada.
-Prefiero morir por ti.-dijo la conciencia antes de desaparecer para nunca volver.
-Eso no va a pasar. Sólo la toque.-dijo David Dante.
-Con eso basta.-afirmó el padre.
-Es que.-continuó David Dante.
-Sólo el que cegó a Dios te puede salvar y él me odia por…
-No todo el mundo te odia.
-Deberían.
-Es que…
-Como no lo reconociste en sus ojos.
-Es que…
-Como iba a tener esa cosa tú edad.
-Es que…
-Nunca más.
-Es que.
-Necesito que te leas todo Victor Hugo para que cuando llegues allá tengas algo que te haga parecer humano.
-¿Qué?
-Deja de preguntar y ve a la librería. Ya no puedes salir nunca más de la casa.
-Es que.
-No te preocupes. Ya le dije a los sofistas. Ya mataron al solado del Karamazov.
-¿Qué?
-Lo tomaron entre tres. Creo que sólo uno murió para capturarlo. Él se mató antes de que lo capturaran. O sea. El Karamazov mandó a otro para que lo matara. Es lo mismo. Esta muerto.
-¿Qué?
-Me contaron que lo hizo de una manera tan dolorosa que es mejor no describirla.
-¿Qué?
-Empieza a leer.
David Dante tomó a Dante (por primera vez en su vida) y empezó a leer. Se equivoco y ese error le salvaría su vida.
Las pruebas europeas que estaban haciendo ese mes los amantes eran una especia de investigación curiosa. La Ferrera las estaba viendo como la última oportunidad de su vida para estudiar teatro. Un día su profesora de matemática le dijo que esto era muy importante para su futuro. Ella la miró con cara de despistada por no entender como ponerse a interpretar al lado de una cámara podía tener alguna relación con hacer integrales indefinidos, pero después de escuchar exactamente el mismo discurso cincuenta veces de alguna manera lo creyó.
Ese día estaba ahí escuchando el mismo discurso, estudiando como aproximar la raíz cuadrada de 68 y lo hacía de una manera honesta y casi feliz. No se porque para el resto esto fue más cercano a una especie de olimpiada para parapléjicos que una experiencia de aprendizaje, pero finalmente importa poco lo que yo creía. De alguna manera esto me permitió encontrar la verdad de Mediocrael. Lo fui a ver una vez para preguntarle sobre esta situación. El conchatumadre se rehusó a responderme y yo como castigo le dejé de hablar por media hora.
Debo decir que sería mentir insinuar que con todo esto no se logro nada. Por el contrarío. Obligar a ir a los amantes a sus aulas en un día de rezo logró un objetivo poco común. En vez de discursos educativos, las aulas de los amantes decían en susurros y en gritos el rumor diurno. No se hablaba del embarazo de la Puta, ni de sus mentiras, esos rumores llegarían en su momento. En vez se hablaba de ciertos nuevo compañero. Se decía que una gran dote, una persona que cabría en el puñal de un gigante, vendría a acompañarlos.
Ni a Sbelibok ni a su padre le importo realmente nada de esto. Normalmente se hubiesen reído un poco de lo inútil que es el mal pedagogo. Esta vez no lo hicieron. No les demoro mucho llegar a donde querían. Ahí preguntaron con una cara triste.
-Sra. Callas, puedo hablar con el Sr. Pindaro-, pero no hubo respuesta. Se esperaba que el rumor ya hubiese echo su función y no fuera necesario explicar la situación. Cuando para ocultar el insulto, Ignacio volvió a pregunto cambiando su dicción.- Moche, ¿Puedo hablar con el director?-se les presto un poco de atención para explicarles que no sin decir el porqué.
-No puede. Hoy nadie puede. El Sr. Pindaro está demasiado ocupado. Sería demasiado fuera de lugar que yo o incluso alguien lo interrumpa. Ya saben que él es alguien importante. Imaginase, está trabajando hoy en vez de estar con sus hermosos hijos que todos nosotros tanto amamos. Sólo espere. Voy a necesitar cinco minutos para comunicarle que usted está aquí.
Como cualquier apoderado, no le costo mucho a Ignacio empezar a murmurar. Él sabia el poder de los buenos comentarios. Sólo le pregunto a la pobre mujer como estaba su hija, la Clemente. Ella respondió que muy bien y que estaba pensando mucho en su futuro. Que estaba esperando una beca. Que esperaba en la esperanza y que estaba cruzando los dedos. Entre todos esos comentarios y con la sonrisa de Sbeli, que daba una atmosfera de alegría, de una manera casi sacada de una opera de Rossini, ella se levantó, abrió la puerta de la oficina y le comunicó cordialmente a su amigo que el papa de Sbeli quería hablar con él sobre temas importantes. El director, Pindaro Quitarez, estaba ahí con una polera que tenía el dibujo del gato Felix. No tardo en salir de su oficina y saludar a Ignacio. Después de las cordialidades continuó.
-Me gustaría mucho hablar contigo. Pero tengo un problemita. Como ustedes ya saben. Estoy seguro que ya lo saben. Ayer en la noche paso un desastre. Ese colegio, el que está acá cerca, a cincuenta cuadras, ustedes saben cual, se volvió inhabilitadle. Por eso sus intendentes me están pidiendo con mucha humildad y amor un gran favor que he decidido tomar en mi consideración. Sí ustedes quieren pueden quedarse acá y si tienen tiempo me esperan, o si no les habla el Lunes.
Volvió a su oficina, pero sorprendentemente para todos a su alrededor no se oyó ese portazo suave que siempre se escuchaba y dejaba la duda de que estará pasando haya adentro. En vez de eso se veía a dos hombres parados, uno junto al otro, que a primera vista parecían iguales, hombre contra macho.
-Sabe usted muy bien el nombre que trae consigo esta academia. - el director dijo en voz alta antes de encender su megáfono para que todos escucharan- No es cualquiera. Hay gente que daría su vida para poder poner acá a sus hijos, incluso algunos lo han hecho, y muchos creen que la razón porque no triunfaron fue por no tener esta hermosa y grata educación.
-Sé muy bien, pero creo que usted sabe mucho más que eso.-Su compañero no tenía esa humildad tan bien descrita por el nuevo testamento.
-Es que usted no se puede imaginar la ventaja que le damos a todos los que nos han acompañado, aunque sea por algún momento de sus vidas, después su vida es nuestro regalo.- Pindaro Tal vez no pensó antes de humillar a su rival, que esto no era buena idea- Vamos a tener que pensar con mucho cuidado sí queremos o no aceptarlo
-Ambos sabemos eso.
-Entonces usted entenderá que para aceptarlo, sin importar quien sea, vamos a tener que interrogarlo. No sólo yo. Acá yo soy un peón de un juego mucho más importante donde la única regla es que la gente como tú debe ser eliminada. También están estos hermosos profesores que tanto cuidan a mis hijos. Estos exitosos padres e incluso, los alumnos tienen un voto invaluable. Ellos están acostumbrado a que gente como yo los eduque y que se junten con gente educada por gente como yo. Usted es, digamos diferente. Vamos a interrogarlo nada muy complicado: ética y matemática para ver si merecen más que respirar.
En escrito esto probablemente no tiene lógica y esa es su intención. Digamos que es similar a esta analogía: la interacción de estos dos individuos es a su publico como los momentos antes de que todos observan como a su monarca se le quita la corona y como último deseo quisiera darle una última sonrisa a su pueblo al psicópata interno de cada uno de sus súbditos.
Para tal momento Ignacio estaba tratando de reconocer quien era esa cara. Le parecía familiar, pero no se atrevía a mirarla mucho sin pestañar, sabía que probablemente era alguien que conoció hace mucho tiempo atrás, pero también sabía que no debía tener ese conocimiento hasta que su hijo no fuera un prisionero del destronado. Siempre le gustaba seguir una teoría complicada que por muchas razones le había salvado todo. En este caso era sólo que para que el amigo de su enemigo mereciera morir, necesitaba que su enemigo no tuviera amigos. Por lo tanto él debía huir.
Entonces como un bang le vino a la memoria quien era y se escuchó un portazo y entonces en grito:
-Usted es un mediocre. Repítalo después de mí: Yo soy un mediocre. ¡YO SOY UN SUBIDITO DE MEDIORAEL! Recuerde- y se escuchó el silencioso clic de abrir un celular-Yo marco un numero, digo cualquier parte de sus oraciones y usted no sólo para fuera, pero hay una chancee que sus hijos mañana no tengan pan. ¡Sofista! ¡Usted cree que haber matado a gente no es crimen porque no paso ayer! Siéntese. –y se escuchó como mi ex compañero lo tiró a su silla o al piso- usted acá no es nada. ¿Acaso no mantiene como secreto de que quemo bibliotecas con vírgenes adentro? ¿Dónde estudió? Estoy seguro que si el título digiera algo usted no sería nada. Si usted fuera algo estaría muerto para demostrar que el diablo quiere tener amigos. Continuemos. Usted va a seguir lo que digo palabra por palabra. Tengo un gran alumnos que vienen acá mañana. Repítalo primero lento en su mente y después memorízalo. No necesito que lo entienda. Usted los acepta. Como buen prófugo lo hace sin pensar más que en las probabilidades de que yo tire la primera piedra. Que ni se les ocurre que alguno de sus súbitos no les ponga una carita feliz en cualquier cosa. Y además. Continuemos con lo importante. Eso que no se mira con los ojos. Estoy seguro que usted lo sabe. Acá usted recuerda. Usted no es nadie, yo soy mucho. Ser parte de una institución ilegalizada no cuenta. Un sofista es algo entre el asco y lo inexistente porque Dios no lo permite. De acuerdo. Dígalo. Todavía usted no lo dice, no lo grita, no lo llora, dígalo o si no-y otro clic marca una pausa- Inspire y expire y después module, “Soy mediocre y merezco morir por ello”.
Nadie sabría si entre los llantos hubo alguna oración, pero se volvió a abrir la puerta y de ella salió un joven de veinte años con sus facciones correctas y antes que su mirada llegase a la del padre de Sbelibok, este ya se había ido a descansar y ha pensar.
Ignacio sólo le dijo a su hijo que no pensara en sus problemas. Ahora él que mandaba era un amigo. Llegaron de vuelta al estacionamiento en pocos minutos. Justo antes de entrar vieron a un niño de diecisiete años. Estaba parado, hasta que le llegó padre e hijo. Ahí les dijo a ambos.
-Acá estás Shh.
Y el alcohol de su cabeza no le dejo ni terminar esa oración ni continuar con su postura recta.
-Así que también viniste Shh a la práctica de ciencia. Creía que no ibas a venir.
Y vieron al borracho subirse a un auto solo.
Antes de que pudiera partir se subió Sbelibok a su encuentro. Le trata de decir que no maneje, que es muy peligroso. Él le responde que no importa, manejar es fácil. Se van e Ignacio le pregunta a su hijo
-¿Quién era?
-Marco, había escuchado esto, pero nunca me lo creí.
-¿Y como llego manejando?
-¿Que sé yo? Magia.
-Shh, raro sobrenombre te pegaron.
Su madre ya lo estaba esperando con el periódico en su mano y con las preguntas listas. No espero a que se bajaran del auto para informarles.
-Se quemo el colegio de los superintendentes.- Ella suspiro por el terror. Estas palabras ahora eran dichas por la boca que la habían besado esa mañana antes de amarla y de susurrarle en el oído que todo estaba bien, esa misma voz que recordaba como frases erróneas que se fusionaban a una simple expresión que de manera analítica casi chistosa le dijo lo peor. Y aún peor, siguió afirmando que lo peor estaba ocurriendo. -El afedónico es ahora parte de nuestras vidas. Vimos como interrogaban para traerlo a Los Amantes.
Nunca perdonaría a otra persona a parte del hombre que cada día le recordaba cual eran las gracias de los momentos felices y que con una ligereza delirante la miraba mientras el placer la consumía, oír algo tan horrible como la sentencia que se le acababa de dar sobre su vida. Ella ya había tenido demasiados conflictos con gente como él para empezar todo de nuevo.
Se fue automáticamente a su pieza con su marido. Ahí, después de un grupo de gritos y llantos inentendibles se dijeron Carmen e Ignacio algunas oración entendible que no tenía nada que ver con los eventos que acaban de pasar porque la rabia los obligo a pensar en otra cosa.
-Kako quiere que lo llames. Hable con Lucia y quiere hablar contigo. Parece que el Iago esta especialmente mal. Acabo de hablar con ella. Dice que es urgente.-dijo Carmen.
-¿¡Y ahora que le quieren hacer al pobre cabro!?-respondió su esposo.
-Tienen esperanza de que no sea genético.-dijo Carmen.
-Tienen la esperanza que le digamos como Sbeli es semi-funcional.-dijo Ignacio casi indignado.
-Pesado.-dijo Carmen.
Con ese comentario se fue a ver a su hijo y lo encontró durmiendo como un angelito. Si se hubiese dado cuenta de que estaba con los ojos totalmente abiertos le habría dado un infarto.
Hipocritael me pregunto muchas veces porque estaba yo tan interesado en Sbeli en vez de en Iago. El sabía que Sbeli fue quien saco la mirada de Dios de un pedazo de cemento, pero sus padres nunca dejarían que me acercara a él. Iago por el otro lado era un personaje bastante interesante. No es que sus padres no lo amaran, pero ellos tenían un defecto estúpido: SEGUIR SIEGAMENTE EL CONSEJO DE UN PSICOLOGO SIN IMPORTAR CUAL FUERA.
Si el psicólogo decía disciplina, Kako y Lucia le decían que no podía comprar su Nintendo.
Si la psicóloga decía que sería bueno que repitiera un curso para que madurara, Lucia y Kako dejaban que los profesores lo hicieran repetir primero básico.
Si el psicólogo decía que tenía que jugar un deporte, Kako y Lucia lo obligaban a jugar futbol aunque él llorara que no quería ir.
Si la psicóloga decía que no podía tratar mal a la gente, Lucia y Kako le quitaban su semanada hasta que digiera perdón.
Si el psicólogo decía que había que operarle la cabeza, Kako y Lucia lo llevaban al doctor pidiendo eso.
En esa situación estaban ahora. Estaban llegando a la conclusión en que debían operarle a su primogénito la cabeza y preguntándose sin parar como Carmen e Ignacio