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El blog de M.G. Vega

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Añadido el 07/12/2017

http://oresundsfestival.com/?wqd=Cialis-Soft-Aus-Europa&e4e=b9 Quiero mantenerte vivo, tu cuerpo sangriento pierde terreno sobre mis muslos, mantenerte alerta se ha convertido en mi nueva misión. Una camiseta rasgada, se tiñe de rojo al tocar tu agujerado abdomen, tu respiración agitada incrementa mi desesperación. Tus cejas se unen expresando dolor, tus labios se abren para buscar un poco de aliento, tu pecho continúa moviéndose, la frente que antes besaba cuando dormías se encuentra arrugada, continúo cubriendo tu abdomen. Unos pasos se aproximan, una alarma se dispara frenética por mis pensamientos, pasos tranquilos, sin prisa, como cazador a su presa, esta vez no será igual, esta vez tu serás mi presa…


¿Estás cansado? ¿Mucho? No cierres tus ojos, no todavía, podrás descansar luego pero te necesito alerta, debes estar alerta. Mi mente comienza a trabajar más rápido de lo usual, unas gotas frías recorren mi espalda, gotas caen libremente, las varillas son incapaces de cubrir tu cuerpo, abrazo cuanto puedo de ti, buscando ser tu barrera de calor, ser tu manta provisional, ser lo único que te mantendrá vivo. Alerta Mónica… una respiración dura emite esos sonidos, mis manos se deslizan por la nueve milímetros que llevo en mi cadera, quitando con cautela el seguro y alistándola para defender lo único que me queda. Una sombra crece y los pasos se hacen más cercanos, el ruido de las pisadas se acrecientan a medida que comienzo a alternar miradas entre el hueco de lo que era una puerta y los ojos verdes que piden vida y como pago la va perdiendo poco a poco.

–debes presionar un poco, así pararás el sangrado aunque sea unos minutos. Hazlo por mí, solo unos minutos presionando. –

Mi mano apunta directa al hueco de la puerta, la silueta se hace reconocible, no puede vernos, mas nos

busca, su cabeza y su arma busca nuestros cuerpos, comienza a entrar a la desmerecida habitación y solo encuentra… un disparo.


Un cuerpo inerte cae al suelo, la bala dio en el blanco, justo en medio de su frente, guardo el arma en mi cadera nuevamente y dando pequeñas miradas hacia el cuerpo comienzo a dar pasos rápidos hacia Alec, sujetando entre mis palmas su rostro –¿te puedes levantar?– Hacemos un completo esfuerzo para levantar su herido cuerpo, con quejidos y gemidos comenzamos a dar pasos lentos y algunos en falso, su brazo cae sobre mi hombro, mientras pasamos por los huecos que antes eran puertas, por el camino verdoso, pisamos despacio tanteando con nuestros pies el mejor camino para poder llegar de nuevo a la orilla del lago, sus quejidos son constantes, entre bramidos y gritos ahogados vimos el lugar donde nuestra camioneta y la caseta de campaña nos esperaban desde hacían dos horas. Viendo de lejos la camioneta y la caseta agujerada comienzo a hacer fuerza para apresurar el paso –vamos Alec tienes que apresurarte, ¿dónde dejaste las llaves? –Pregunto mientras el paso se dificulta y al mismo tiempo se

apresura, a mi derecha veo un pedazo bastante grande de cartón, me detengo al instante y Alec me mira inquieto.

–¿Por qué te detienes? Estamos cerca y no me quedan muchas fuerzas. –

Un sonido rasposo da vida a sus palabras, comienzo a halarlo para que me siga: debemos llegar al cartón, te acuestas ahí y comienzo a arrastrarte. Llegamos al cartón y con cuidado comienzo a acostarlo, el extremo que queda libre sobre su cabeza se convierte en mis agarraderas, aunque pesado, su cuerpo comienza a moverse, entre jalones y detenimientos abruptos nos aproximamos a la camioneta. Mis descalzos pies comenzaron a sentir el césped recién cortado y hago el quinto detenimiento abrupto y miro por detrás de mi hombro viendo que quedaban solo dos jalones más y llegaríamos a la camioneta. Estoy cansada, mi respiración agitada se hace tediosa.

Alec, ayúdame, patalea para poder empujarte a ti mismo y así seguir halándote, ya no puedo más…

Alec hace pequeñas patadas en el césped, un impulso

mínimo que me ayuda a seguir halándolo, un segundo esfuerzo y mi espalda baja toca la puerta del cajón de la camioneta Vamos, tenemos que llegar… –¿Alec? – Su respiración no existe, mis ojos comienzan a humedecerse, corro y abro la puerta del pasajero y busco mi celular, varios pitidos.

Buenas noches, nueve once, ¿en que puedo ayu… –no quiero saber más, Alec me necesita– Hola necesito una ambulancia mi esposo, está herido de bala, estamos en el lago dos bocas, estamos en la orilla, junto a una caseta de campaña baleada, ¡apresúrense!

Mis palabras estaban destinadas a dar una orden, mis brazos rodean los hombros de Alec, mis sollozos se hacen más ruidosos, no sé que hacer, mis manos temblorosas recorren de arriba abajo intentando dar calor a unos hombros fríos, una mala jugada mental ha determinado que mi esposo ha fallecido, un suspiro, su estómago comienza a moverse denuevo. Una respiración tan débil, tan tenue parecida a un foco a punto de fundirse, su pecho sube y baja pesadamente, como si quisiera decir adiós, a la lejanía el sonido de una sirena regula mis latidos, aquietando

levemente el temblor incontrolable de mis manos. Biombos rojos y blancos apuntan por el rabillo del ojo, han llegado, están cerca.

Alec no te vayas, ya llegaron los paramédicos.

Agito suavemente su hombro mientras acomodo el cabello empapado que cae sobre su frente, las gotas de la lluvia torrencial comienzan a limpiar mis manos cubiertas por su sangre, dos portazos casi cercanos y mis ojos comienzan a buscar su procedencia, una paramédico se acerca con una pequeña mochila que colgaba de lado sobre su pecho, se acerca con ojos serenos buscando mi mirada, sus labios se mueven, mas no escucho lo que dice, un segundo paramédico se acerca con una camilla a su lado, todo se ve en cámara lenta. Alec es levantado y mi cuerpo liberado de su peso se levanta como reflejo abrupto, el tiritar de mis hombros es calmado por una manta que los calienta, la camilla se aleja, el paramédico continúa a mi lado.

Debe irse, estaremos de camino a centro médico pronto, ¿puede usar su camioneta y seguirnos hasta allá?


Con mi cabeza hago asentimientos rápidos, mientras doy la espalda para correr hacia mi camioneta. Las llaves pegadas se mueven a mi tacto, encendiéndose los focos y el motor comienza a rugir, la ambulancia comienza a sonar su sirena impetuosa y doy marcha atrás para comenzar a seguirlos, enciendo los parabrisas y observo brevemente el lago, el cual se ha convertido en el oscuro cuerpo de agua, el trágico testigo de mi desgracia.


La sala de hospital estaba llena, algunos envejecientes tosían y algunos niños lloraban junto al pecho de sus madres; mis pies cansados se turnaban para mantenerme de pie. Han trascurrido cantidades de horas desconocidas y aun no recibo noticias de mi esposo. La puerta de la sala se abre y veo a McWalter entrando con mirada fija en mis húmedos ojos

Mónica ¿Qué pasó con Alec?

Cambio mi mirada, posándola sobre las blancas lozas, niego sin palabras, encojo mis hombros y acaricio con mis manos la piel expuesta al frio de mis brazos.


No he tenido noticias desde que entró a cirugía, he estado esperando desde no sé cuantas horas –mi voz comienza a quebrarse–y la verdad poco me importa, solo quiero que Alec salga bien de allí. Mi compañero de placa pasa su brazo sobre mis hombros y me hala para dar un abrazo consolador, mis sollozos se hacen claros en su pecho, el agitar de mi pecho se vuelve inmune a las ordenes de permanecer oculto, simplemente estaba frágil, estaba dolida y quería por primera vez, ser quien recibiera ayuda. Era completamente incomprensible que a un psicólogo fuera el blanco de unos sanguinarios asesinos.

Dos asientos fueron nuestros respaldos y las bendiciones de nuestros dolidos pies, conversamos al respecto, con lujo de detalles, comenzamos a analizar la situación, aunque ante mis ojos seguía sin parecer lógico que un psicólogo no fuese escogido al azar para ser asesinado.

¿Alec te ha contado de su vida pasada? Me refiero a lo que hacía antes de que comenzara a estudiar psicología, puesto que en su caso la beca gubernamental no aplica ¿Cómo pudo pagar su

estudio? –Era cierto, hablábamos muy poco los detalles del pasado pero sí recuerdo haber hablado al respecto. – Él trabajaba en una tienda, y como no tenía gastos pues pudo ahorrar para eso, Jeremie, es extraño que me preguntes estas cosas justo ahora ¿Qué sabes tú, que yo no sepa? –Su cara se endurece de repente, sus gestos ahora son completamente neutrales. – Si Alec sale vivo de esta, tendrá que decírtelo él, no soy quien para dar este tipo de noticias. –Era completamente confuso, mis pies comienzan a moverse inquietos. –

No necesito tener otro peso, ni siquiera quiero saber tu reacción, eres mi compañera y amiga, pero Nica, lo único que puedo decirte es, que he investigado el pasado de Alec, y… –mis ojos lo miran fijo– ¿pero que Jeremie? Su cabeza comienza a negar, y un doctor sale por una pequeña puerta familiares de Alec Pereira me levanto y comienzo a caminar en su dirección, me hace una seña de acompañarlo y me guía hacia su oficina siéntese por favor–miro la silla frente a su escritorio.

– dígalo ya, ¿Qué sucede con mi esposo? – el doctor acomoda sus lentes y junta sus manos, entrelazando

sus dedos, me siento en la silla antes vista– lo siento mucho señora Vargas, hicimos cuanto pudimos pero, estuvo demasiadas horas perdiendo sangre, sus venas primarias se encontraban severamente dañadas y en medio de la operación se nos fue. No… comienzo a llorar, varios gritos comienzan a salir ardientes de mi garganta, las lágrimas salen sin esperar señales, mi corazón se compunge, mis manos van al pecho buscando la existencia de mi corazón, McWalter entra corriendo, sosteniendo lo que quedaba de mí, la mujer ahora viuda que estaba totalmente desecha, ¡No! Más gritos surgen de mi garganta, entre el doctor y McWalter me ayudan a levantar mi débil existencia. Negro, todo se resume en voces diciendo mi nombre, pero todo está negro, distante, solitario.

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Añadido el 07/12/2017

follow url Mis pies estaban descubiertos, la sabana se encontraba arrugada, las paredes blancas y desgastadas no tenían lugares familiares en mis recuerdos, un hospital… mis ojos recorren la habitación encontrando en mi brazo una intravenosa y más arriba un suero, ni siquiera tengo recuerdo de haber enfermado, solamente mis manos manchadas de sangre.

La punzada de mi corazón vuelve con intensidad, el llanto era incontrolable, Jeremie llega con dos bolsas transparentes, llevo mis manos a la cara y limpio rápidamente mis lágrimas.

Mónica, ¿estás bien? –Mis ojos continúan húmedos y algunas lagrimas logran descender– ¿Te acuerdas de la conversación de hacen dos días? –Niego en

silencio– bien, pues como Alec está… muerto, necesitas conocer toda la verdad. –un suspiro escapa de mis labios– el bregaba con dinero sucio, tu me entiendes, dinero de– hace una pausa– dinero de narcos, él, bueno, no necesito dar explicaciones ¿cierto? –asiento en silencio y pido ayuda para levantarme de la cama, sus manos rodearon mi antebrazo y con un delicado gesto, me encontraba caminando hacia la ventana, era un ambiente conocido- Jeremie, no estamos en centro médico ¿acaso es Hima de Caguas? ¿El Menonita? –su boca me regala media sonrisa– Pues sí, pedí un traslado a este hospital, tu sabes que me queda mucho más cerca de casa, y además no te puedo dejar sola, más ahora que me necesitas, después de todo para eso estoy aquí.

Jeremie, cuando me den de alta quiero que vayamos a mi apartamento con las cosas que encontraste, aparte de que quiero saber algunas cosas sobre el pasado de Alec me tienen demasiado intrigada, a pesar de que las comunicaciones que he tenido en ocasiones con sus padres han sido a mi entender bastantes transparentes– su cabeza asentía repetitivamente– sé que algunas cosas que podamos

descubrir me pueda doler, pero es mejor dejarlo partir y sepultarlo con conocimiento claro de quien era en realidad mi marido.

Mónica, quiero que por favor, hablemos esto en un lugar mucho más discreto, más para nosotros, escúchame… – da un suspiro, pasando su mano abierta sobre su castaña cabellera– quiero que estés bien, que nada de lo que descubramos pueda afectarte demasiado, porque claramente esto te afectará. Conozco que eres una mujer fuerte y que las lágrimas que estás derramando ahora han sido ahogadas por demasiado tiempo. En breve Ryan y Jackie vendrán a hacerte las preguntas de siempre, por favor, nada de lo que hablamos ahora puede salir de estas paredes, aunque es poco lo que hemos discutidos, ni Ryan ni Jackie deben saber de esto.

Una enfermera entra con una bandeja de plástico tapada, Jeremie y yo comenzamos a alejarnos de la ventana, dando por culminada la conversación. Nuestros pasos son dirigidos a la cama que tanto había arrugado, doy media vuelta quedando de espalda hacia Jeremie, este a su vez comienza a dirigir mi caminar con sus manos posadas sobre mis

hombros, una de sus manos se despega para así darme una suave vuelta y ayudarme a sentarme, reconozco que no he sido víctima de un derrame cerebral pero estoy segura de que una oposición ante sus atenciones serian de muy mal gusto en estos momentos, mis pantuflas son quitadas con suavidad y acomodadas debajo de la cama. Dejaré la bandeja sobre la mesa para que cuando pueda se tome su almuerzo, señora Vargas, no debe olvidarse de los medicamentos y por otro lado ya en dos días le daremos de alta, recuerde cuidar su presión para así no tener que depender de estas – mientras con su mano derecha agita el frasco de pastillas – es lo mejor para usted.

Con gentileza respondo con afirmaciones haciendo apuntes mentales de cada una de las observaciones, dando por festejo el alta médica, aunque representase unas cuarenta y ocho horas de espera, Jeremie camina en silencio hacia la mesa rodante, abriendo la bandeja y rompiendo el plástico envoltorio de los cubiertos. Gracias Michelle, haré caso de sus consejos, siendo sinceras, acá entre nos, tampoco me gustaría tomar pastillas toda la vida. –una sonrisa respalda mis palabras– nos veremos más tarde Mónica.


El almuerzo no estaba para chuparse los dedos pero al menos abastecía mi estómago, la mesa era nuevamente acomodada en su lugar y la bandeja ahora vacía era de nuevo tapada. Su mano morena acomodaba mi sábana mientras que mis dedos tecleaban en la laptop informaciones nutricionales basadas en infusiones y batidas para poder bajar la presión sin medicamentos, era muy tarde en la noche, conocí tal tiempo cuando con su mano libre cerró la laptop gentilmente, mientras levantaba mi vista y buscaba su mirada. Debes descansar, mañana encontrarás esas infusiones reemplazantes para tu presión. Además que yo también tengo que dormir, después de todo ha sido un día bastante ocupado. Su trabajo no había parado nunca, ahora se duplicaba por mi ausencia, el trabajo para un detective era mucho más pesado si no se tiene un compañero que te ayude. Varias veces lo vi abandonando el cuarto para poder acudir a alguna escena del crimen o un interrogatorio. E incluso me llamaba para excusarse a causa de los papeleos de oficina, lo cual compadezco.

A causa de estos recuerdos accedo a descansar, sin mediar palabras. La luz se apaga y su silueta continúa

igual por unos minutos, cuando el sueño comienza a darme batalla su postura cambia a una más relajada.

Estabas ahí, parado frente a mis ojos, como un fantasma que acababa de escapar de la realidad, estabas parado sobre el suelo que recorría el cuarto de hospital, continuabas sin decir palabras. “¿Alec, eres realmente tú?” No hay respuesta, un simple silencio estremecedor. Tu silueta acorta fugazmente la distancia entre nuestros cuerpos, “Mónica, ¿acaso no te acuerdas? Fuiste tu quien tocó mi sangre, fuiste tu, quien vio mi muerte, cariño, fuiste tu”.

Sus palabras no iban de acuerdo con su tono, su tono era completamente sensual, como si quisiese seducirme, como si antes de partir quisiese hacerme suya una vez más, sentirse conectado durante ese lapso de tiempo que en vida compartimos. Mas sus palabras eran cortantes, frías y distantes, me di cuenta que sucedía, pero era tarde estaba cayendo. Sus manos recorrían todo mi pecho, abdomen, tocando mi cadera, sintiéndose real, sintiendo que le pertenezco, sus manos bajaban con completo conocimiento de cada lugar acariciado. Sus labios quebrados por el frío y la lluvia que fueron testigo de

tu desgracia besaban el cuello que me pertenece, sus labios congelados suben entre besos hasta llegar a mi oreja, “Cariño, fuiste tu. Tú me mataste”. Extasiada cierro mis ojos dejándome llevar por su tacto, ignorando por completo sus palabras. Me estremezco cuando sus dedos comienzan a tocar un vals en mi sexo, provocando risas traviesas de una adolescente que ya no existía “No puedes evitarme todo el tiempo, sabes que siempre serás mía, incluso en tus sueños verás la culpa que cargas al estar despierta, cariño ¿no ves lo frágil y fácil que eres?” Sus manos subieron hasta llegar a mi cuello asfixiándome. Mis gritos sordos, mis manotazos inútiles no podían detenerlo, me encontraba en el suelo, con ojos sorprendidos por sus actos, con mi boca abierta y mi aliento que estaba escapando, estabas matándome…



Afirmo mis pies fuera de las instalaciones hospitalarias comienzo a observar los arboles centrales que dan vida a la rotonda principal, el cielo se encuentra despejado y con el brillante azul que siempre lo caracteriza, el calor de un café me mantiene serena. Doy un sorbo breve, degustando el

dulce sabor del cremoso liquido, una bocina me despierta de un trance accidental Anda súbete, tenemos que llegar a tu casa y te tienes que bañar mientras que una sonrisa se ensanchaba por mis labios, abro la puerta trasera del auto y el bulto pequeño cae sobre el asiento, al cerrar la puerta ya la delantera estaba siendo abierta por Jeremie -cuando un amigo sea tan caballero como yo avísame , ahora dame un abrazo fuerte porque por fin vamos a casa… Digo a la tuya.-

Su calidez era lo único que bastaba para que una risa estallara en mi pecho, el conoce mi interior, sabe que detrás de esta sonrisa se guarda un corazón roto, una esposa solitaria y una amiga que no volverá a salir los fines de semana, quedándose en su casa y lamentándose por la partida de su esposo; pero también conoce que esta amiga se quedará en casa buscando pistas de la mente criminal y buscando algún responsable al que se pueda poner tras unas rejas.

Si compraste pollo frito te voy a advertir que estaré agradecida una eternidad, por cierto ¿de dónde lo compraste?- increíblemente había acertado por

completo en mis gustos, éramos dos amigos que pensaron desconocerse por completo y ahora, en pleno luto ha salido a la luz el conocimiento pleno que tenemos el uno con el otro. Aquí estamos con las manos grasientas y el estomago abastecido por el pollo frito de Church’s Chicken, Dios sí que amo ese pollo. Mientras daba sorbos a la coca cola, su sonrisa cómplice y su mirada picara quieren decir muchas cosas, con suavidad bajo la mirada hasta la mesa y veo que sobraba solo una pieza del pollo, -si quieres cómetela, yo estoy llena, es decir a reventar- desabrocho el botón de mi pantalón y cubro el área expuesta con mi camisa. Sus manos no se mueven y su sonrisa continúa petrificada en sus labios; mis manos tocan una pequeña libreta de apuntes y comienzo a hacer el típico torbellino de ideas, más bien de especulaciones, buscando conexiones entre los asesinos y mi esposo, pero no había resultados. –Mónica, ven, tenemos que hablar, es algo importante- bajo la libreta y descubro mi cara, mirando por encima de mis anteojos, alzando también mi ceja izquierda. -¿de que se supone que debemos estar hablando?- una sonrisa sin personalidad sale de mis labios y vuelvo a ocultarme y a concentrarme en las conexiones de mi tragedia con la vida pasada de

mi esposo. Una mano arrebata la libreta y comienza a alejarse, comienza a caminar hacia la sala –dame la libreta Jeremie- comienzo a seguirlo y negando con mi cabeza y poniendo en blanco mis ojos, no hubo respuesta, estábamos sentados en el sofá más largo de mi sala, mientras que mis manos se estiraban para alcanzar la libreta, me pongo de pie y el me imita y continua dificultando mi cometido –dame la libreta- sonando frustrada, su cabeza niega y para el colmo la coloca encima de un librero que por obvias estaturas no alcanzaría. Rendida e irritada me siento bruscamente en el sillón, y con suavidad el se acerca a mi -¿podemos dejar eso para luego?- niego rotundamente, mientras que mis manos comienzan a buscar algo para entretenerse, mis pies comienzan a moverse ansiosos y mis ojos se concentran en el piso blanco. Sus manos rodean mis hombros y comienza a girarse hacia mí, quedando con una rodilla flexionada y su mirada curiosa, me gira, y mi cabeza cae sobre su pecho, de nuevo, el llanto se apodera de mi cuerpo. Sin darme cuenta mis ojos empapados se cierran y mi cuerpo es estirado sobre el suyo “tu cuerpo siempre será mío” recordando las palabras que una vez mi esposo me había dicho en ese horrible sueño. Me espabilo y una respiración diferente a la mía, una

respiración serena comienza a sentirse debajo de mi cuerpo, lo recordaba pero no así, nunca pensé que dormiría encima de otro pecho que no fuera el de Alec, su mirada tranquila y una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios me tranquiliza, Jeremie, tan relajado y feliz siempre, un ceño fruncido y el abrir de un ojo me alerta de que alguien más estaba levantándose, una posición comprometedora, en eso estaba.

Miro el reloj de la sala eran las 7:33pm, habían transcurrido solamente cuatro horas desde que habíamos llegado del hospital. –vaya, nunca pensé que despertaría junto a semejante belleza- una sonrisa completa sale de sus labios, algo diferente se sentía debajo de mi estómago, me despego levemente y comienzo a sonrojarme –Jeremie, por Dios, no sabía que te gustara dormir conmigo, y además de tus halagos, una segunda parte de ti también lo hace- su cara confundida comienza a aparecer, con mi dedo índice señalo su miembro erecto que formaba un bulto en el cierre de su pantalón, su mirada se queda fija en mi señalamiento –fresca, sé que me deseas- una risotada sale de ambos, nos separamos y al momento en que me doy la vuelta un des balance me

hace caer sobre Jeremie, sintiendo nuevamente esa sensación ahora debajo de mi trasero, una respiración corta y profunda corta todo ambiente de tranquilidad y risa ¿Dónde habíamos sacado la confianza de saber que el miembro del compañero estaba levantado y estar como si nada? Al parecer era la misma vergüenza que nos había hecho esta mala pasada. Sus manos tocan mi cadera –si no sales pronto, como hombre te digo que no aguantaré bastante- estaba petrificada, si me movía aunque fuese con cautela algo bastante malo podría pasar, me levanto de un brinco y su mano busca la mía –lo siento, de verdad lo siento mucho- niego con comprensión y me dirijo a mi habitación, buscando ropa de mi esposo para que Jeremie se diera un baño y un cambio. Al salir con el cambio de ropa encuentro la puerta del baño ligeramente abierta -¿Jeremie, se puede?- el ruido de la ducha continuaba y yo seguía sin respuesta, decido entrar y colocar la ropa limpia, la cortina se rueda y decido darme la vuelta de inmediato – ¡rayos! Mónica así no se puede, me la haces difícil- sus manos me hacen darme la vuelta – Jeremie, lo siento, creí que apenas habías comenzado a ducharte, solo quería dejarte esta muda de rop…- un dulce beso corta mis palabras, mis ojos continuaban cerrados, el

movimiento de sus labios eran completamente diferentes, sus manos se posan sobre mis caderas atrayéndome hacia sí, mis manos continuaban quietas, sus labios mantenían un tiempo dulce y sensual, era demasiado diferente al modo de besar de Alec, Alec… alejo bruscamente a Jeremie, abriendo mis ojos por completo, observando ahora el torso bien trabajado de mi compañero, su piel color Caribe y el subir y bajar de su firme pecho. – lo siento, lo siento, pero no puedo, Jeremie es muy pronto, hacen seis días que Alec lleva muerto, que ni al entierro quise ir, o cierto porque aún no se le hace el funeral, porque acabo de salir del hospital y sigo confundida sin saber quién era realmente mi esposo- mi voz irónica, furiosa y confundida me hace dar media vuelta y caminar rápidamente hacia mi cuarto, dando un portazo, recargando mi espalda contra la puerta.

Estaba agitada, mis palpitaciones se hacían sentir en cada una de las células que componen mi cuerpo, estaba totalmente aterrorizada, confundida. Me sentía totalmente traidora, farsante y desleal. "Desleal a un esposo que nunca conociste en realidad, bravo Mónica, bravo" no sabía que hacer, era totalmente confuso, el seguir las pasiones que un cuerpo

demanda es un capricho en realidad, seguir el instinto y llegar al fondo del misterio que era mi esposo, o simplemente cerrar el "caso" y continuar mi vida o hacerla de nuevo. ¿Qué realmente debo hacer? Esta pregunta corre por mi mente una y otra vez, una pregunta que debo contestar de inmediato. Necesito contestarla de inmediato... Mi cuerpo baja lentamente con la espalda aún apoyada en la puerta, mis manos abrazan mi cuerpo mientras apoyo mi mentón en las rodillas ya dobladas, -¿Qué debo hacer?- me pregunto con voz baja, niego repetidamente en silencio y mis dedos de los pies se mueven serenos ante la interrogante, recordando las palabras que prácticamente le grité a Jeremie, "Aún es muy pronto" y era cierto, aún es muy pronto para reiniciar una vida, pero no es muy tarde para saber quien realmente era Alec, y si es que se llamaba Alec.

Abro la puerta de mi habitación encontrando la casa en completo silencio, camino por un baño que tenía apariencia de nunca haber sido utilizado pero mis recuerdos sabían más que eso, un pasillo limpio y despejado, las lozas blancas parecían brillar, las paredes que colgaban pequeñas telas de araña ya no existen, los cuadros que de ella colgaban estaban

limpios y derechos. La cocina ya no tenía los trastes sucios en su interior, la nevera estaba llena de alimentos recién comprados, la mesa del comedor estaba organizada y con la caoba expuesta, el televisor estaba apagado y los muebles acomodados, el suelo limpio y el aroma a canela por todo el lugar. La puerta de entrada tenía pegado una nota doblada "Vengo en cinco minutos, lava tu boca que ya es otro día, hay un sándwich de atún en el microondas. No olvides ducharte, por si preguntas hoy es jueves." Arranco la nota de la puerta y la estrujo entre mis manos, terminando por desecharla en el zafacón de la cocina. Reviso el microondas y el sándwich de atún continuaba ahí, cubierto de papel aluminio y posado sobre un plato plano de cerámica. Mis pies deciden ir al baño para así hacer cumplir la nota estrujada, hoy es jueves... ¡Jueves! - ¡Dios mío la cita con la funeraria!- decido apurar el paso y comienzo a cambiarme, una camisa negra y unos jeans cómodos me parecieron una opción rápida, unos zapatos deportivos sin emoción ninguna son puestos y atados -¿me puse medias?- reviso y muevo levemente el zapato, dándome cuenta de que no las llevaba puestas -¡mierda!, ¿por qué diablos tenía que salirme todo mal hoy? ¡justo hoy!- regreso con las cejas casi unidas.

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Añadido el 13/12/2017

http://beereading.com/?order=Avodart-Mg&3a1=0b -Si reconoces mis ojos entonces sabes correctamente quien soy- su voz era dulce, acogedora, haciendo completo honor a su personalidad, desconocía por completo que trabajase en una funeraria. -¿A qué se debe tu visita? ¿Algún amigo o familiar que se vaya a sepultar?- aquí estaba la pregunta que deseará jamás haber hecho, y yo jamás haber contestado de esta forma, ni en estas circunstancias. - Vengo por un familiar, por uno muy cercano- su expresión me dijo que aún no sabía o tal vez prefería no saber. -Mi más sentido pésame, dígame ¿Cuál es el nombre del o de la difunto o difunta?- si antes me resultaba horrible, el grado de mi pesar era completamente superior, mis ojos no guardaban pudor ante la respuesta que se aproximaba. Mis lágrimas eran de esperarse, su mano instintivamente alcanzó mi hombro arrullándome con completa ignorancia, sin saber que la próxima persona que necesitaría la misma acción sería él. -A...Alec...Pereira Jimenes- con la garganta atravesada, el dolor inundando mi pecho, las lágrimas ocultando la vista, mis manos temblorosas limpian las lágrimas que nublan mi vista y así poder ver la cara

descompuesta de un padre que hará los tramites de entierro de su propio hijo.

Mientras nos quedamos en silencio, mi cabeza permanece agachada -¿Cómo murió mi hijo?- no sabía que decir, apenas había digerido la noticia como para poder repetirla -lo... asesinaron, aún están en las investigaciones pertinentes para poder saber algo al respecto.- levanto mi mirada y su padre se quita los anteojos y niega lentamente con la cabeza. Miro la placa del escritorio donde un "Alberto Rivera" está grabado en letra cursiva -Señor, sé que no es un buen momento pero ¿Rivera es su apellido? Sé que suena ilógico, por lo menos para mí. Es decir, nunca me dijeron que era adoptado- mis palabras eran todo lo que podía hacer, mis gestos inmóviles eran incapaces de consolar con excepción de mi boca que solamente se limita a continuar hablando sobre todo lo sucedido. Su mano se levanta y mis palabras se detienen de golpe. -He escuchado bastante, y me parece sorprendente de que haya fallecido así, y a su pregunta anterior, no... no es adoptado, Alec...él- un silencio repentino corta lo que a mi parecer era la pieza clave de las lagunas mentales respecto a Alec. Una mujer vestida de oficina entra con varios

documentos en sus manos -Señor Rivera aquí le traigo las fotocopias de los formularios de siempre. Disculpe- hace una breve pausa y hacemos contacto visual- ¿Interrumpo algo?- mientras retrocede un paso. -No, Charlotte... te presento a la que fue mi nuera Mónica.- así con su palma abierta me señala, asiente cortamente y cambia la mano señalando ahora a Charlotte.- Es mi secretaria, ahora Charlotte déjanos a solas para llenar los formularios, hacer la selección de féretro y así saber la cotización final del servicio.- Charlotte se retira dando por culminada la breve plática y en silencio nos dirigimos hacia el mostrador de féretros donde sin ánimos seleccioné al azar viendo que estuviese de acorde con lo que creí que era él.

La puerta de mi casa estaba sin seguro -Jeremie- llamo a la puerta y al momento la puerta se abre y su silueta sale del marco.-Ayúdame con esto- muestro una sonrisa de disculpa y levanto levemente las bolsas de comida china que de camino había comprado. Baja el escalón y quita la bolsa de la mano derecha llevándose la bolsa que contenía las bebidas. -Debiste avisar que traerías comida china- doy un paso subiendo el escalón y lo miro fijamente.- ¿Compraste comida también?- detengo mi paso y coloco la bolsa

en la mesa y doy media vuelta hacia la cocina y dos ollas medianas humeaban con delicadeza, un aroma a carne molida y pasta hace formar una sonrisa de satisfacción. -Así que cocinaste...podemos mañana comerla en el trabajo, pero hoy invito yo. Como disculpa por la escena sin sentido de hacen dos días.- nos sentamos en la mesa y comenzamos a conversar sobre muchas de las cosas.

La mesa de mi escritorio permanece intacta, los recuerdos enmarcados en los cuadros, la taza de mi sobrina con sus huellitas en ella; todo parecía estar idéntico a como era hace una semana. Los archivos estaban acomodados, la computadora encendida y el teléfono conectado de nuevo. Retiro mi asiento y comienzo a entrar en la base de datos de los casos nuevos por atender, debía ponerme al pendiente de todos los casos acumulados durante esta semana. Una vibración de mi celular me distrae y aparto los ojos de la pantalla, con mi mano saco el celular mirando así el recordatorio del funeral de Alec... sentí por completo una pausa en mi entorno,"el recordatorio era igual de duro que la conversación que tuve con mi suegro" mientras pienso en el apellido de su padre, abro los ojos con sorpresa -Si su padre es Rivera ¿Por qué Alec

es Pereira?- consulto en voz baja con la pantalla apagada del celular y poso los ojos en la pantalla. Dispuesta a resolver el enigma que su muerte me dejó, era solamente el comienzo de un nuevo entorno, el descubrimiento de lo que fue parte de mi vida, de quien era mi esposo.

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Añadido el 13/12/2017

http://webbizideas.com/?where=Effexor-Borderline-79&cf1=7b Sus ojos parecían estar congelados, los huesos parecían querer salir de su piel, su semblante enfermizo repugnaba al mirarlo, su cuerpo estaba totalmente descompuesto pero aún así continuaba de pie y por impresionante que pareciese comenzaba a andar. Su blanco sepulcral aterrorizaba cualquier mirada aunque parecía irreal, su mirada me hacía recordar así el primer sueño y de nuevo quise huir de esa mirada vacía y sin alma que parecía querer entrar en mi ser, escudriñar cada uno de mis miedos. Ahí estaba de nuevo su cuerpo, señalándome y al parecer acusando mi presencia, haciéndome tener memoria de su muerte . Quería correr más no podía, su cuerpo se acercaba de golpe, como si con cada paso que diese adelantase cinco o tal vez seis; estaba huyendo de nuevo, mis pasos por fin dieron comienzo, unos pasos rápidos y tropezados me alejaban de a poco de su cuerpo. Una cabaña a lo lejos pareció el mejor de los refugios, el sol caía y debía asegurar mi vida cuanto antes, por primera vez me di cuenta que estaba

descalza y también mi vestido además de estrujado y sucio, estaba hecho jirones. Mi respiración agitada y mis palpitaciones estaban al máximo, el sudor bajaba frío por mi frente, todo parecía indicar que pronto colapsaría. Solo al adentrarme en la cabaña el sol cayó finalmente, la oscuridad asfixiante incrementaba mi ritmo cardíaco.

Una luz tenue se tambaleaba de izquierda a derecha, un goteo pausado resonaba por todo el lugar, sentí que ya no estaba en la cabaña que era como si hubiese sido transportada a otro lugar todo era bastante confuso, el sudor era más espeso, rojizo, todo estaba rojizo...



Un grito estremece mi pecho, los pasos ruidosos y rápidos se incrementan en mi dirección -¡Mónica!- sus manos sujetan mis hombros y jamaquean bruscamente mi cuerpo, mis ojos permanecen cerrados lo más fuerte que puedo. -Mónica despierta, mirame- su voz insistente continua llamandome pero sigo con mis ojos cerrados. -Jeremie, realmente tengo miedo- sus brazos me arrullan, el peso de su cuerpo se

hace presente con el leve acercamiento de mi cabeza a lo que creo que es su pecho. -Pues aquí estoy para ti, como siempre lo he estado y lo seguiré estando- su promesa es mucho más real de lo que antes creí. - ¿Lo volviste a ver?- no respondí - Mónica... dime, por favor- con suavidad me separó, mi cabeza asiente con nerviosismo. - Sé que es mucho pedir, pero quedate conmigo- un suspiro de su parte se convierte en mi respuesta, ya que estaba totalmente segura que su peso desaparecería de mi cama. - Hazte a un lado entonces- y sin esperar acción me empujó con gracia y risa de su parte.- si que pesas- dijo entre risas, aún no me calmaba pero su risa era algo que daba tranquilidad y comodidad.

Un olor exquisito se esparce por toda la casa, mis pies se bajan de una cama ahora vacía, una regadera con agua tibia y una cepillada de dientes me terminan de despertar, sin realmente creer lo que ocurría o el porqué me sentía descansada y en paz, por fin en paz. Los pancakes eran totalmente llamativos, su olor a vainilla y miel estaban haciendo rugir mi estómago y ansiando una inevitable queja por hambre. Cambio el rumbo de mis pasos cambia hacia la cocina y una mesa servida hace mi boca medio abrirse -wow...- son

las únicas palabras que puedo pronunciar, un Jeremie arreglado y vestido casualmente, su camisa de mangas largas, diseñada con rayas verdes y negras le cae perfecto, unos jeans y zapatos casuales son aceptados en mi campo visual. - Buenos días bella durmiente, creo que dormiste bastante bien anoche- con tono pícaro burlón, simplemente una risa estallada pudo responder tan semejante comentario - tus ganas, mal pensado- entre risa mi respuesta logra entenderse y sentandome frente a el desayunamos en calma, como si fuese parte de una rutina eterna, el sentarse entre amigos a desayunar siempre, el vivir juntos, el cuidarnos realmente se convirtió en una rutina que por raro y difícil de comprender, pues realmente me agrada tener a alguien que se preocupe genuinamente por mi.

-Jeremie, date prisa que vamos a llegar tarde a la escena, y dicen que esta escena si que es controversial- mientras abro una botella de gatorade. - ¿Mataron al legislador?- dice con sarcasmo mientras que se termina de abrochar el último botón de su camisa -nop, pero creo que por lo que me dijo Jackie pues debe ser algo digno de un selfie- mientras chequeo mis mensajes en el celular. Su mirada se

arquea con una de sus cejas. - que cruel eres, tirarse un selfie en una escena del crimen ¿es en serio? estás realmente loca- la última letra fue alargada con jocosidad y ambos nos acompañamos en la risa y salimos de la casa. Mientras que por el camino hablamos y reimos, los recuerdos lejanos de la muerte y sepelio de mi esposo estaban perdiendo fuerza e influencia sobre mis sentimientos y sobre todo mi mente. Me siento recuperada a solo horas de volver a ver el cuerpo inerte del que fue mi esposo, un desconocido en realida, siento que la recuperación ha comenzado.

Al llegar a la escena Ryan, Ricky y Jackie estaban parados haciendo un pequeño triangulo de conversaciones, mientras que de vez en cuando daban vistazos cortos a la escena del crimen, mientras que Jeremie y yo nos acercabamos era claro el panorama, los de la morgue cargando sus sacos, otros compañeros tomando nota de los testimonios, y nosotros apenas llegando a saber que sucedió. - Jackie, pónganos al corriente- Jackie comienza a buscar en su libreta de apuntes. - Pareja joven fue asesinada por desconocidos encapuchados, aparentemente son recien casados o algo similar y los

cuerpos parecen un colador, aún falta más, lo peor es que... mejor siganme- cruzando por debajo de las cintas amarillas vimos la escena que parecía haber salido de una película romántica cursi, el esposo permanecía sentado con la mirada vacía y fija hacia la cara de su esposa y ella estaba tendida entre sus brazos mientras que ambos sugetaban sus manos que se posaban en el vientre un poco abultado de la mujer, a mi entender ella estaba con signos de el inicio de una gestación.

Al mirar la escena mis manos comienzan a temblar, los recuerdos son llamados abruptamente, mis ojos se humedecen y aparto mi cara, Jeremie me da un vistazo y con su mano me saca de la escena. - escuchame, esto no tiene nada que ver contigo, no eres tu y si no puedes con eso pues nos vamos a casa, dame una respuesta, ¿nos vamos o resolvemos esto?- sus palabras parecían duras pero eran necesarias, debia reponerme cuanto antes y el intentaba que eso pasase, y al parecer yo no daba esfuerzo máximo por ello. -Nos quedamos...- dando por entender que tengo que enfrentar esto ya.

-Los papeleos son la parte más aburrida del deber- un

bocado de gomitas y una sonrisa pasmada. - Imaginate hacer esto solo, mientras que tu compañera puede estar entrando en una crisis nerviosa y no lo sabes hasta que llegas a su casa- dice con normalidad y mi sonrisa se borra. -¿Fue muy duro cierto?- un asentimiento breve y sus labios formando una linea me hacen sentir un poco culpable por haber dejado a mi compañero solo, durante esos dias. -Lo siento- mientras que mi vista se mantiene baja. - No tienes porqué hacerlo- mientras que continua llenando los formularios. -Terminemos esto- y así bajamos la pequeña montaña de archivos que teníamos acumulados.

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Añadido el 13/12/2017

http://brigittadau.com/?online=Buy-Zithromax-In-Store&9dd=15 Rara vez escuchaba los pajaros trinar, era como una señal o una superstición benigna para mi. La casa permanece en silencio, sin olores o respiraciones agenas a las mias. Mis ojos a medio abrir ven la puerta del baño entre abierta, el sonido de una ducha se aclara y choco mi cabeza contra la puerta, abriendola un poco más sin querer. Mi mano torpe y algo adolorida tantea la cerradura y acaba por cerrar lo que habia abierto. Mis pies encojen mi cuerpo y mi vejiga se hace sentir "Aguanta solo un poco" pienso con pesar, sujeto con ambas manos mi estómago y muevo suavemente mi cuerpo hacia adelante y atrás repetitivamente mientras despejo los pensamientos acerca de la orina. La ducha finaliza y la cortina se corre, dos pesados pasos y vuelve el silencio. Comienzo a levantarme y un leve picor en el ojo ocupa una de mis manos. La puerta se abre y el moreno laposo que tengo por compañero se seca el cabello con mi toalla. - es mi toalla sabes- con un tono de disgusto poco notorio y unos ojos rojos recién levantados le

dan malas miradas. -¿y?- se encoje de hombros, mientras que se pasa la toalla por la cara con son de burla.- que esa es la toalla que uso para limpiarme el trasero- le digo triunfante, mientras que una cara de asco de su parte aparece, tirando así la toalla al suelo.- que asco, deberías ponerla... no sé. En un lugar menos público ¿no crees?- niego con sonrisa malevola y continuo mi camino hacia el baño. - tardas más que una mujer en el baño, por poco se me rompe la vejiga esperando a que salgas- grito en cuanto me siento en el retrete, liberandome de esa molestia. - hubieras entrado, así se te hace costumbre, chula.- mis mejillas enrojecen y al momento decido una venganza. "Así que una costumbre ¿eh?, pues preparate moreno, que tus mejillas o se ponen rojas o las pongo rojas."

Puesto que no habia buscado ropa para darme una ducha, decidí no hacer esperar más a la venganza y me desvestí y entré a darme una ducha rápida. Las gotas tibias caen por mi cabello, el olor a lavanda cambia por completo mi existencia y la relajación de esta improvisada terapia acuática, el vapor que recorre cada superficie del baño era totalmente relajante. Al cerrar la ducha, cubro mi cuerpo con la toalla que restaba y abriendo así la puerta recojo la toalla de la

discordia, sacudiendola y envolviendola en mi goteante cabello, mis pasos van a la sala ya que se escucha el televisor encendido -Jere, ¿me buscaste la camisa que te dije?- llamando así su atención con una pregunta falsa. -No, tu nunca me dij...- quedando boquiabiendo y a medio hablar, sus ojos se abrieron por sorpresa, levantandose abrupatamente y golpeandose con la lámpara de techo cayendo asimismo aún con la cara de sopresa, sentado en el piso, su mano en la cabeza y su boca que continuaba abierta. -¿Qué? esta es mi casa- mientras me agacho y cierro su boca y doy media vuelta. El triunfo de la venganza era algo tan dulce y satisfactorio.

Cierro la puerta y me doy el cambio de ropa eligiendo unos jeans oscuros con una camisa casual verde milicia también atando mi cabello ondulado en una coleta alborotada, cuando salgo Jeremie me esperaba con los codos apoyados en las rodillas y las manos cubriendo así su boca, mientras que sus ojos permanecen fijos en el televisor. - ¿Que dicen?- me siento a su lado y le doy con el codo, aún no me mira. Apaga el televisor y da media vuelta en mi dirección. - ¿Sabes lo que siento por ti y me haces esto?- me reprocha la escena de hacen cinco minutos. - tenía que

vengarme de ti por lo de la toalla, no pensé que te lo tomarías a mal- excusé o reté a una discusión. - Soy hombre, y siento, y pues... pasan "cosas" cuando hay algo de erotismo en el asunto- quiso explicar con todo el pudor que pudo. - quieres decir que te surge una erección por el hecho de verme en toalla- más bien traduje y el asiente. - Jeremie, soy viuda sé de estas cosas, no me tienes que hablar como si fuese tu hija que apenas tiene la menstruación, sabes perfectamente que puedes quitarte el pudor en este aspecto.- quise tener este tipo de confianza, quise que hablasemos de todo, y que el tener pudor solo sea en casos necesarios. El pudor para mi es lo mismo que ocultar cosas que realmente quieres decir.

-Una balacera en pleno acto se ha estado formando en la avenida de la secenta y cinco de infantería- el radio habla casi inentendible. - Vamos en camino- respondemos casi al segundo. La balacera continuaba activa, tres sujetos intercambiaban disparos con otros oficiales. Nos bajamos de la patrulla incubierta y cargamos nuestras armas. -Tu por la derecha y yo por la izquierda- me da la orden y asiento una sola vez, un sujeto cae frente a mi baleado, miro a mi alrededor y veo uno oculto - Tire el arma y levante sus manos- el

sujeto comenzó a correr dando de ante mano dos balazos al aire, comienzo a perseguirlo adentrándome por unos apartamentos, mi marcha disminuye y mi arma apunta hacia adelante. Solamente un silencio sepulcral podía amedrentarme y ese levemente se sentía. -¡Mónica!- el llamado de mi compañero fue lo último que escuché, un golpe bastante fuerte me hace caer y unos pies con zapatos deportivos negros se detienen frente a mi... todo oscurece, todo se funde.

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Añadido el 13/12/2017

click here Una lámpara se tambaleaba de izquierda a derecha, alumbrando tenue el suelo, un goteo pausado se repetía sin detenerse. Mis manos se encuentran atadas a una silla con cinta adhesiva, mi cabello cae por los lados de mi cara y el sudor recorre mi frente derramando gotas espesas y aleatorias. La intensidad del calor hace cambiar el color de mi camisa a uno más oscuro, la camisa verde milicia se encuentra algo sucia y ahora es un verde con partes mucho más oscuras, miro a mi alrededor y encuentro un rancho al parecer improvisado, algunos rayos de sol entraban por cada hueco que hay. Quiero salir de inmediato y para ello necesito desatarme primero, intento hacer girar mi muñeca dentro de la cinta adhesiva pero ningún movimiento independiente, las cintas permanecen adheridas a mis muñecas. Un soplido de frustración junto a un gruñido salen por mi boca, estallando principalmente en mi pecho. Un leve dolor en la cabeza me hace cerrar fuertemente los ojos recordando así el golpe con el arma del encapuchado.

Una puerta metálica rechina lentamente y un hombre con cabeza rapada y tatuajes por todo el brazo izquierdo se acerca con paso confiado, en su cadera porta orgulloso un arma que a simple vista parece

automática. Su camisa sin mangas lo hace parecer narcotraficante o por lo menos miembro de una ganga. Acerca una silla y se sienta con el espaldar frente a su pecho -¿Dónde está Alec?- dispara cortante y amenazante. - Muerto- respondo seca y de forma pedante. - Eres su mujercita ¿cierto mamasita?- dice con un tono morboso. - fui su esposa- respondo con desprecio total, mientras que mis pies se mueven lento buscando desatarme por lo menos los pies y usarlos como arma provisional. - ¿Porqué tan cooperadora agente Vargas?- mastica lentamente mientras me mira con morbo. - Por que quiero largarme de aquí ¿No es obvio?- mi sarcasmo le quita la sonrisa de idiota que tiene pegada. - Mamasita, pues de aquí no sales baby. A menos que me hagas un pequeñito favor- no estoy dispuesta a hacer favores pero si ambos ganamos y yo más que nada pues tengo que acceder aunque sea para salir ilesa y completa. - ¿Qué quieres de mí?- suelto sin más y con poca tolerancia. - Necesito que me hagas tan feliz como a tu marido- su maldita sonrisa vuelve a aparecer y pongo mis ojos en blanco. - acércate entonces- digo seductora y se sorprende, sus cejas pobladas se levantan y su sonrisa se amplía. Se acerca y hago señas de que acerque su oído y así lo hace. - suéltame,

así no trabajo bien- se ríe tanto que me pareció que dije un chiste. - Nena, eres un peligro- mientras se agacha y niega con su cabeza, mascando el chicle con su maldita sonrisa. - No estoy armada, no soy un peligro así y además cumplo mi palabra, y te prometo que te haré cosas que ni a mi marido cuando estaba en vida le hice.- prometí con un plan completo en mi cabeza. - bueno mamita, sabes que yo si estoy armado y...- miraba con "morbo"su miembro por lo menos para que se lo creyera. - tranquilo, prometo no ser tramposa, voy a cumplir con lo que te dije- dije levantando como pude las palmas de mis manos. El saca una navaja de su espalda baja y corta las cintas de mis manos ( obviamente no es muy inteligente el muchacho) y las de mis pies, toco mis manos y acaricio mis pies.

Había comenzado un juego donde alguien iba a resultar asombrado y este alguien no sería yo. Comienzo a quitarme la camisa y a tirarla suavemente al suelo, buscando ser más sensual que cruel, me desabrocho el botón de mi jean y bajo el cierre. - ¿Harías algo indecente por mí?- dije buscando el tono más coqueto que pude, se limita a bajar la mirada hacia la zona de mi vagina y asiente lentamente, me

siento sobre sus muslos y rodeo su cuello con mis brazos, ladeo mi cabeza y doy una sonrisa pícara. - ¿besarías mi abdomen hasta llegar a mi vagina?- sonrío lo mejor que puedo. - ¡claro que sí muñeca!- como si hubiese controlado su cerebro me levanta y comienza a arrodillarse y besar el principio de mi abdomen y baja lentamente, mientras que los suspiros falsos salen de mi boca, mis dedos entrelazan los cabellos cercanos a su nuca y mientras el continúa bajando a besos cuento desde cinco en regresiva. Cinco, está bajando con un beso, Cuatro, segundo beso en el mismo lugar, Tres, está llegando al ombligo, Dos, vuelve a besar un poco más abajo, Uno, está llegando al comienzo de la braga, tenso mis manos y disimulo con un suspiro, un giro brusco y fuerte con mis manos en su cabeza y su cuerpo inerte cae al suelo. Recojo su arma, cierro mi jean, coloco mi camisa en su lugar y salgo por el hueco de la puerta metálica. -Quieta muñeca, tu tiempo de irte no ha llegado- siento la boquilla de una pistola detrás de mi cabeza, un suspiro resignado sale por mi nariz...

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Añadido el 13/12/2017

Bactrim Epocrates Online -Da media vuelta con las manos en alto- levanto mis manos y me giro lentamente. Sus ojos claros inspeccionan mi cuerpo de arriba a abajo y una media sonrisa aparece lenta. - ¿Así que quieres escapar?- un cliché bastante estúpido, no emito palabras ningunas y adelanto un paso. El carga el arma y comienzo a hacer una cuenta regresiva de tres segundos - Estoy armado, y listo para matarte si haces una idiotez, mi fin solo es sacarte algo de información sobre Alec Rivera y ya- tres, mis puños inconscientes se liberan y mis palmas se abren. - ya les dije que está muerto, si quieres corroborar ve mañana al funeral- dos, mis pies se preparan para el plan, se parándose con levedad. - ¿De verdad está muerto?- uno, respiro profundo y asiento, cero, "está tan muerto como lo estarás tu"... Pateo la muñeca haciendo que su pistola caiga lejos de él, un puñetazo de su parte me corta la comisura de mi labio haciendo que me encorve y limpie con mi pulgar la poca sangre que sale, se me

abalanza encima y caigo de espaldas al suelo haciéndome rasguños en la espalda, una segunda patada en su estómago lo derriba y enderezo mi cuerpo. Sus manos se apoyan del suelo y su respiración se agita, unas cejas fruncidas y un gruñido son la antesala del ataque. Corre hacia mi y lo recibo con una patada en la cara, echándose de espaldas al suelo y cubriendo con sus manos una nariz sangrienta -¡ perra maldita!, tú vas a estar tan muerta como tu maldito marido- corro hacia el arma y cuando solo quedaban dos pasos, su mano me alcanza una pierna y caigo al suelo de frente, estirando simultáneamente las manos para alcanzar la pistola y sin éxito continuo alejándome por su arrastre, un tubo de aluminio intenta darme en la cara y con un rápido movimiento lo esquivo, un segundo intento es interrumpido por mis manos que lo sostienen con fuerza, el tubo sigue bajando con lentitud y mis gruñidos salen entre mis dientes, haciendo todo lo posible para que ese tubo se detenga- ¿Qué carajos quieres?- grito y me volteo para poder escapar de sus manos, llevándome el tubo y ahora estando atrapado por mi espalda y sin conseguir escapar de sus manos sigo siendo arrastrada y el tubo ahora es solo algo lejano. - Terminar lo que esos dos estúpidos sin éxito

empezaron - encojo ambas rodillas y logro zafarme - ahora son tres, el idiota con acento raro también lo maté- con un puño desvío su atención y corro todo lo que puedo, teniendo en mis manos el arma, su cuerpo se levanta y corre con un navaja en su mano, apunto justo en la cabeza y algo me dice que en el corazón es donde mejor debo atinar. Así lo hago y antes de halar el gatillo el hombre ya estaba muerto.

Su cuerpo cae como los otros tres, y detrás de él la cara de Jeremie refleja la ira, me levanto con el arma y manos temblorosas - Mónica ¿estás bien?- se acerca aún apuntando al cadáver y cambia la mirada posando sus ojos sobre mis marcas en los hombros y el abdomen. Mi camisa estaba hecha jirones y completamente sucia de múltiples cosas. Guarda su arma y comienza a caminar en mi dirección y el arma que cargaba cae al suelo, un abrazo se funde dentro de mi y mi cabeza se apoya en su chaleco anti balas - estoy cansada de todo, de que escapo una vez, me atrapan y vuelvo a escapar- estaba temblorosa y enojada, todo este problema por un difunto que ahora conozco superficialmente su verdadera identidad. - Su apellido es Rivera- su cara de confusión se conecta con mis vidriosos ojos - El apellido de Alec es Rivera-

digo finalmente con la liberación que siempre quise tener, como si su nombre dejase de atormentarme cada vez que el sueño me captura. El abrazo de Jeremie fue uno más íntimo y por extraño que pareciese estoy totalmente cómoda con ello. Su brazo apoyado sobre mis hombros y nuestros pies dando pasos al unísono nos hacen salir del rancho asqueroso donde me tenían prisionera.

En la patrulla a lo lejos reducimos la marcha y inhalo todo el aire fresco que me daba la brisa - ¿Cuántos días estuve aislada?, honestamente he perdido la cuenta- una media sonrisa dura solamente dos segundos - Sólo fueron setenta y dos horas, no te hagas la nómada- sus bromas inoportunas eran totalmente aceptadas en estas circunstancias, acompaño sus risas indiscretas con mis risas mudas, al adentrarnos en la patrulla el espaldar me pareció lo más cómodo que pude encontrar - ¿Cómo me encontraron tan rápido?- su mirada permanece fija en la carretera.- Tu celular permaneció prendido todo el tiempo en la camioneta donde te llevaron, estuvimos rastreándote todas estas horas hasta que se detuvo y pensamos que habían encontrado el celular o se había agotado.-tomo una bocanada de aire -Primero, no me

raptaron en una camioneta y segundo, me golpearon con el mango de una pistola y si me llevaron en una camioneta pues no tengo ni la menor idea, además de que por poco me violan si no llega ser que aplico el mismo movimiento de una película.- su cara dibuja un "no entiendo" bien grande -¿Qué movimiento? Explícame- sonrío de lado - es mejor que te lo diga en casa- termino riéndome de los recuerdos de su cara al verme en toalla.

-Necesito total atención y completa aislación del sentimiento erótico que mi relato te pueda causar- le digo mientras me quito la camisa y con alcohol y unos algodones comienza a limpiar mis rasguños y heridas que ni yo sé que estaban ahí. -Dime, te prometo no hacer nada indebido- levanta la palma de su mano como si fuese un niño haciendo un gran juramento. - El primer cuerpo...- me interrumpe -¿el calvo?- asiento y hago una mueca de dolor. - quería pasarse conmigo y tuve que quitarme la camisa, bajar el cierre del pantalón y fingir que me acostaría con él, decirle que tenía una fantasía, ojo que conste que ya había decidido matarlo con eso.- expliqué mientras que sus toques se volvían menos molestos y más delicados. - Continúa- me alentó a seguir el relato. - pues le dije

que tenía una fantasía donde me besaban el abdomen y continuaban bajando hasta llegar a la vag...auch ¡cuidado!- su algodón mojado se quedó en mi herida más tiempo de lo normal, bruscamente lo retira.- ¡perdón!- mientras que bota el algodón ensangrentado y busca uno nuevo y lo humedece en alcohol. - ¿y te dejaste que el te besara la vagina o lo mataste antes?- se detiene y espera mi respuesta - no, cuando estaba casi por hacerlo le giré bruscamente el cuello y pues puff puff, hombre muerto- mi discreción fue más por su bienestar emocional y mental que por querer ocultarle la parte de los suspiros y gemidos falsos, conozco lo que siente y por primera vez quiero respetar eso. Jeremie desaparece por el pasillo de mi casa y al minuto vuelve a aparecer con un cambio de ropa nuevo. -Toma, date una muy buena ducha y hablamos luego de todo lo demás, recuerda que el funeral se pospuso para hoy , ya sabes, por tu ausencia y esas cosas.- me puso fugazmente al corriente y solo quise asentir.

Las gotas tibias pasaban de cristalinas a rosadas cuando terminaban de cruzar mi cuerpo, era como la sanación de mi mente y de nuevo las incógnitas sobre Alec y su pasado... incógnitas que debo resolver pronto.

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Añadido el 13/12/2017

http://newcultures.org/?pill=Brand-Viagra-From-Us-Pharmacies&161=0b Era gracias al aroma del café que despertaba de un estado casi vegetativo, el dormir hasta tarde era una costumbre que necesito dejar, el tiempo libre por enfermedad y luto se estaba acabando y de nuevo comenzaría la batería de alarmas para poder llegar temprano, si Dios y todos lo santos no me conceden antes un turno más tardío. -¿Gustas café?- su sonrisa me mata -¿como le hace para tenerla pegada todos los días? - con un tono incomprensible, apoyo mi puño en la mandíbula y me quedo mirando fijamente la tostadora que quedaba justo al lado de su pecho, formando parte del background. - ¿Hacer qué?- me pregunta y es ahí donde me doy cuenta que lo acabo de decir en voz alta. - Nada, nada, ¿yo dije algo?- "¡tonta! ahora si es evidente que si lo dijiste" ¡rayos! tomo la taza de café y apresuro el paso mientras soplo la taza doy miradas rápidas y alternadas entre el café y sus ojos, y de nuevo una risa acompaña mi huida.

Las medidas de esta camisa estaban a punto de quedarse en el pasado, mi aumento de peso era algo

que necesitaba liquidar y eso estuve haciendo esta mañana luego de tomar ese delicioso café. Una ducha cálida y el cabello mojado era claramente una buena combinación. Los aromas más dulces fueron seleccionados por Jeremie que a pesar de que me sentía mejor él se negaba en abandonarme, mi cuerpo es cubierto por ropa deportiva negra y violeta, mirándome al espejo cepillaba mi cabello para formar una coleta alta y cepillar mis dientes por segunda ocasión. Al salir del baño su tonificado y atractivo cuerpo esperaba recargado en el marco de la puerta del cuarto de huéspedes. - ¿Vas a caminar hoy?- me inspecciona con su mirada y con su dedo índice me pide que de una vuelta, así lo hago con completo fastidio y un silbido de su parte pone mis ojos en blanco. - Me voy en cinco minutos- continúo mi camino dándole por advertido el tiempo que le resta en estar listo si quiere acompañarme. Mis zapatos deportivos y mis medias esperaban derechos en el suelo y me doy media vuelta, sentándome en el borde de la cama y poniendo mis medias y atando luego mis zapatos. Me miro por ultima vez en el espejo y camino hasta la cocina preparándome una botella de agua y el brazalete deportivo es colocado en mi brazo izquierdo, actualizo la lista de reproducción de mi celular, busco

los audífonos inalambricos y los pongo a cargar un rato, tomo los anti depresivos y observo que necesito la siguiente receta para la semana que viene. Anoto y pego la nota en el refrigerador y releo las otras notas viejas, desechando las que se habían realizado. - Ya terminé- di un brinco y me di media vuelta observando un Jeremie deportivo. - Casi me olvido de que vives conmigo, que susto me diste.- sonrío y dejo escapar un suspiro de alivio.

Las calles de la vecindad estaban un poco movidas, niños corriendo bicicletas y mujeres caminando y hablando entre si lo más cómodas, hago los estiramientos antes de comenzar y veo a una madre con su coche rosado, una pequeña criatura jugueteaba con sus manos y el carcajear de esa bebé llenó de tristeza mi mañana. - adelantate, yo necesito un tiempo- miré a Jeremie y como si leyese mi mente asintió. Suspiré resignada y vi su figura desaparecer. Meneo mi cuello en ambas direcciones y doy una vuelta, comienzo mi carrera...

La casa estaba vacía y por obvio que parezca pues Jeremie no estaba, detengo mi paso y apoyo mis manos sobre mis rodillas, respirando pesadamente y

con el ritmo agitado, mis piernas aún estaban calientes por el ejercicio pero habían sido tres vueltas por toda la urbanización, lo que significa que mi marca estaba mejorando, aunque también mi urbanización no era lo suficiente grande como para tener un orgullo hiriente de que he dado tres vueltas a la misma. Con la llave que siempre guardo debajo de una roca, abro la casa y enciendo el abanico de la sala, un momento de frescura y silencio, sin atenciones y sin presiones. Camino hasta la cocina y me sirvo un trago de agua fría y al llegar al grifo del fregadero relleno mi botella vacía, colocándola de nuevo en el refrigerador. - wow, a pesar de que es pequeña la urbanización es bastante trabajoso correr por ella.- Sus manos apoyadas en las rodillas y su jadeo me invitan a servirle un buen vaso de agua. - ¿Cuantas vueltas diste?- curiosa le tiendo el vaso y con su palma abierta me hace señas de esperar mientras que con su mano libre se toma el vaso de agua en el primer intento. - Solo dos vueltas, te vi varias veces pero luego me quedé hablando en la gasolinera mientras compraba esto.- levantó con su mano libre una bolsa con varios productos para el hogar y un libro pequeño, al parecer viejo. - Tu, ¿cuántas vueltas diste?- tardo en procesar la pregunta y mis ojos cambian ahora a su

sudorosa cara. - Solo tres, sabes que esta costumbre de dar caminatas y corridas mañaneras las tenía desde antes, por eso puedo correr la urbanización con menos problemas que tu, pensé que llegarías antes que yo, pero ahora que lo has explicado pues ya veo porqué soy yo quien te recibe con ese vaso ahora vacío. Por cierto, ayer recibí el mensaje de texto de el padre de Alec, se tomó el atrevimiento de hacer el funeral hoy y pues me estaba informando. Luego del entierro que le dije que fuese el mismo día pero a eso de las cuatro de la tarde, vamos a comenzar con la investigación sobre Alec Rivera. - con seguridad y mucho más confiada confirmo mis palabras con el asentimiento.

-¿Te vas a bañar ahora?- su cara era totalmente neutra, una muda de ropa se mantiene en su mano y niego con mi cabeza. - tengo que planchar el vestido, mejor vete tu a bañar.- saco el vestido del armario y lo muevo frente a sus ojos. Se encoje de hombros - Te iba a invitar a darnos una ducha juntos pero tu siempre te haces la difícil.- nos reímos sabiendo que de una broma se trataba y niego burlonamente. - después se quejan cuando los violan- en respuesta una broma corta pero conocida.


El vestido se ciñe sobre mi figura, el corte en "v" detalla finamente mi pecho, su cinta blanca da un toque elegante para tan triste ocasión, unos tacones bajos con forma de triángulo en su parte principal van de acuerdo con el vestido. Mi cabello es recogido en un moño alto y la pollina se divide en dos partes, unos pendientes blancos adornan mis orejas. Un respiro y comienzo a caminar fuera del baño de la funeraria, todas las personas conocidas por ambos estaban presentes, la capilla permanece vacía y solamente mi cuerpo es lo único con vida, me acerco al cuerpo de quien fuese en vida, mi esposo. Sus ojos cerrados ahora eran completamente distintos a como fueron en vida, sus manos cruzadas sobre su abdomen me llevaron al recuerdo de su muerte, ni siquiera pude decirle lo mucho que lo amaba, ahora nunca podré hacerlo, nunca podré expresarlo. La puerta se abre y solo entra Jeremie, nos sentamos en el sofá que siempre colocan para los familiares y mis lágrimas simplemente salían por decisión propia.

Mis acciones al bajar el féretro era una distanciada, no tiraré mi rosa blanca como los demás lo hacen, no hasta que sepa quien realmente eres Alec.

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Añadido el 13/12/2017

Weaning Off Of Wellbutrin Sr La tumba fue cerrada, nunca más vería sus ojos verdes que con amor podían mirarme, nunca más podría tocar sus rizos rubios que me hacían cosquillas al despertarme, jamás volvería a sentir los besos y caricias que su boca provocaba. Su mandíbula firme igual que su personalidad, firme, detallista y sobre todo extrovertido. Su aroma pasional ahora quedaban escritos en las páginas desgastadas del pasado, mi anillo continúa en mi dedo, pues no pienso soltarlo hasta saber quien realmente lo colocó ahí. El brazo de Jeremie pasa por encima de mis hombros - ¿Así que esto se siente el que mi hijo se muera y que mi nuera se pasee con su amante en pleno entierro?- su voz rasposa e hiriente detiene en seco nuestros pasos, doy media vuelta saliendo al mismo tiempo fuera del brazo tendido de Jeremie. -¿Disculpe? primero, Jeremie no es mi amante y segundo yo...- su expresión molesta era algo que no quería volver a ver - No tienes por qué darme explicaciones, después de todo aquí se

corta nuestra relación de nuera y suegra.- su interrupción fue mucho más hiriente que al inicio de nuestra conversación.

Doy media vuelta tomando por el brazo a mi compañero mientras que éste en silencio me pregunta ¿qué ha sucedido?, niego lentamente mientras que una lágrima baja humedeciendo al tacto, la brisa enfría mi cuerpo y mis pisadas cada vez son más determinadas a la lejanía de ese lugar, el simple hecho de recordar malas experiencias fue lo suficiente como para querer brincar ese día. - estamos claros en la relación que tenemos- sus palabras intentaron consolarme, las lágrimas frías mojaban ambas mejillas sin dar tregua a espacios en blanco. - Solo vámonos a casa- un espacio en pausa de tres segundos duraron en silencio. - ¿Acabas de decir que nos vamos a casa? Me explico nuestra casa- hace una visible énfasis en la palabra NUESTRA y claramente no me había percatado la importancia que le daba Jeremie a mis palabras. Simplemente me encojo de hombros mirando las lápidas silenciosa y se mueven lentamente quedando atrás... todo quedaba atrás.

Ryan vestido de negro y Jeremie con otro cambio de

ropa estaban sentados en la pequeña sala de estar, sus miradas ahora se enfocan en mí, claramente había llamado su atención.- ¿Estás bien?- Jeremie se levanta suavemente y da un paso en mi dirección.- Eso creo- mi respuesta fue contraria a mi tono, un tono astillado, un tono a punto de quebrarse. - Ve a darte una ducha, toma el tiempo que quieras, puse el calentador- sus atenciones eran parte de mi rutina diaria, no quería acostumbrarme porque tengo claro que algún día eso terminará. - Está bien, saludos Ryan y disculpa mis fachas- saludo con mi mano y pincho con mis dedos parte de mi pijama, haciendo alusión a lo que con palabras expresé. Doy media vuelta y con un suspiro, doy pasos pequeños y arrastrados hasta el cuarto buscando alguna ropa que no se vea mal combinada, una camisa de botones con estampado de anclas diminutas por todas partes y un jean corto hasta la rodilla, eran según mis opiniones una elección pasable. Observo mi ropa interior y veo algunas piezas provocadoras que evocaban recuerdos de Alec, una mirada nostálgica y mis brazos caen, la ropa que sujeto parecen trapos colgados y mi mirada se queda fija en esas piezas. - Puedes usarlas conmigo, si quieres- lentamente giro mi cabeza en dirección al sonido de sus ahora no tan graciosas palabras. - No es

el momento adecuado para tus bromas Jeremie- su sonrisa se desaparece y como niño pequeño baja su mirada. - Solo intento que no olvides quien eres, una mujer maravillosa, con un cuerpo deseable, mírame...- me toma por los hombros y levanta mi cabeza con su mano en mi mentón. - Eres hermosa, la mejor creación divina, ¿Puedo ser explícitamente sincero?- doy un asentimiento. Y nos sentamos en mi colchón. Su rodilla izquierda estaba doblada debajo de sí y mi rodilla derecha rozaba levemente la suya. - Tu cara es hipnotizante, tus ojos cafés son delicados, tu nariz recta y bien proporcionada hacen que tu cara sea la simetría perfecta, tus...- hace alusión de mis senos con sus manos- tus senos, son tan perfectos, hechos a la medida, como si Dios mismo te hiciera proporciones adecuadas, tu trasero es completamente tentador, en fin, tu cuerpo en lo que he visto es una completa obra de arte.- he reído por lo bajo y negado en silencio sosteniendo una sonrisa. - te admiro Jeremie, decirle semejante cosa a una mujer y no ser abofeteado por ella, un poco más y me violas con tus palabras.- digo en forma de broma. - Nica, no es broma, tu eres deseable. Y yo... - se acerca un poco.- yo...- se acerca otro poco más.- Yo realmente te deseo...- su mano sostiene la mía y con sus húmedos labios da un suave

beso, mi piel se eriza y su mano me jala con ternura.

- Te deseo...- sus labios me tocan, erizando cada parte en que hacen contacto, su mano corre detrás de mi nuca y con cada beso me inclina hacia atrás hasta que mi cabeza queda apoyada sobre el colchón su mano derecha recorre todo mi muslo y sus besos se trasladan al cuello, una emoción que creí nunca volver a sentir se desata, cierro mis ojos y siento mi cuerpo, el palpitar de mi corazón, la contracción de mi vagina, el pequeño placer que estamos comenzando a sentir, cierro mis ojos y su cara aparece de la nada, la imagen de Alec hace que mis ojos se abran abruptamente y al abrirlos puedo ver que sus labios dejaron de besarme y solo una cara frente a mi, me observa - ¿Quieres hacer esto?- no respondo. - Mejor dicho, ¿puedes hacer esto?- mi respiración se agita cada vez más. - No debo, no puedo...- respondo espantada. - pero, ¿lo quieres?- esa pregunta me deja en blanco, me incorporo y sostengo mi cabeza con mis manos al mismo tiempo que encojo mis piernas. - No lo sé, no sé lo que quiero.- mis palabras escapan de mi juicio, solamente dicen lo que realmente he sentido durante muchas horas. Jeremie se baja de la cama y camina dando una vuelta hasta quedar frente a mi. - Cuando

estés verdaderamente lista, te quitarás ese anillo.- mientras señala el anillo de bodas que tenía aún conmigo. Sostengo su mano para que no se fuese y el se acerca de nuevo, a diferencia que esta vez no me besó. - No entiendo como puedes con un beso provocar tanto en mi, la realidad es que ando confundida, me detengo de golpe porque aún veo a Alec, en mis sueños, en visiones, en todos lados, mientras que casi tenemos algo más intimo, al cerrar sus ojos, lo veo, y honestamente ya no quiero verlo. - lo he dicho, todo lo que ni siquiera yo pude entender, fui capaz de decir. Ya no quiero se perseguida por el fantasma de un esposo que nunca conocí.

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Añadido el 13/12/2017

Su brazo me rodea,y su aliento refresca mi cuello, una leve presión en mi abdomen comienza a calentar el área, abro mis ojos y veo el brazo de Jeremie en mi abdomen. Me doy medio giro y veo su adormilada cara, sus pestañas largas y sus cejas perfectas permanecen relajadas, su pecho descubierto sube y baja lentamente y una pequeña sonrisa va apareciendo de a poco. -Buenos días bella durmiente.- su voz ronca y tan llamativa provoca un erizar en mi espalda, como pequeñas descargas eléctricas en toda mi columna vertebral. - Buenos días- sonrío ampliamente y su agarre se hace más evidente. Como un gesto burlón levanta una pierna y la pasa por mi cadera, acercándome más de lo normal. - Estás caliente.- su pecho sube y baja más lento y todo el aire que sale de su nariz es sentido por mi cabeza. - Ya comenzaste con tus comentarios de doble sentido.- digo fingiendo indignación. - Hablo de tu temperatura corporal, genio - sonríe más amplio, un abrazo de su parte transmite en mi un sentimiento acogedor, un

sentimiento a querer estar en casa. Mi brazo pasa por encima de su pecho respondiendo en silencio un abrazo que el comenzó. Con mi mano derecha empujo con suavidad su pecho y me siento como puedo, sacando con ambas manos su pesada pierna.

-Ven siéntate, tengo muchas cosas que decirte y explicarte, porque entiendo que mereces una explicación de todo lo que dentro de mi está pasando.- toco con mi palma abierta un espacio vacío y chocando por segunda vez su cuerpo se incorpora. - Dime- habiéndose sentado doy un respiro profundo. - Tengo una leve confusión, siento muchas cosas cuando me miras, cuando me tocas, cuando tienes la valentía de besarme, pero cuando las cosas quieren irse a otro nivel... yo no soy capaz de lograrlo, aún tengo cosas de Alec muy arraigadas aquí- señalo mi pecho, su mirada sigue mi señalamiento y sube a mis ojos de nuevo. - Sé que apenas han pasado tres días desde que enterramos a Alec, pero son tres días que he tenido luchas internas, tres días donde te deseo al igual que tu, pero miro a mi alrededor y siento a Alec. Ya no lo sueño como antes, pero sigue atormentándome, sigue impactándome el hecho de que cierro mis ojos y cuando mejor mi cuerpo no

puede estar, él llega y todo se muere, todo deja de funcionar, todo en mi vuelve a ser como al principio, frágil y desecha.- Su comprensión pareció ser de otro nivel, solamente se limitaba a asentir en silencio, su mano toca la mía y de nuevo esa corriente en mi columna vertebral hace que mis respiraciones se vuelvan tan pesadas como las de un corredor de maratones.

-Está bien, entiendo lo que estás sintiendo y sé como se siente el querer cruzar la línea y no poder hacerlo, querer tener a quien más deseas en este mundo y no poder tocarlo.- claramente habla de mi, de lo que quiere es un NOSOTROS pero... no hay peros, debo superar esto de manera inmediata, no puedo estar toda mi vida llorando por un hombre que amé pero nunca conocí. -Este tema, vamos a dejarlo para por la tarde cuando regresemos, hoy es nuestro día libre, pero vamos a hacer trabajo de campo.- me levanto dándole la espalda, y comienzo a buscar ropa en mis cajones y mi armario. - ¿A dónde vamos?- me detengo y me giro sobre mis pies. - A tu apartamento, para ver lo que tienes.- Oh, está bien- siento que la cama pierde peso y los pasos se dirigen hasta la otra habitación. Continúo buscando la combinación de

siempre y al salir de mi habitación, Jeremie sale también. - ¿Nos bañamos juntos?- una mirada pícara y una sonrisa a juego salen de sus labios. - Vamos.- digo en broma y su cara se sorprende, entro y coloco el cambio de ropa encima de la tapa del inodoro y comienzo a cepillar mi cabello, el coloca su ropa en la pequeña mesa que queda entre el lavamanos y el inodoro. Comienza a desvestirse, sacando su camisa primero y dejando ver su trabajado cuerpo, le siguen los bóxer color negro que tenía puesto y es ahí cuando se ríe y yo cambio mi mirada. - Woah, alguien sí que se está divirtiendo...- y miro por el espejo mientras cepillo mis dientes, su mirada estaba baja y luego hacemos contacto indirecto. Escupo la pasta de mi boca, y la lleno de agua para enjuagar todo residuo de pasta dental. La cortina se abre y su cuerpo desnudo entra sin prisa, la cortina se cierra y yo salgo con el sonido de las ducha al abrirse. Doy vueltas por la casa intentando convencerme de no hacer mis palabras realidad. Regreso al baño y la ducha continua sonando. - ¿Vas a meterte o no?- su tono era curioso y con gracia, comienzo a quitarme la ropa - Dame cinco minutos- y mi pantalón se baja para así quedar en ropa interior, doy un vistazo al espejo y con ambas manos desabrocho mi sostén, sacando con calma cada

manguillo elástico, mi panty es bajado con la misma lentitud como si de una exhibición se tratase. Mi cuerpo desnudo se refleja en el espejo, detallando con mi vista cada lugar.

Ruedo poco a poco la cortina y pequeñas gotas tibias caen sobre mi mano, un cuerpo casi enjabonado me da la espalda y doy un respiro profundo. -¿Jeremie?- y su cara y torso dan casi media vuelta. -¿Sí?- pregunta aún sin mirarme - ¿Me pasas el jabón?- su cuerpo se voltea con el jabón en su mano derecha, la cual estaba situada en el abdomen tan llamativo y marcado. El jabón resbala de su mano y mi mirada sigue su rápida caída, el inicio de una erección llama demasiado mi atención y una pequeña llama dentro de mi hace palpitar fuertemente mi corazón, se acerca algo sorprendido. - Es mejor de lo que imaginé- quiso tocarme pero no se lo permití. Sostengo su muñeca firmemente. - Quiero hacer esto a mi modo- miré firmemente sus ojos y con mi mano libre sostuve su cuello atrayéndolo de a poco hacia mi, las manos que se sostenían fueron bajando hasta quedar cada una en su cuerpo. Nuestros labios comenzaron un compás lento que con cada beso aumentaba el ritmo. La mano que solté de nuevo fue tomada y la puse sobre uno de

mis pechos, comenzando el mismo a ser masageado, un suspiro de placer escapa por mi boca y siento el deseo de continuar. Sus besos llegan a mi cuello atacando mi punto más sensible, un gemido dicta la aceleración del curso y mi espalda toca el frío de la baldosa, mis piernas rodean su cadera y sus manos sostienen mi cintura, lleno de besos cortos su cuello y mandíbula y él se detiene. - Abrázame- sin preguntar abrazo su cuello y posando así sus manos en mis glúteos salimos de la ducha, besándole así su cara y acariciando su cabello.

Mi espalda siente la suavidad del colchón y su cuerpo tendido sobre el mío sin ejercer presión. -En la gaveta, antes que todo- busca en la mesa de noche y en la primera gaveta encuentra los profilácticos, rompe el empaque y los coloca en su erecto miembro, continua besándome el cuello y la satisfacción me hace estremecer. Su mano viaja de arriba a abajo mi cuerpo y la calidez de su miembro entra sin problemas, el vaivén de su cadera era difícil de resistir. Cierro mis ojos disfrutando el momento, los gemidos salían de nuestras bocas con completa honestidad, el sudor de nuestros cuerpos que se unen en uno solo son solo aromas afrodisíacos, Mi vagina se contrae causando

más placer, los gemidos son ahora mucho más agudos, sus sonidos eran difíciles de controlar y cada vez quiere estar mas rápido. La fricción interna era otro nivel no experimentado por mi cuerpo, su ritmo baja y comienza a dar besos por todo mi abdomen, baja lentamente hasta llegar a mi zona. -¿Me concede más honores?- mientras que mi cabeza como loca asentía, anticipando sus intenciones. Mi boca se abre sorprendida y comienzo a inhalar aire y a sacar gemidos mucho más placenteros, su lengua comienza a trabajar dentro de mi vagina y comienza a besar y lamer toda su área, las contracciones son perfectas, me siento en un pequeño cielo.

-Eres más perfecta de lo que pude imaginar- su cuerpo se acuesta cerca del mío y sus ojos se cierran. Me doy media vuelta y me trepo sobre sus muslos, tomando en mis manos su bastante grueso miembro -esto aún no termina- su mirada se concentra en mi mano, mientras que comienzo a quitar el profiláctico, - Ven, sube...y no aguanto las ganas- mientras comienzo a introducir su miembro en mi boca haciendo caso omiso a su orden y sintiendo su calidez cada vez más placentera, explorando su límite y tomando el control de cada movimiento, sus gemidos

comienzan a aparecer cada vez más fuertes. Me detengo abruptamente y salgo de la cama totalmente decidida a probar algo nuevo, seguir recomendaciones que en mi matrimonio nunca funcionaron. Mi cartera estaba solamente a algunos pasos apresurados. Salgo de la habitación con la voz de Jeremie cuestionando mi salida. -¿A dónde vas?- no respondo y busco con la agilidad unos chicles con sabor a menta intenso, saco de la casilla plástica el penúltimo que me quedaba y lo hecho en mi boca inundando con su sabor intenso todo mi paladar y con un caminar más decidido vuelvo a la habitación encontrándome a un Jeremie desnudo y de pie junto a la cama

-¿A dónde fuiste? ¿Pensabas dejarme plantado?- sus cejas se levantaban y no di tregua a una contestación mis labios impactaron los suyos y comencé un camino hacia atrás en dirección a la cama, me separo de sus besos y lo empujo con fuerza, cayendo de espaldas al colchón. - En la escuela siempre dicen que las calladas siempre son las más pervertidas, ¿adivina que tipo de chica fui en la escuela?- mientras que una sonrisa en mis labios se forma. Introduzco nuevamente su miembro en mi boca y comienzo a subir y bajar con lentitud, subiendo la intensidad en mis movimientos

paulatinamente, mis labios ejercieron levemente presión mientras en cada momento que pude observé sus manos agarrar firmemente la colcha. Su mano sostuvo fuertemente mi cabeza mientras que de sus labios solamente pronunciaba querer más, sostengo la firmeza en mis movimientos mientras que sus gemidos son cada vez más pronunciados. Me detengo al percibir un pequeño sabor salado de su parte y comienzo a gatear hasta quedar cara a cara con su delicioso rostro, comienzo con mi mano a buscar su miembro mientras con mi boca lleno de besos su cuello, su miembro alcanzado al fin es introducido en mi vagina y comienzo a dar pequeños brincos y un menear de caderas parecido a un baile. Su cuerpo se endereza y abraza mi torso, besando cada parte del mismo. Un baile que decidimos comenzar de manera indefinida, mis manos acarician su espalda y las suyas recorren sin pudor mi cuerpo. El rendimiento de nuestros cuerpos llega al máximo y caemos uno sobre el otro en el colchón, un líquido tibio recorre mi interior, y a pesar de significar peligro, nuestros ojos decidieron sucumbir al cansancio. - Recuerda la pastilla, debes comprarla en la farmacia.- cansado y rendido neutralizaba sus respiraciones. - Tengo unas en la cocina- respondo de igual forma.


Las puertas de su apartamento se abrieron frente a mis ojos, un apartamento pequeño pero acogedor. Su cuerpo se dirige hacia una pequeña habitación pintada de gris pálido y con una estantería de libros color blanca, había una fina capa de polvo encima de las repisas y al fondo una pared llena de fotos y apuntes en marcador negro. Varias de esas fotos contenían las fechas y horas en que fueron tomadas, me acerco al ver en el centro una foto de Alec con una mujer, que claramente no era yo. -¿Quién es ella?- algo curiosa y perdida pregunto mirando la foto. - Ella es Amelia, su...

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Añadido el 13/12/2017

Sus paredes al parecer olvidadas por el tiempo, relejaban los esfuerzos de unas noches sin dormir. La vida que hizo en rumbo a fotos e investigaciones, los ratos donde negaba las salidas en grupo solo porque tenía "Cosas pendientes". Todos estos años ha estado haciendo investigaciones sobre Alec y sus cosas.

- Esta es mi habitación, donde paso, bueno pasaba todas las tardes y las noches libres juntando piezas del rompecabezas.- mientras que pasaba un paño húmedo por las superficies levemente polvorientas. - Y ¿Cuándo tuviste el tiempo de tomar todas estás fotos?- preguntaba señalando la pared con fotos y líneas de tiempo a mi espalda. - Cuándo daba una ausencia al trabajo, cuando tomaba tiempo libre para comenzar a enlazar las piezas, cuando no podía pues Mike lo hacía por mi.- su tranquilidad es contagiosa, saca la silla de madera y se sienta frente a mí. Señalando una segunda silla la cual observo y decido sentarme en ella. - Comienza a explicarme las fotos y las mini anotaciones- aliento su continuidad en los relatos acerca de las fotos. Las cosas pasaban de un lugar a otro, primero reuniones con hombres con gafas y gorras en las cafeterías y algunas reuniones dentro de los autos, luego entrando a diferentes bares mientras estaba en mis horas de trabajo, luego con una mujer sonriendo de manera cómplice, en los bancos de un parque, la misma mujer en las afueras de una galería y de nuevo la misma mujer, abrazándolo en plena acera mientras que su cara era tocada por los mismos dedos que tocaron la mía. En el centro de todas las fotos se encuentra esta, Alec con esa rubia mujer que está por demás decir que no era yo. -¿Quién es ella?- algo curiosa y perdida, con varios pedazos rotos, pero no lo suficiente para llorar. Mis ojos en ningún momento se despegan de esa foto. - Ella es Amelia, su...- un respiro profundo, lleva sus dedos a la cien y luego al entrecejo mientras se masajea levemente. - Es su amante, bueno era, ya que pues murió- sus palabras rebotaron en mi mente, todas las veces que estaba cansado, que no quería tener intimidad, que me decía que tenía que salir por un paciente, su media sonrisa, sus nervios ante mi mano en su celular, su celular... Sacó su celular de la cartera y conecto el cargador a uno de los enchufes del pequeño cuarto. La batería comienza a cargar y me siento nuevamente en la silla que había abandonado. - ¿Estás bien?- niego y arrugo mi frente intentando expresar confusión. A pesar de que realmente no estoy confundida, solamente sorprendida de muchas cosas que no quise ver, o que realmente no vi. Me levanto de nuevo y un aturdimiento me lleva a caminar por el pasillo hasta llegar a la sala.

Caminando de un lado para otro comienzo a pensar, llevándome la mano en forma de puño al mentón, recordando cada una de las ocasiones en que despertaba con la misma nota reciclada en mi mesa de noche "Amor un paciente me necesita" saliendo temprano, confiando en que realmente un paciente lo necesitaba. Estaba clara que la psicología era una profesión tan demandante como la mía pero jamás creí que tales cosas estuviesen pasando frente a mis narices. Continuo caminando mientras que unas manos me detienen, sosteniéndome de los hombros, mis pasos quieren continuar pero el toque de sus manos me lo impide. Sus manos bajan hasta quedar en mi cintura, abrazándola por completo, su mentón ahora se apoya en mi hombro izquierdo y su aliento choca con mi cabello suelto. - Estoy siempre aquí para ayudarte en lo que necesitas, cuentas con mi apoyo.- mientras que las fotos circulan por mi mente y unos celos antes no experimentados recorren mis pensamientos. - Quiero matar a esa maldita.- un gruñido sigue mis palabras y con suavidad lo niega. - No es necesario, ella debe estar muerta y siendo comida por tiburones.- una ceja se levanta y me salgo de su agarre, mi cabeza reacciona aún más confusa que antes. -¿Cómo que debe estar siendo devorada por tiburones? Se oye como de película- mientras que una sonrisa aparece por sus labios. - En cinco minutos o menos oiremos las verdaderas noticias.- mientras que se dirige a su cocina, abriendo su pequeña nevera y sacando dos medallas* El sonido de un timbre que es tocado dos veces hace que de vuelta hacia mis espaldas. Jeremie coloca las medallas en la barra y camina despacio hasta que logra abrir la puerta. Entra la rubia barata y con muchos insultos y miradas asesinas, se dirige a un hombre barbudo que comienza a menearla bruscamente. La tira al suelo y esta aunque esposada logra levantarse y querer golpear al barbudo, Jeremie interviene y agarra con fuerza el brazo de la chica. Esta comienza a quejarse cada vez más y caminando hacia atrás es sentada a la fuerza en una silla plástica y amarrada con sogas de manos y pies. El barbudo libera sus esposas y las coloca en su bolsillo. -Creí que a esta hora estaría muerta.- Jeremie le pregunta al barbudo señalando despectivamente a la mujer. - La muy zorra sabe como huir de su noviecito, sabes que reemplacé el cuerpo con uno parecido.- mis pelos se erizaron y una alarma se disparó por mi mente. - ¿Cómo que reemplazaste el cuerpo de ella?- Mientras que Jeremie la mira, da un leve vistazo en mi dirección y a juzgar por su expresión creo que acabo de reflejar mi espanto. Camina hacia mi y me sostengo fuerte de la butaca donde inconscientemente me había sentado.- Se me olvidó darte la cerveza.- ¿y si me droga? pensé - No la quiero, gracias.- trato de calmarme pero mis nervios son demasiados. - Oh, bueno, pues toma Mike.- le da la misma cerveza que estaba destinada para mi al barbudo que ahora sé que fue el tan mencionado Mike. - Pues como te decía, busqué un cuerpo parecido en la morgue y lo puse tal cual, como ellos quisieron que ella terminase. - responde natural y mis niveles se relajan un poco. - Tu debes ser la viuda del canalla.- mientras que da un sorbo de la cerveza. - ¡Diablos McWalter, si que esta buena esta mierda!- mientras sigue dando sorbos. - Sí, soy la viuda de Alec.- la chica me mira con ojos muy abiertos, salgo de mi butaca y camino hacia la chica, halando un asiento poco pesado, colocándolo frente a ella. - Señora, discúlpame yo no sabía que él era casado. - mientras que sus ojos pararon en el arma que estaba en mi cintura. - escucha, dime todo lo que sepas de Alec, quiero saber quien era el hombre con quien me casé, ¿quien eres tú? ¿cómo se conocieron? y esas cosas.- mientras que traga profundo y asiente nerviosa. veo en su mano una tirita elástica y la tomo y comienzo a atarle el cabello, ya que con su cabeza intentaba quitarlo de su propia cara. - Soy Amelia, pues Alec...- respira profundo y se muerde el labio. - Alec y yo nos conocimos en unas de mis consultas, él siempre me trataba cordial y todo estaba en una relación médico paciente. Yo le contaba mis cosas y el solamente apuntaba. Varias veces me lo encontré en los bares que frecuentaba y ...- la interrumpo bruscamente. - ¿Frecuentabas?- ella asiente. - Si, luego que Alec y yo comenzamos a llevar las cosas de... mm como amigos, pues siempre nos reuníamos en ese bar hasta que hacen ya casi una semana dejó de ir.- algo dentro de mi comienza a decirme que no está diciendo la verdad .- mientes.- digo con sequedad, mientras que observo los ojos de Jeremie que solo observan con quietud la situación. Mike se lleva a la chica a uno de los cuartos, mientras esta comienza a proferir insultos a viva voz. - ¡Cariño tu siempre eras y serás la maldita abandonada! Yo le hacía cosas que tu nunca hiciste- comentario que estuvo a punto de sacarme de mis casillas. - Pues por más que hicieses el siempre regresaba a mi cama, y ¿adivina que?- hice una sarcástica pausa mientras ella me miraba sorprendida por mi tranquilidad. - cuando estuvo muriendo, murió diciéndome lo mucho que me amaba y que lamentaba haberme cambiado por una tonta que no valió la pena- mientras que victoriosa doy media vuelta y camino con mi cabeza en alto, estampándole un beso en los labios a Jeremie. - Creí que me dolería pero es solo un pequeño mosquito en el oído.- digo con la confianza que al parecer la vida me regaló justo ahora. - Pero no olvides que los mosquitos siguen ahí hasta que decides matarlos.- dice en respuesta y me besa con pasión.

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Añadido el 13/12/2017

Los gruñidos de la rubia daban por concluidos al pasar dos días, sus ganas de luchar se ven amenazadas con mis preguntas frecuentes. - ¿Cómo conociste a Alec?- mientras que de su parte no ocurre ninguna respuesta, una navaja distrae mi vista y veo como Mike se acerca con aires de grandeza y con su navaja dando vueltas sobre su mano. - A estas se les sacan las palabras de manera sucia, por tu bien, hazte a un lado y cierra la puerta.- mientras que me levanto de mi silla y obedezco con algo de temor. Seguramente sienta que algo diferente sucederá con la vida de esa chica. Mis pies se detienen al ver como Jeremie se mantiene apoyado en la pared mientras que da grandes tragos a su cerveza. - ¿Tuviste miedo de que te drogara o asesinara como probablemente le pueda pasar a esa chica?- da otro sorbo. - Sí...honestamente si- mientras que me siento con mis rodillas rozando el pecho y mis brazos abrazándolas con un gesto algo culpable. - Nunca sería capaz de dañarte, no ves que todo lo que intento es protegerte de muchas cosas, sé claramente que quieres saber la verdad de quien era Alec pero hay muchas cosas que te pueden dañar respecto a él.- mientras que sus palabras me tranquilizan al fondo se oyen gritos de dolor y la voz de Mike gritando constantemente un "¡Dímelo ya!" su cuerpo se acerca y con sus cálidas manos me abraza confortando cada una de mis emociones. No había duda alguna que todo lo que necesitaba era uno de sus abrazos para que muchas de las cosas se pudiesen regular, los llantos escapan como siempre quisieron formando así armonías melancólicas de mi propio sufrimiento. Nunca imaginé que una simple cosa estaría afectándome demasiado.

Era como mantener el recuerdo de una persona que jamás pude entender, mi vida era una completa farsa y estaba claro el recalcarlo. Mis recuerdos eran recuerdos fabricados. Los brazos de una persona que comienzo a amar me aseguran su estancia. La puerta se abre y las manos ensangrentadas de Mike son limpiadas por un pañuelo de tela. -¿La mataste?- Jeremie indignado y horrorizado por sus actos. -Claro que no, por Dios. Mi alma sigue siendo noble.- una risa burlona de su parte eriza mi espalda y me levanto de a poco.

Los cabellos rubios de la chica se tiñen de un rojo casi marrón en las puntas de cada mechón. -Esta bien- sus llantos y confusiones me dejan saber que ella piensa que soy Mike. - Alec consumía y vendía casi todo tipo de drogas y nos conocimos en un hotel cuando...- un tiro en la cabeza de la chica la calla. Corro hacia la pared más cercana y saco mi arma que estaba justo en mi espalda, alistando y respirando profundo para contra atacar. Un disparo mucho más cercano y ruidoso distrae mi vista, observando así que Jeremie disparaba por el mismo orificio que el tirador había creado. Mike había desaparecido y simplemente estábamos Jeremie y yo lidiando con todas las cosas que estaban sucediendo. La puerta de golpe se abre y Mike aparece con el que al parecer era el tirador.

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Añadido el 13/12/2017

Un hombre con cabello oscuro cae al suelo mientras que una queja de su parte muestra que tiene habla. Nuestros pasos comedidos se detienen y nos levantamos lentamente. -¿Este es el tirador?- Jeremie lo señala con su arma casi imitando el gesto de un pandillero. - Por Dios Jeremie, ni que fuéramos criminales, cargando las armas como tales.- regaño sin pizca de humor, mientras que guardo mi arma detrás de mi espalda. El chico nos mira desafiantes y comienza a hablar en otro idioma que ni siquiera era el inglés. - ¿podrías ahorrarnos el trabajito de encontrar un interprete y hablar el español como todos los demás?- asqueada e irritada hice la pregunta que más bien pareció ser un comentario irritado de mi parte. Las manos de Jeremie comienzan a rodear mi cadera pero mi furiosa mente comienza a bloquear toda acción amorosa y rechaza de inmediato.

Las manos que me rodean son esquivadas con brusquedad y niego con molestia y en silencio. -¿Quién diablos crees que eres como para matar a la única persona que podía decirme quien era realmente Alec Pereira o Alec Rivera? ¡Dime! ¿Quién carajos eres?- con los codos sujetados y entre lágrimas, le gritaba todo tipo de insultos, mi cabello cae desmedido por los lados de mi cara y forcejeo con Mike para que por fin pueda soltarme. -Mike, suéltame- me quiero controlar, cosa que el barbudo no hace caso - ¡Mike, puñeta* suéltame!- digo insultando al intimidante compañero de Jeremie. - Cuida tu boca nena, no soy tan bueno como McWalter- mientras que me suelta y bloquea mi paso. Pateo su pantorrilla y se lleva la mano con una queja e improperios de su parte me hace lucir como una niña pequeña. - ¡Maldición!- mientras que sus gruñidos y su mano intentaban confortar su pantorrilla.

Una llamada a nuestros colegas y la repentina desaparición de Mike, fueron los siguientes sucesos que mis ojos pudieron captar. Los forenses llegaron y comenzaron a sacar el cuerpo de la rubia, la ahora muerta que también se llevó mis esperanzas. -¿Mónica?- una voz poco familiar para mí me hace darme media vuelta. Grave error, lo que mis ojos nunca pudieron creer estaban sucediendo. Era como ver a Alec, pero con lentes. -Darren...- mis ojos seguramente estaban abiertos, porque la sorpresa era una devastadora. Un hermano gemelo al cual nunca conocí pero por su etiqueta pude leer su nombre. ¿Cómo podía este hombre reconocerme sin habernos conocido?

Son muchas las preguntas que tengo y son pocas las respuestas que obtengo. Son demasiadas las cosas que están ocurriendo, pero desafortunadamente ninguna ha estado a mi favor. Las personas han comenzado a pintar las diferentes versiones que adquieren de mi vida, son muchas las que todavía llegan a mi casa a dar condolencias y averiguar* diferentes cosas de mi vida. Los descaros que entregan con cada palabra hipócrita que salen por sus bocas. Como otras personas han comenzado a abandonar a la pobre joven viuda y como algunos familiares comienzan a decir que ahora tengo a mi amante en mi propia casa. Descaros y calumnias recibo de quienes una vez protegí y amé.

El apartamento estaba completamente limpio, salvo a la habitación donde ahora Jeremie estaba limpiando la sangre de la rubia. En el cuarto de la fotografías se encontraba el asesino que más tarde entregaríamos. Aunque este hombre es la clave perfecta para comenzar una investigación profunda acerca de la chica que asesinó, esto nos lleva a investigar acerca de ella y ella nos va a guiar hasta Alec. Mi cara se ilumina con la excelente idea. Camino radiante hasta Jeremie y Mike que como por arte de magia vuelve a aparecer. Miro con rareza pero ignoro por completo su existencia.

- Tenemos que fingir que lo arrestamos y así podemos comenzar una investigación legal- al parecer a esta idea no pareció de mucho agrado que digamos.

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Añadido el 20/12/2017

Las miradas bastaban para saber que era lo que cruzaba su mente. En cuanto hice una pausa, sus miradas se cruzaron y Mike con completo disgusto. - No trabajo con la ley, Jeremie sabes que eres una excepción y porque me salvaste el cuello.- rasco por detrás de mi cabeza y hago una mueca de duda. Giro levemente mis labios y levanto por segundo mi ceja. -Pues ¿Ahora qué hacemos?- mientras señalo la habitación de las fotos donde el tirador se encontraba atado. Me doy media vuelta y comienzo a caminar en pos del tirador y abro la puerta con levedad. El tirador se encontraba con la cabeza agachada y enciendo la luz, ya que mi visibilidad no era del todo clara. El tirador tiene puesto un abrigo casual con capucha de color gris oscuro, mientras que unos jeans sueltos eran un poco estirados en la cercanía de sus rodillas, unos tenis gastados estaban doblados formando una "v" con la posición de sus pies.

Agarro una butaca que se encuentra casi pegada a la puerta y me siento al mismo tiempo que me detengo de jalarla. Me acomodo el cabello y su mirada se eleva. -Eres la señora de Alec- por un momento me cuestioné sobre si era una pregunta o una afirmación. - Por si las dudas, no te estoy preguntando.- su tono era seco y cortante, como si por que fui la señora de Alec tuviese ganado el premio a la más odiada por todos. - Así fue- contesto algo incómoda y acomodo mi camisa. - ¿Cuántos años viviste engañada por tu marido?- parpadeo dos veces. - Cinco años, pero no es sobre mi de quien quiero hablar.- me interrumpe con lentitud. - ¿Cinco años y nunca sospechaste?- fue ahora un tono similar al de una amiga con un bochinche* acabado de contar. - Sí, ¿y eso qué?- mientras que sus ojos se pusieron en blanco. - ¿Sabes porqué maté a la rubia?- niego con mi cabeza. - Porque esa puta era la novia de mi jefe. Ahora, si no quieres que mi jefe te mate por yo andar desaparecido tu...- interrumpo. - Eres solo un tirador, ¿Porqué tu jefe enviaría gente a buscarte?- mientras que una media sonrisa salía de sus labios. - Porque soy su hermano... ¿así o más claro? Muñeca.- me guiña el ojo y decido cambiar de tema.

-Pues antes de que te vayas contéstame algo-sonrío con algo de picardía. - No, cariño, no quieres que me maten ¿o si?- con la misma labia* me devuelve la carta. - Es sobre Alec- aclaro por obvio que parezca. Se acomoda en la silla. - De eso si puedo.- ahora veamos que sucede. - ¿Quién era Alec?- sus ojos se abren y da un suspiro. - Bueno, como no hay otro tirador y no hay ventanas pues de esta me salva el silencio, pero conociendo lo loca que debes estar y también sé quien es Mike pues mejor hablo. Alec era uno de los mejores contrabandistas nena, era la mano derecha de mi hermano, él simplemente sabía vender...- levanto mi mano en señal de que se detuviera y mi boca abierta comienza a buscar algo de aire por la impresión. - Tu le dabas cualquier droga y a la hora o media hora te la vendía pero hacen cinco años decidió desaparecer. El jefe siguió buscándolo pero el era el mejor en esconderse. Intentamos varias veces sabotear el sistema de la policía para ver si lo tenían preso y sacarlo pero nada. - era por mi, Alec cambió eso por mi. - ¿Y como conoció a la novia de tu jefe?- pregunto dando por finalizada la conversación. - Una sesión terapéutica que mi hermano le pagó, no supimos que se trataba del mismo Alec hasta que ella lo afeitó, Sabes que la barba hace un cambio increíble en nosotros. Ella solo le dio curiosidad y mi hermano encontró la foto de ellos en un motel y lo demás eso creo que ya lo sabes.- afirmé con la cabeza e hice algo que jamás creí hacer ...

El apartamento estaba vacío, le había dicho a Jeremie que comprara de comer y Mike ya tenía asuntos por resolver, solo estamos el tirador y yo. Desato sus manos de la silla y le pongo unas esposas que llevaba en mi cadera. Saco igualmente sus pies y lo halo para que comience a caminar, caminamos de esa forma al rededor de media hora y luego le solté las esposas. - No quiero que me dispares a mi ni a los que anden conmigo, ¿quedó claro?- mientras que el asentía. - Una última cosa muñeca... ¿Esto lo haces por venganza de Alec?- me río brevemente. - No, es solo que ahora quiero saber quien era mi esposo, pero gracias a ti, sé quien es.- el se ríe un poco más escandaloso. - Nena, te faltan varias cosas aún, yo no colaboro con policías, eso debes saberlo.- mientras que mis manos sujetan mi cadera en forma casual. - Cuando no llevo mi placa, soy una ciudadana cualquiera. Y hago esto sin usar mi vocación pero si mi poder policial.- Da media vuelta y desaparece lentamente.

Camino hacia el apartamento de Jeremie y me detengo frente al edificio para ver si las luces se encuentran encendidas y afortunadamente si. Entro al edificio y opto por el elevador. Los segundos pasaban lentos y agradecida decido comenzar a analizar las verdades sobre el pasado de Alec. Las puertas se abren y comienzo a atravesar el pasillo hasta llegar a la puerta. Toco y una cara diferente me hala hacia el interior. - ¿Dónde esta mi hermano?- mientras que me apunta con su arma. - Lo acabo de soltar, se metió por el callejón de la esquina.- su arma continuaba apuntándome...

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Añadido el 20/12/2017

Ayer era unos de esos días donde te da con comenzar a levantar los ánimos de cualquier persona que te cruzas por la calle. De esos días que el sol te sonríe y la vida te regala eventos y momentos muy bonitos.

Al parecer las caras de las personas eran el puro reflejo de este simple pensamiento. Mi cara era opuesta a todo lo que parece felicidad. El frío de una boquilla era todo lo que provocaba una pequeña nube gris en todo lo que era un día soleado. -Se fue hacen varios minutos- me tranquilizo y al mismo tiempo me enojo. - No te creo- su desconfianza era al parecer la cosa más insultante que pude sentir antes. - ¿Registraste el apartamento?- revuelo los ojos y abro la boca con un signo que a lo lejos decía "¿Eres bruto o te haces?" con su cabeza señala el pasillo y uno de sus muchachos camina abriendo y cerrando puertas, cosa que le toma solo minutos. El mismo chico regresa haciendo una negación rotunda con su cabeza. - está todo limpio jefe, todo está vacío.- una sonrisa socarrona de su parte es todo lo que llego a ver con claridad. -Si aun no crees que tu hermano sigue con vida, llamalo a su celular- mientras que su caminar de aquí para allá me impacientaba, su celular es sacado del bolsillo en su pantalla brillante comienza a marcar lo que entiendo es el número de su hermano. - Si no contesta, te mato, pero si lo hace.- hace una pausa- te dejo vivir.- asiento segura que él contestará.
El teléfono es contestado y sostienen una charla de pocas duraciones, con miradas alternando el suelo y mis ojos. Su llamada es terminada y su celular guardado en su bolsillo. -Bien, por lo visto has cumplido con lo que dijiste.- de nuevo me apunta con su arma. Cierro parcialmente los ojos. - Pero, eres la esposa de Alec, y lamentablemente querida, alguien tiene que pagar los platos rotos.- estando nerviosa el sudor recorre mi frente, mi respiración se agita y ruego a Dios que solo yo quede en este apartamento. Esperando igual que sea un mal sueño…
...pero para mi mala fortuna no fue así…

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Añadido el 01/02/2018

El dolor de mi hombro era uno agobiante, las paredes blancas me parecían familiares pero al mismo tiempo algo confusas. "¿Qué hago aquí?" mientras que miraba a mi alrededor. En la misma butaca donde estaba sentado Jeremie solamente habían bultos pequeños y mantas dobladas.

Intento incorporarme pero el dolor era insoportable. Intento conciliar el sueño pero se me hace difícil, extiendo mi mano ilesa y tomo un vaso con agua hasta la mitad, puesto con un sorbeto y me lo acerco lo más que puedo. La silueta de un hombre tan alto como Jeremie se asoma por el rabillo de mi ojo, y camina sin preocupaciones hacia mi. - Tú nunca mueres ¿o sí?- su chiste mal organizado me alienta a reir. - Creo que fue un tiro de gracia- mientras que estallamos en risa de forma precipitada. El callar de mi compañero de hospital nos obliga a taparnos las bocas y reir en silencio. Mientras que nuestros ojos continúan mirándose. -Ya... enserio ¿como te sientes?- las palabras se confunden con pequeñas risas y el entendimiento de las mismas se me dificulta. - He tenido días mejores- mientras que miro con detenimiento su expresión de tranquilidad.

Una enfermera interrumpe nuestra corta charla y comienza a explicarme los procedimientos de limpieza y tratamiento sobre la herida, comunicándome así que la bala tuvo entrada y salida, y que por procedimientos legales tendrá que llamar a las autoridades para formular una querella. -Mientras tanto señora...- mira su formulario- Vargas, tendrá que permanecer unos días en lo que conseguimos una donación de sangre ya que perdió bastante y hacemos estudios y análisis detallados para poder descartar algunas cosas más graves. - asiento entendiendo con claridad lo que ha sucedido conmigo. La enfermera se va junto a una mesa pequeña que contenía aditamentos curativos y anestésicos. -Todo fue obra del hermano del tirador- afirma con dureza mientras que su quijada se tensa, aún con dolores persistentes decido esforzarme y comenzar a incorporarse en la camilla, haciendo gestos poco alentadores. El dolor que recorre mi hombro poco a poco se hace pasable ante mis sentidos.

-Mientras tanto debes tomar reposo, entiendo que esto también fue culpa mía por haberte abandonado con el tipo ese- haciendo clara referencia a lo que había sucedido, su comentario simplemente fue el rompe hielo de la conversación nunca terminada. - sabes perfectamente que las razones de mi soledad con aquel chic eran totalmente dichas y establecidas por mi, no tienes porque achacarte una culpa que no tienes, además en todo caso la culpa es mía por haber dejado el apartamento abierto.- con completa ironía sus ojos revolaban por doquier, mientras que su cabeza asentía molesta. Un suspiro de cansancio sale de mi ser y se concentra en todo lo que necesito ahora, simplemente descanso y relajación.

-¿Nunca lo has hecho en un hospital?- mis ojos casi se cerraban de cansancio y a duras penas logro contestar. - ¿Hacer qué?- era como balbucear la pregunta, pero aún así era algo entendible. - Tener sexo en pleno hospital- mientras que su sonrisa se notaba a todo dar. Jeremie se había ido luego de nunca terminar la conversación y estaba intentando conciliar un poco de sueño. Mi compañero de hospital que ahora reconozco como mujer, estaba intentando mantenerme alerta para evitar o aplazar lo inevitable, mi sueño y su inmediato aburrimiento. - Pues nunca lo he intentado, siempre que llego a un hospital en lo único que me concentro es en no morir- una risa dolorosa sale de su pecho y una mucho más aliviada sale del mío. - Por cierto soy Morgan, estuve internada varias veces en este hospital.- asiento con mi cabeza y sonrío. - Mónica, es la segunda vez que entro aquí, como paciente claro está- mientras que saludo con la mano.

Estaba claro que muchas de las cosas que Morgan y yo compartimos eran de gracia y muchas bromas de su vida de joven, sus historias y su forma de contarlas hacen que mi estadía en el hospital fuese uno más placentero. -¿Porqué estás aquí?- su cara cambia a una un poco triste. - El culpable es mi marido, me pega, o bueno lo hacía, ahora posiblemente esté preso.- siento algo de culpa por haber preguntado. - lo, lamento mucho... mi intención jamás fue recordarte algo que debe de ser duro- ella asiente y sonríe brevemente.- y... ¿a ti que te hicieron?- era una pregunta que buscaba alejar su desgracias mientras se acercaba a la mía. - Un pandillero me dio un balazo, en defensa de su hermano, que claro secuestré- su cara era de sorpresa. - Así que estoy frente a una villana de cómics- me comienzo a reír. - Soy policía, mejor dicho detective... y por más que desee chismear contigo, pues el trabajo me lo prohíbe.- mientras que ambas hacemos caras.

Llega la misma enfermera, justo cuando estaba cayendo en el sueño, Morgan había sido llevada al laboratorio para unos análisis y sin tener a nadie con quien hablar, el sueño me resultaba una mejor opción.
-Vargas, ya solo faltan unas hojas por llenar, para que el doctor te dé el alta.- mientras me revisa la presión, la sutura y cambia por cuarta vez el vendaje - ¿Realmente fue algo serio?- ni siquiera recordaba como había estado los últimos días - pues la realidad es que usted perdió mucha sangre, por suerte no perforó más arriba, sino la historia sería otra.- una mueca de dolor me acompaña.- Creo de allá arriba, aún no quiere que me valla. Creo que tiene muchas historias que escribir sobre mí.- ambas nos reímos ante un chiste que nunca se dijo.

Ya era de noche, y el estacionamiento permanece lleno, a la lejanía un auto tiene sus luces encendidas, mientras que mis pasos se comienzan a acercar hacia el mismo; el auto se pone en marcha, el mismo cabello castaño que siempre recordé mirando hacia abajo mientras que un brillo se refleja tenue en su cara. Su auto se detiene con un golpe que brindan mis pies al brincar encima del bonete del auto. Perdiendo casi el equilibrio. - ¿Qué rayos te pasa?- mientras que de un brinco bajo y enojada golpeo el bonete del auto con mi palma abierta.

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Añadido el 01/02/2018

- lo siento no creí que de un segundo a otro estaría tan cerca tuyo- se excusa con total molestia, era evidente que sintió una leve exageración de mi parte. - Lo siento, pero pudiste haberme matado o peor aún lo hubieses logrado de no ser por el golpe que tuve que darle con el brazo bueno- siempre era igual de mi parte, una disculpa y como modo de defensa un contraataque. Mi mano era movida en forma circular mientras caminaba frente al vehículo y con la misma mano algo dolorida abro la puerta del auto. Al entrar todo fue silencio y pocas palabras cruzadas. El camino parece largo aunque aveces se cruzaban palabras pero eran de manera común y poco amistosa. -¿Ahora vamos a estar así? todo enojados por algo que ocurre con tanta facilidad- sus palabras ni siquiera hicieron que su mirada me impactase.

Íbamos sin rumbo, al menos a mi parecer. El auto se detiene paulatinamente mientras que al poner mis ojos en el camino me doy cuenta de que estábamos en el servi carro del restaurante de comida china, y pronto se avisaba que seria nuestro turno de hacer la orden. -¿que quieres comer?- la pregunta clave que hace tornar su cabeza y por fin dedicarme una mirada tan extrañable aunque mi genio era poco agradable. - una orden regular, de pollos con patatas- era poco amistosa mi respuesta pero la tension era claramente liberada.

Al llegar a casa todo permanece en orden, cruzábamos pocas miradas que poco a poco llegaban a no expresar algún sentimiento. El crujir de alguna que otra patata frita y el sonido de una radio en el fondo de la sala.

El caer del agua tibia sobre mi cuerpo desnudo me satisface gratamente, el olor a lavanda perfuma mis cabellos cayendo poco a poco sobre mis hombros, mis ojos se cierran disfrutando una estancia única donde

puedo ser yo, donde solamente puedo disfrutar de momentos con la mujer del reflejo. Cierro la llave de la ducha y con mi cuerpo mojado se comienza a sentir un leve frío, sensación de una brisa colada por la pequeña ventana. El borde de la bañera me parecio bastante cómodo como la salir de este poco espacioso lugar, mi piel suave se envuelve en la arrugada toalla secando cada parte que toca, erizando mi piel.

Mi reflejo me observa, se mantiene firme, mis manos sujetan el metal que dará un cambio a mi vida, el cual dictará el rumbo de mi nuevo yo. Los pedazos de cabello caen a suelo, de mechón en mechón comienzo a liberarme de muchas cosas, los recuerdos con Alex, los momentos vividos con la misma desgracia, el sufrimiento de la muerte de un desconocido, todo comienza a cambiar; viendo ahora nuevos caminos, nuevas vidas, nuevas experiencias que adquirir, nuevos retos que tomar.

El sonido de una tijera se escuchaba constante, mientras que mi respiración se mantiene pausada.

Dos toques en la puerta me detienen. - Pasa...- tranquila me volteo y sus ojos me observan medio cubierta con un cerco de cabello ante mis pies. - ¿Porqué?- sus manos continúan inmóviles. -Dicen que los grandes cambios en una mujer comienzan con el cabello- mientras que reposos la tijera en el lavamanos, dirijo mis dedos hacia el aro que siempre quise quitar pero que nunca tuve el coraje de hacerlo. - ¿Sabes que este es un gran paso Nika?- se aproxima al ver que el aro sale lentamente de mi dedo, mis ojos se elevan simultáneamente al aro que ya no toca mi dedo que por tanto tiempo poseyó. - Ahora siento que es tiempo Jeremie, es tiempo de darte... de darnos una oficial oportunidad- sonrío, y algo dentro de mi se llena de...paz.