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Navegantes. El Reino de Ébano

Por W.J Espinoza

El blog de W.J Espinoza

MUCHAS GRACIAS POR APOYAR ESTOY UN 10% MAS CERCA DE MI META!

Añadido el 04/04/2018
Imagen 1

¡De antemano agradezco a todos los que han apoyado la impresión de mi libro!

Hace tres años cuando intentaba lidiar con una desilusión amorosa, no encontré otra salida que la escritura. Durante unos hermosos doce meses comencé a darle vida a estos personajes y a este sueño. Siendo un ávido lector de la biblia, de libros de historia contemporánea, y además actor de teatro, intenté exteriorizar el mundo que daba vueltas en mi cabeza. Nacieron personajes maravillosos que están inspirados en mi propio entorno y pude volver, un momento tan amargo, como la decepción de una historia de amor no concluida, en una historia de lealtad e intrigas y donde cada personaje te marcara con su carisma.

Hoy me vuelvo a enfrentar a un nuevo obstáculo, la falta de fondos para imprimir mi libro de la mano de una editorial, y como siempre, en toda historia hay un Héroe!, que llega en su caballo para ayudar a batallar y vencer los obstáculos, el dia de hoy, en mi historia, Tú te has convertido en mi héroe, al apoyarme con tu donación o compartir el enlace a mi campana y ayudarme a llegar a mi meta.

Recuerda que si no logro la meta, no recibiré nada de lo recaudado, y el dinero se regresará a aquellos que me hayan apoyado, pero si logro la meta, no solo lograre mi sueño, sino también tu ¡recibirás un porcentaje de los royalties destinados a las mecenas!

LOS DOS OBSTÁCULOS

Añadido el 09/04/2018

Fueron muchos los caballeros y peregrinos que intentaron cruzar por los caminos que conducían al Reino de Ébano, pero muy pocos lograron alcanzar su destino. Los habitantes cercanos a estos peligrosos pasajes les bautizaron como “Los Dos Obstáculos”. Sin embargo quienes consiguieron atravesarlo cumplían con el propósito de demostrar al rey de esta villa que eran dignos de pertenecer a su corte, y él como recompensa por su valor les otorgaría el título de Caballero Oscuro, que concedía autoridad y representación de su reino en cualquier comarca. No sería una tarea sencilla realizar este recorrido, puesto que Los Dos Obstáculos eran caminos mortales y muy peligrosos para un hombre corriente y sin ninguna habilidad en supervivencia.
El Primer Obstáculo era un largo trayecto desértico, inigualable por ausencia de las arenas, donde el suelo era de laja color grana, resquebrajado por el infernal calor que allí dominaba, en el trayecto se encontraban provisiones de caminantes que intentaron cruzar alguna vez, a medida que avanzaban perdían sus fuerzas y con la esperanza de llegar al Segundo Obstáculo elegían por dejar sus tiendas, abrigos, mantos, túnicas, alforjas y cualquier tipo de atuendo que se llevara. Incomodaba aun lo que se llevaba puesto para cubrir la desnudez, pero era necesario cubrirse del inclemente sol.
Una ilusión asentada en este lugar hacia parecer que el sol se encontraba siempre en el mismo punto, por muchas horas. Serpientes y escorpiones habitaban en tierra, y sobre los cielos sobrevolaba un Águila enorme, que media casi seis metros desde el extremo del pico hasta la punta de la cola y su envergadura rondaba los siete metros. A pesar de todas las historias que se sabían de esta majestuosa ave, ningún hombre contaba sus días de vida.
Ella se alimentaba de las serpientes y escorpiones que transitaban por el desierto, aun con su temible aspecto no atacaba a ningún hombre que estuviera en este lugar; al contrario, representaba la esperanza para los caminantes que trataban de cruzar el Primer Obstáculo, porque su canto constituía el fin de un día en el desierto. Cuando el Águila cantaba, el sol caía rápidamente dejando todo a oscuras de un momento a otro, otorgando una muy mala visión por el cambio tan violento de la luz. Luego el sol tardaría en aparecer cerca de una hora y media. En medio de la penumbra el Águila reposaba encima de un gran tronco en una de sus ramas en espera del alimento.
El agua era la única fuente que podía dar subsistencia, tomarla con sensatez era importante, quien atravesaba el árido camino se veía obligado a cruzar después de la caída del sol, para no desfallecer por la feroz sequía e impedir la muerte de su caballo o camello, que en caso de traerle consigo serían mucho más vulnerables al tormentoso sendero que un ser humano. Muchos creían que una maldición se posaba sobre cualquier animal de carga que se atrevía a cruzar, haciendo a la bestia sufrir de sed mientras el sol estaba en lo alto, obligando al jinete a compartir su agua para no terminar el camino a pie, y apartar las posibilidades de desaparecer o morir.
Cruzar el Primer Obstáculo significaba alcanzar un logro lo suficientemente digno, que en muy pocos casos se obtenía, pero sólo era la mitad del recorrido. Para trascender del Primer Obstáculo al Segundo, era necesario atravesar un pequeño puente colgante que comunicaba con un boquete muy grande y oscuro, en el dintel se distinguía una figura tallada muy delicadamente de un águila con las alas abiertas, y una inscripción que rezaba alrededor de ésta así: “A quien le dio esperanzas al cansado.”
Una vez que se penetraba al misterioso conducto se percibía un cambio tan brusco de temperatura que el frío parecía acuchillar los músculos, las provisiones quedaron en el recorrido anterior, entregando en bandeja de plata a quien avanzaba, y su vulnerabilidad ahora se encontraba a la merced de un gélido profundo.
Al emerger de aquí, con la pobre esperanza de no sentir más el frío perturbador, que se sentía entre en las coyunturas, congelando cada parte movible del cuerpo, haciendo sentir que los dedos de las manos parecían no estar allí, y el pensamiento se tornaba en un estado de desesperante quietud, se podía divisar un bosque nublado, tan nublado como el pensamiento del viajero, un gris casi oscuro, congelado, traidor, peligroso, parecía más difícil de cruzar que el Primer Obstáculo. La inseguridad se apoderaba fácilmente de quien lograba llegar hasta este paraje, concibiéndose la idea que era mucho más fácil devolverse por un camino ya recorrido, que por uno sin conocer, pero a pocos metros luego de la salida del túnel, se divisaba muy claramente las dos torres más altas del castillo negro bruñido, símbolo icónico del Reino de Ébano...