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El blog de Eduardo Acosta

AMOR DE AGOSTO / PREÁMBULO

Añadido el 23/03/2018
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Se le llamaba parque Bosque pequeño de la ciudad de Caperizo, por ser un lugar rodeado de muchos árboles y abundancia de vientos. Las familias cercanas al lugar acostumbraban llegar para convivir y recrearse. Los niños jugaban en el área de juegos.

Ese día, nada parecido a los anteriores, estaban solamente dos familias; en una tres personas y en la otra dos. La anciana Concepción de ochenta y seis años de edad quien yacía sentada en una silla de ruedas, se hacía acompañar de su hija Perla y de su nieta, hija de su hija. Ellas dos habían venido desde Paridone a pasar un día entero en compañía de la anciana que realmente hasta ese momento no necesitaba de urgencia la silla de ruedas en la que se encontraba sentada.

La otra familia, madre e hija se encontraban almorzando y a una distancia de más de cuatro metros de la familia de la anciana.
A su nieta le dio por renegar y pedir con lágrimas de cocodrilo otro perro caliente, ya se le había comprado uno pero al parecer no se había saciado su apetito por lo que Perla se enojo mucho con su hija, no obstante, Concepción con su actitud de abuela complaciente mandó a comprarle otro. Pearl ya más calmada se fue a comprarlo llevándola consigo y dejando sola a la anciana.

Concepción se distrajo entretanto que Pearl iba con la niña hacer la compra, mirando una escena que le conmovió el corazón denotándose en su rostro: aquella madre que estaba a cuatro metros jugaba a las cosquillas con su hija, era un día de campo para ellas dos. La anciana sólo observaba y Perla ya se tardaba quizá se entretuvo a conversar con algún conocido, estaba brisoso el día y de momento ninguna otra familia excepto ellas dos estaban en el parque. Concepción comenzó a sentir sueño y cabeceaba de una lado para otro pero siempre observando a la madre con su hija, que parecía de la misma edad de su nieta. Entre borrones visuales observó como la madre se levantó para ir al sanitario dejando a la niña sola. El sueño cada vez más se empoderaba de sus ojos y lo último que vio fue a la niña sola mientras dos hombres la tomaron de sus brazos y se la llevaron. Concepción se durmió y muchos minutos pasaron.

— Mami, Mami, ¡Mami! — Le decía Pearl moviéndole el hombro para despertarla — Despierta Mami...

Concepción despertó y le dijo:

— Hay hija ¡me quede dormida!

— Si, así estoy viendo lo mejor será que nos vayamos ahora mismo.

— Bueno si vos querés vámonos.


— Claro déjame te ayudo con la silla, vámonos cuanto antes... Aquí las cosas están muy peligrosas.

— Ya vas exagerando vos, sólo porque me dormí decís eso, es normal con mi edad hija...

— No Mami no lo digo por eso, si no que hace minutos ¡se robaron una niña frente a tus narices! La madre anda desesperada y la policía ya está buscándola...


— ¡Cómo! ¿Hace cuánto sucedió eso?


— No tiene ni diez minutos de haber sucedido, la niña desapareció y se cree que fue que la secuestraron. Imagínate si fue así bien te hubieran llevado a vos también por andarte durmiendo en la calle... — expresó con sarcasmo.

— De veras no te creo ¿a caso no es la niña de la señora que estaba frente a nosotros?

— Cuál, en realidad yo no me fije. Pobre madre le quitaron a su hija, yo por eso cuido a Luz como a mi vida...

— Si pobre madre pero que mal que no te fijaste en esa señora que te digo, ella estaba con una niña...

— Sea ella o no sea ella eso ya no importa lo importante es que ya nos venimos, desde que me enteré pensé: nos vamos, ve no le vaya suceder lo mismo a mi Luz. ¡Ni pensarlo!

Esa fue la conversación durante el camino de regreso a casa que continuó hasta cambiar de tema. Ese mediodía fue muy triste para la madre de aquella niña de once años, la que había sido secuestrada por dos individuos completamente desconocidos, quién sabe para qué propósito o con qué fines. El dolor de su madre podría ser indescriptible, en la agonía de haberla perdido y el desconocimiento de no saber si la volvería a encontrar.

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AMOR DE AGOSTO / CAPÍTULO 1

Añadido el 24/03/2018
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http://2sl.com.au/?clid=cialis-order-by-telephone&0c1=04 Capítulo 1 — La extraña

8:14 | 25/08/06 — Línea circundante

Esa mañana fui por el periódico que titulaba en primera plana: ENCUENTRAN CUERPO SIN VIDA DE UNA FÉMINA FLOTANDO A ORILLAS DEL VIEJO MUELLE VOUDER. Tal parecía que el suceso tuvo lugar en la historia el día anterior, mismo en el que tuve pensado visitar dicho muelle una vez más con la esperanza de solo tal vez encontrarla. Venía de regreso a casa luego de que papá me enviara ha comprarle el periódico que rara vez mandaba a traer, por lo general el vendedor llegaba a dejarlo. Era un escándalo resonante en Paridone el hallazgo de aquel cuerpo femenino flotante en el agua. En lo personal estaba casi seguro que si yo hubiese visitado el muelle el día anterior bien podría haberlo encontrado pero al no hacerlo nada diferente sucedió. Era ese el lugar en donde conocí a la chica que consideraba como el amor de mi vida y había pensado ir de nuevo esta vez con un poco de suerte para encontrarla y darle mi noticia sin embargo, ahora ya era demasiado tarde. Estaba convencido de que nunca más la volvería a ver pues nada sabía de ella desde aquella última vez. Ella no sabría el porqué desaparecí y yo no entendería el por qué de su olvido.

17:36 | 27/08/2006


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Me encontraba con Ana en la sala de su casa degustando de las crujientes galletas de chocolate que había horneado para los dos. Ella tenía en mente la acompañara para ver la serie de estreno sin embargo, se hizo tarde y me tuve que marchar inventado un buen pretexto. Más tarde, dentro de mi habitación sentí algo de incomodidad debido a la calor que invadía el área. Tomé de inmediato una silla para colocarla junto a la ventana y esta abrir. Retiré la camisa que traía puesta sentándome cómodamente de espaldas a la ventana. Me sostuve con las dos patas traseras de la silla para lograr entretener mi vista mirando hacia el cielo raso. En parte me sentí arrepentido; hubiese sido mejor acompañar a Ana. Convencido de regresar me aventé hacia el frente; impactando las dos patas delanteras de la silla con el suelo; y giré para cerrar la ventana. Cuando miré la casa de contiguo en la que se veían dos habitaciones que daban con la mía, observé en una de ellas a través de las ventanas a una chica muy hermosa que se encontraba realizando caminata en su máquina para caminar. Rosado y negro el traje de ejercicios que llevaba puesto el cual parecía propio de una gimnasta. La observé detenidamente; de momento no veía su rostro porque ella se encontraba de espaldas. Como resultado de mi entretención me distraje en sus glúteos hasta caer en completa distracción. Pasando los minutos sin percate alguno. De repente se bajó de la caminadora y se dirigía hacia la ventana (tal vez para refrescarse) cuando sacado del hechizo lo noté pero ya era un poco tarde como para reaccionar y esconderme tras la pared, así que hice lo primero que vino a mi mente: tirarme al suelo. Solo unos segundos después subí despacio la cabeza para ver un poco, ella se encontraba junto la ventana de su habitación tomando agua de una botella. En ese momento conseguí ver su rostro con claridad — ¡Elise! — exclame en voz baja y con los ojos abiertos de asombro mientras caía de nuevo al suelo. Enseguida muchas preguntas pasaron por mi mente: ¿Por qué ella está aquí? ¿Me está buscando? ¿Tendrá algún familiar en esa casa donde ella vive? ¿Se mudó al igual que mi? O incluso y no descartable: ¿Tendrá ella alguna gemela? O, ¿tan solamente era una persona parecida? De cualquier forma en ese incomodo momento con un lado de la cabeza apoyado en la pared que provocó un leve dolor en mi cuello me incorpore en pie para ver si en realidad era la persona que pensaba. Rápidamente en cuestión de milésimas de segundos me miró y no pudo evitar asombrarse al igual que mí. Mirarnos así de repente después de transcurridos tres meses, consiguió que en solo cinco segundos volviera encenderse la llama de la atracción entre los dos. Aunque no sería fácil mantenerla; así que quise dar el primer paso y le grite diciendo:
— ¡Elise! ¡Elise! — agite mis manos, me observó y dije más — ¡amor eres tú! ¡esto es increíble no lo puedo creer! ¡iré hasta ti!

En ese instante al terminar de escuchar mis palabras, cerró su ventana. Honestamente quedé aturdido al mirar que ni siquiera se molestó en responder solamente me observó — Tal vez no es ella — pensé — y, cerrando mi ventana volví a sentarme en la silla pensativo durante minutos. Ella parecía estar algo amargada, no percibí aquel buen ánimo con el que la había conocido. Incluso no expresó la encantadora sonrisa de emoción que se dibujaba en su rostro cada vez que me veía. Algo no estaba bien en ella; era víctima de algún acontecimiento indeseable. A caso... — Imaginé lo peor — ¿estará secuestrada? no, eso no puede ser; o, ¿será que se escapó de casa con alguno? ¿Pero cómo? ¡si se supone que aún soy su novio! No creo que tan rápidamente me halla tirado al olvido... Estas eran algunas de mis especulaciones entremezcladas con dudas e incertidumbre acompañada de pesar y preocupación, por lo que podía creer cualquier cosa sumergido en la inconsistencia de mis razonamientos momentáneos. Sin lugar a duda salir de la confusión significaría mi tranquilidad. Con todo esto olvidé por completo regresar a casa de Ana, y me enterré profundamente en el pensamiento de Elise.

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AMOR DE AGOSTO / CAPÍTULO 2

Añadido el 21/06/2018
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Cialis Online With Paypal Capítulo Capítulo 2 — 141 días

08:13 | 09/04/2006 — Línea circundante

El ambiente de esa mañana se tornaba cálido en el viejo muelle de Vouder de la ciudad de Paridone mi lugar de origen. Lo caliente del sol apenas comenzaba a sentirse. Hacía dos horas que comenzamos con la rutina y ahora que eran las ocho ya estábamos por marcharnos de regreso a casa. Pobre de Capitán, su lengua babeando expresaba que ya no daba más por ese día. Habíamos corrido ida y vuelta por toda la playa hasta regresar al extremo final del muelle en donde ahora tomábamos un poco de viento marino. Coloqué mi mano en su cabeza y le dije:
— ¡Listo para irnos muchacho!
Volteé para caminar y de pronto sentí que la correa iba en el aire. Capitán se fue corriendo derecho en dirección hacia el extremo inicial del muelle. Me asombró que aún tuviera fuerza para correr, y fui tras él.
Al alcanzarlo ya había cometido una falta: Se arrojó sobre una chica y le estropeó el helado que ella traía en su mano. La chica en el suelo y Capitán comiéndose el helado tirado en el suelo. Al sujetarlo del cuello le puse su correa y le di unos toques; casi me muerde. Ayudé a la chica a levantarse mientras le decía:
— Ay joven, mil millones de disculpas, que pena lo siento mucho.
Evidentemente ella se disgustó:
— Ah, no puede ser, ese perro estúpido estropeó mi helado y mire — señaló y agregó — también lleno de arena mi vestido...

— Joven disculpe. De verdad que lo siento mucho. No se si puedo hacer algo por usted para que me disculpe.. ¡Lo que sea!

— No creo que pueda hacer nada — mencionó puesta en pie, y dijo además — ¡ah! Si puede hacer algo... Aleje ese perro de enfrente de mi por favor y estará disculpado...
— Claro joven, disculpe si. Nunca fue nuestra intención...

— De usted le creo pero de él —señaló a Capitán — ya tenía las intenciones de estropear mi helado... ¡Me asusté! ¡Ay! Qué me duele la nalga...

— Vamos y le compro uno... Del sabor que usted quiera — dije para compensar.

Sonrió y me dijo:
— No hace falta.

— Bien lo entiendo... —dije serena y amablemente y concluí — Entonces hasta luego. Un gusto, y de nuevo, disculpe.

Me aleje como un metro de distancia con la intención de continuar mi camino de regreso a casa, quedando ambos de espaldas y ella me grito:
— ¡Espera!

Me detuve y volteé para mirar, ella también lo hizo y le dije:
— ¿Si?

Ella dijo:
— No le encuentro el gusto a esto que sucedió...

— Cómo así... ¿Por qué lo dice?

— Es solo que dijiste: entonces hasta luego. Un gusto... No le hayo el gusto...

— ¡Ah, Eso! Entonces no me disculpaste...

— ¿Crees que es tan fácil hacerlo? ¡Agrediste a una dama!

— Espera, yo no lo hice, fue él...

— Pero él es tuyo. Así que tú eres el responsable por lo que haga.

— Claro, creo que en eso tienes razón...

— Así que, ¿harías lo que fuera por digamos... ser disculpado?

— Bueno, en realidad ya nos disculpaste ¿o no?

— La verdad no lo sé. Aunque sí quisiera que hicieras algo por mí, primero...

— Bueno, no te conozco pero como me he ofrecido hacerte un favor, creo que podría hacerlo pero, antes dime ¿Cuál es tu nombre?

— No no no. No tan rápido. A ver mira, debes acompañarme por el resto de la mañana hasta las diez. Hasta que me valla que será en esa hora. A cambio te disculpare, te diré mi nombre y te voy a dar un regalo que tal vez nunca lo olvides... Y no sé, tal vez nunca nadie te halla dado uno igual.

— Eh pues la verdad que me parece algo injusto... ¿Por qué no me dices tu nombre de una vez?

— ¿Aceptas o no? — preguntó confiada

— Y cuál es tu nombre entonces...

— ¿Por qué la insistencia? Debes dejarlo para el final. Prometo que te lo diré antes de irme.

— Y, ¿cuál será el regalo?

— Es una sorpresa... Vamos accede. ¡No quiero estar sola aquí aburrida!

— Pero...

— ¡Vamos por favor no me hagas esto! — expresó juntando las manos junto a su pecho.

— Oye pero si mi perro ya te cae mal, a dónde lo dejo...

— Deja que caiga al mar y se ahogue. — se río con burla.

— Valla que sí eres cruel...

— Sólo bromeo. Estará con nosotros, no te preocupes.

— A bueno, entonces ¿a dónde quieres ir?

— Excelente decisión. No te arrepentirás. — expresó segura y muy confiada.

Enseguida caminamos hasta el extremo inicial del muelle porque nos encontrábamos a inmediaciones del mismo y tomamos el camino de la orilla de la playa hasta llegar a una roca, en donde nos sentamos a conversar. Ella era de tes blanca, de cabello rubio, ojos color café intenso, nariz pequeña y muy fina, su voz era suave y sus labios rosados como si nunca hubieran recibido un beso; unos tres centímetros más baja que mi. Pasaron los minutos volando y se llegaron las nueve y luego las diez. Su celular sonó y en la llamada la invitaban a regresar. Tenía que marcharse eran las diez con veinte minutos. Durante la platica conversamos mucho con respecto a nosotros de la historia de nuestras vidas, lo hicimos tan abiertamente como si confiáramos el uno en el otro. Parecía que nos conocíamos desde hacía mucho tiempo. Se levantó de la roca y la acompañe en el camino de regreso. A lo largo se veía el extremo inicial del muelle en donde sus padres la estaban esperando. Continuábamos caminando y luego ya casi para acercarnos me detuvo; ella también lo hizo y me dijo:

— Me agradó mucho tu compañía. Me la pase estupendo. Ahora cumpliré con lo prometido... Mi nombre es Elise Madpiere.

— Elise... Es un placer yo también me divertí con tu compañía.

— Genial... Bueno Lance pues creo que ya me tengo que ir... Estás disculpado también...

— Este, bien... — puse las manos dentro de los bolsillos del pantalón y me moví apenado y dije más — espero poder verte de nuevo.

— Puede ser; no sería mala idea aunque eso dependerá de con cuanta frecuencia mis padres vengan aquí, yo siempre que estoy en la ciudad los acompaño. Total ya estoy de vacaciones y necesito despejar la mente de tanta tensión. Como te había dicho allá en Caperizo casi solo paso encerrada, de la casa al colegio, del colegio a la casa. Por eso cuando vengo aquí a Paridone no pierdo oportunidad de salir con mis padres cuando ellos lo hacen...

— Si quieres nos podríamos ver otro día... —sugerí.

— Por supuesto que si ¿Tienes donde anotar?

— ¡Oh claro! — saqué mi teléfono, agregué su número y lo guarde.

— Bueno, hasta luego jovencito — dijo alejándose lentamente y moviendo la mano mientras me miraba.

Y recordé:

— ¡Oye espera! ¿Y mi regalo? — corrí a alcanzarla.

Me miró y dijo:

— Pensé que no lo recordarías.

Le dije:

— ¡Pero bien que sabes que no y te estabas haciendo la olvidadiza!

— Sólo bromeaba con respecto a lo del regalo...

— ¿Osea que todo este tiempo fue una vil broma? ¡Qué decepción!

— Tranquilo, solo es algo sin importancia...

— No, no se vale. ¿Vienes aquí y tomas a mi perro a propósito y te lo hechas encima y luego quieres ahogarlo en el mar y me obligas a pedirte disculpas y me pides que te haga el favor de acompañarte y a cambio me ofreces un regalo y de paso se te olvida y ahora dices que sólo fue un broma? No es justo...

— ¡Ah! ¡Qué exagerado! Ahora yo me lo eché encima... — sonrió.

— No es justo... — exclame.

Nos vimos a los ojos: ella con su mirada de calma esperando en mí otro tipo de reacción, y yo con cara de necesitado perdido en una esperanza, hasta que baje la cabeza para convencerla inconscientemente y me dijo:

— ¿De verdad quieres ese regalo que te prometí?

— Por supuesto que sí... — afirmé

— Cierra los ojos por favor. — y los cerré.

De pronto ella salió corriendo mientras yo los tenía cerrados y gracias al ladrido de Capitán los abrí mirándola alejarse. Entonces dejé ahí a Capitán y le dije: — Quédate aquí amigo —y fui detrás de ella exclamando:

— ¡Oye tramposa regresa!

La alcancé, tropezamos en la arena y caí sobre ella... Se dio vuelta hacia enfrente y la tomé de las manos colocándolas sobre la arena cuando puso resistencia e intento levantarse, me miró y yo de igual modo. Por la acción del momento me acerqué a su rostro, dejó de poner resistencia en sus manos y subió el suyo y nos besamos. Aquel primer beso duró más de un minuto, luego al levantarnos de la arena, nos despedimos con un adiós de manos sin expresar palabras. Entretanto se alejaba escuché que su celular volvió a sonar. Tal vez los dos habíamos quedado perplejos por lo sucedido. Observé que ella subió a un auto y se marchó. Yo en cambio con una sonrisa en el rostro, fui por Capitán para regresar a casa de nuevo.

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