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Notice

El Vacío

Por Eduardo Acosta

El blog de Eduardo Acosta

EL VACÍO OBRA COMPLETA

Añadido el 25/06/2018



Preámbulo

Fecha tal

Ella se encuentra frente a sus ojos, y él frente a los de ella espera una respuesta, el reloj marca las diez horas con diecisiete minutos, él está a punto de conocer la respuesta a: ¿Quieres ser mi novia otra vez? Ella piensa en darle una respuesta pero calcula el nivel de consecuencia que puede llevar responder de manera directa y con total franqueza.
No es la primera vez que desde su última ruptura el joven le insiste tanto en volver con el. Ella a guardado un poco de silencio. El está a la expectativa, si dice sí todo estará bien pero si dice que no lamentablemente él acabará con sus vidas, porta una arma treinta y ocho en su cintura y aunque está sentado no le incomoda. Aproximadamente se encuentran unas cuarentas personas en el parque nacional de la ciudad; es tiempo de conocer la respuesta, el silencio ya se ha alargado mucho, ella responde:

— Te veo como un amigo ahora y, no creo que esto cambie.

El joven saca su pistola y la pone en su abdomen, ella se espanta y le dice:

—¡Oye pero qué estás haciendo!


El responde mientras lágrimas ruedan por su rostro:

— Eso no es lo que quería escuchar

En ese instante, cuando se dispone a dispararle de repente: ¡BOOM! una explosión se libera en la mayor parte del entorno del parque acabando con sus vidas y con las del resto de los habitantes que se encontraban allí.


Capítulo 1 - Algunos Solicitan

04 / 01 / 2006

< En un instante inesperado se ilumina el lugar en el que se encuentra y se puede ver más claramente, pero ella aún está inconsciente; sobre su boca hay una cinta larga de tipe gris de ese que tiene hilos en forma cuadrada en la parte pegajosa y que se utiliza para sellar cajas enorme, que se extende de la parte baja de una de sus orejas hasta su otra oreja. Uno de los involucrados en el secuestro, el que había prendido el interruptor, la observa desde la puerta, éste está vestido con una camiseta color negro, así como su pantalón y zapatos del mismo color y guantes en sus manos para una perfecta combinación. Su rostro no es visible debido a que porta una máscara en su rostro. En seguida, al notar que la fémina no ha despertado aun, apaga el interruptor, y nuevamente el lugar queda a oscuras. >>


16 / 04 / 2005


Ella sabe cómo utilizar su dispositivo celular al ciento por ciento, recientemente su madre le dio uno como obsequio en gesto de gratitud por su cumpleaños número veintidós. Scarlett es una joven linda, adorable y poderosamente atractiva; una de las más hermosas de la ciudad. Una semana con su primer teléfono celular significó el ingreso de mensajes de texto de muchos números, inicialmente desconocidos, que luego de aclararse quien era el remitente, se fueron convirtiendo en interesantes conversaciones por mensajes de texto; algunos se atrevían incluso a llamarla, otros sólo mantenían comunicación vía mensaje. Cada salida que de una u otra forma ella realizara al centro comercial o bien al supermercado producía una ligera invasión por parte de los chicos que rondaban por el lugar. Scarlett por desgracia tenía la facilosa gentileza de regalar su número de celular a cualquier extraño que se le acercara a pedírselo. En una semana, en sus diferentes salidas, fue solicitada a regalar su número a más de cuatro chicos, curiosamente todos de la misma edad (veinticinco años).

En una visita al centro comercial conoció a Marcos, un chico de piel canela, alto, ojos café claro, fino de cara y con un peinado único. Éste se le acercó cuando ella se encontraba sentada en una silla en el comedor de la repostería mientras comía un pastel de chocolate, entre tanto que su madre realizaba unos retiros de efectivo en el banco.
Marcos rondaba por alrededor, tan solamente pasando por ahí, hasta que logrando mirarla se acercó de inmediato a conversar con ella. Al dirigirse hacia ella la sorprendió por la espalda poniendo sus manos sobre sus ojos, y le dijo:

— ¿Apuesto a que no sabes quién está detrás de ti?

Scarlett se movió e intentó quitarse las manos y dijo:

— No lo sé pero ahora lo sabré.

— ¡Espera Mariana, no te las quites aún! — dijo Marcos intencionalmente para completar la técnica de seducción que había leído en el manual de su primo Enuar: "Conviértete En Un Macho Alfa".

Scarlett reaccionó de inmediato y quito con sus manos, las de él de sus ojos, Marcos no puso resistencia y ella dijo:

— Haber espera creo que me estás confundiendo — giró y lo miró.

— ¡Oh perdona! Creí que eras Mariana...

— mm no para nada...

— No, en serio, perdona...

— Descuida, todo está bien...

— Oye pero eres más bella que Mariana sabes...

— Oh ¡Muchas gracias!

— Bueno, lamento mucho incomodar te así... Aunque no me arrepiento...

— Ah y ¿eso que no te arrepiente?

— Nadie lo haría teniendo tanta belleza frente a sus ojos; con todo irespeto, eres muy sexy...

— ¿Irespeto dijiste? — sonrió poniendo su mano en los labios.

— Si, es que parece que contigo de frente olvido mis modales...

Scarlett sonrió mientras lo veía; Marcos había logrado atraer su atención pero era momento
de generar una pequeña escala de temor a la pérdida; le dijo:

— Sabe, me llevo un buen recuerdo de usted, es una pena que durara no durara mucho...

— Ah gracias...

— A mi me gustaría continuar acompañándote pero debo irme... ¿Cuál es su nombre? Al menos me iré repitiéndolo por todo el camino hasta que llegue la noche y el momento de acostarme y así recordarte y tal vez soñar contigo.


— ¡Caray si que eres exagerado! Me llamo Scarlett ¿y tú?

— Soy Marcos, ¿Crees que pueda escribir tu nombre en el marcador del celular y llamarte?

— No te entiendo, ¿Quieres mi número tal vez?

— No, osea si escribo S-C-A-R-L-E-T-T (deletreo), en el marcador del celular podría llamarte...

— Pues creo que no.

— Entonces ahora sí dame tu número.

Ella sacó una libreta de resorte de la cual arrancó una hoja y enseguida de apuntar su número en ella se la dio y él se marcho muy contento. A los minutos de quedar sola en la mesa en que se encontraba apareció su madre con quien se marcho hacia una tienda siempre dentro del centro comercial, a comprar ropa.


17 / 04 / 2005


El segundo chico que se acerco a pedir su número fue el joven Sebastián, un día después de Marcos cuando ella iba en el metro; casualmente se subió a uno porque ella acostumbraba a viajar en vehículo particular.
Al detener la unidad y abordarla tomó asiento; Sebastián ya se encontraba sentado en el asiento en el que cabían solamente dos o tres personas, él era de estatura baja, ojos intensamente verdes, tes blanca el color de su piel y su cabello era castaño; el joven era rubio. Portaba una mochila la cual llevaba en sus piernas. Él entonces la miró y le dijo notablemente refiriéndose a ella, solo unos minutos después de también retirarse las orejeras blancas (auriculares) con las que escuchaba música:

— Qué Dios nos ayude...

Ella lo miro y le hizo un gesto interrogativo con su rostro al levantar las cejas. Él repitió y completó lo que quería decir:

— Si, que Dios nos ampare... Ojalá no se vaya dar vuelta este metro...


— Perdón, ¿qué quieres decir? — preguntaba ella confundida

— Es sólo que si el chófer te sigue mirando mucho más, de lo que te miró cuando subiste, siento que podría distraerse tanto que terminará por darse vuelta con todo y la unidad — sonrió un poco.

— Ah y porque dices eso...

— Eres tan hermosa como la foto de la modelo que tengo pegada en la pared mi apartamento.

— Ah, gracias eres muy amable...

Scarlett sí sentía atracción instantánea hacia Sebastián ya que el woow, rubio, cabello castaño y ojos verde intenso. El tipo de hombre con el que muchas mujeres sueñan; por otra parte, esos eran los atributos otorgados por la naturaleza que le habían permitido a Sebastián tener un casi insuperable éxito con las mujeres, pero Scarlett tal vez solo era una más.

— No pero no me llamo amable, me llamo Sebastián y tu debes de llamarte ternura celestial ¿cierto?

— Noooo — dijo coqueteando y extendiendo la palabra y añadió: Soy Scarlett ... Mucho gusto — le extendió la mano, él la tomó para luego dejársela libre.

— Scarlett, bonito nombre... Sabes bajaré en la siguiente parada ¿te interesaría acompañarme?

— ¡No cómo crees no te conozco y me pides eso!

— Sabía que dirías eso... ¿Te volveré a mirar por casualidad?

— Tal vez si tal vez no...

— A mi me gustaría mirarte de nuevo... Se que solo nos vimos un rato aquí en este metro pero no es el lugar más apropiado para conversar... Te invito un café, sino puedes ahora entonces otro día ¿Qué dices?

— Ah pues bien... ¡Es una buena idea!

— Bien pero ¿cómo te contactare; ¿le pregunto al conductor por tu dirección?: "buenas ¿sabe donde vive la joven del vestido amarillo floreado con la que iba conversando ayer?"

— ¡No así no! Tienes donde anotar, te daré mi número, ahí podrás escribirme... — ella se lo dictó.

— Ok... Ya lo tengo... — siguiente parada — decía el conductor de la unidad — aquí me bajo yo. Espera mi llamada — concluyó el poniéndose de pie.

Sebastián se bajó del metro, colgó su mochila en los hombros y se marchó. Él fue el segundo chico al cual Scarlett regalara su número de celular.


18 / 04 / 2005


El tercer chico se llamaba Alejandro, a quien conociera en una visita al odontólogo para realizarse una limpieza.

En la sala de espera:

— ¡Qué me duele esta maldita muela! ¡A qué horas entro para que me la saquen! — expresaba con leve enojo y frustración como queja del dolor que sentía.

Scarlett lo observaba, él era trigueño, cabello crespo, contextura delgada, ojos negros, y de cara fina. De nuevo volvió a quejarse, esta vez pegando con puño cerrado sobre el botellón de agua purificada que estaba a su lado derecho. Scarlett se medio suspendió del sillón en el que ambos estaban sentados y tomó una revista de las que estaban en la mesa de vidrio que se adornaba de unas flores plásticas, para distraerse.

— ¿y usted a qué viene señorita? — preguntó él al mirarla aislarse al cubrir su rostro con el periódico.

— Quiero hacerme una limpieza... ¿Qué tiene que hace rato lo escucho quejándose?

— No aguanto este dolor de muela...

— Oh valla que si. Esos dolores son los peores...

— Sí, pero estoy seguro que con mirar una sonrisa suya bastaría para calmarlo...

— Usted cree...

— ... Aunque un beso me lo quitaría por completo...

— ¿Ah si? — respondía ella pensando dentro de sí — pero qué se cree este ingrato, respetuoso pero lanzado.

En ese instante comenzó a sonar el teléfono de ella; y el escucharlo y mirar que ella no hacía a verlo le dijo:

— Parece que la están llamando señorita...

— ¡Ah! si... — expresó con su vista fija hacia el frente, sin mostrarle importancia tanto a él como a su teléfono celular que estaba sobre unas de sus piernas.

Alejandro no tenía experiencia seduciendo mujeres así que al parecer esta conversación iba al fracaso, pero:

— ¿No va contestar? — dijo el, al mirarle el posible costado de su cara

— No es necesario, no me están llamando son unos mensajes solamente...

— Tranquila si es su novio yo me comprometo a no hacerle ningún tipo ruido. No se preocupe.

— ¿Cuál novio?

— A poco no tiene...

— ¿Y no era que le dolía la muela? — pregunta ella al mirarlo conversar tranquilamente.

— ¡Creo que hablando con usted a cualquiera se le va el dolor!

Ella no se pudo contener y se echó a reír exclamando:

— Ya me hizo reír usted.

— ¿Le importaría darme su número?

— ¿Para qué? — ella se puso seria.

— Para llamarla cuando tenga algún dolor, es que creo que no necesito mirarla para sentirme bien... De repente basta con solo escuchar su voz.

Sonrió de nuevo — Usted se pasa de veras...

— Bueno está bien pues sí no quiere yo respeto su decisión.

— Ash ¡qué fastidio! ¿tiene celular para que lo marque?

— No, no se ponga así, si no quiere, no pierda su tiempo dándomelo. Nada es bueno a la fuerza.

— No usted... No se preocupe puede anotarlo.

— ¿y esa reacción por qué fue?

— Es por los mensajes que me cayeron, debe ser mi madre que ya me está apurando y ni siquiera he entrado...

— Ah bueno entonces adelante... dictelo.

Puntualmente ella se lo dio. Unos minutos después, él entró al odontólogo, para luego salir y despedirse de ella quien estaba a punto de ingresar para que le realizaran su respectiva limpieza. Éste era el tercer chico que le solicitaba el número de celular.

Capítulo 2 - Un adiós temporal

04 / 01 / 2006


<< De nuevo volvió a encender el interruptor que alimentaba de energía al foco que iluminaba el lugar; en el que había un auto por allá apartado y cierto número de cajas colocadas ordenadamente junto a la pared; se iluminó la sala. Esta vez avanzó desde la puerta dirigiéndose hacia la chica, una vez cerca la observo a través de los respectivos agujeros de la máscara correspondientes a los ojos. Se acercó aún más, se inclinó sobre ella acercándose a su rostro y la comenzó a olfatear, a olerle desde la punta de su mentón hasta las primeras raíces de su cabello en una sola inhalación. La joven aún estaba inconsciente. De inmediato al reincorporarse, se dio la vuelta y regresó de nuevo a su lugar; presionando de nuevo el interruptor dejando el área a oscuras, al salir por la puerta. >>


28 / 09 /2005

Se encontraban la señora Tilma en compañía de la vecina de enfrente, en la sala de su casa conversando cómodamente de diversos temas entre los cuales hicieron referencia al profesor de la esquina de la cuadra:

— Ay no se... Creo que lo más probable es que sí asista a la convocatoria — decía Tilma a la vecina que le acompañaba

— Si es importante no dejes de ir — afirmaba Niliana

— Sí lo haré de todos modos...


— Oime Tilma y el profesor Wendsher ¿qué cuentas del?


— Ahí esta ese loco... Lo tiene perdido la física cuántica.


— Ese profesor es elegante.


— No pues claro. Esta joven es más o menos de nuestra edad, anda como por los treinta y además es adinerado, pero está mal de la cabeza.


— ¿Tan mal está?


— Si, vieras en las reuniones que tenemos en el salón cuando hay recreo o convocatoria, se pone hablar solo alucinaciones que el viaje en el tiempo, que los agujeros de gusano, que las diferentes teorías, que si es posible.... que aquí, que allá, que cúa... ¡Esta traumado el pobre!


— Oh valla... Pero ¿está soltero creo? ... — preguntaba Niliana


— Tendría suerte si encontrara pareja... Sólo una loca igual quel...

— Ah pues si...


— Fíjate que hace poco estuvimos conversando y me dijo que si Énrele estaba libre, porque necesitaba un asistente, y que le iba a pagar muy bien... Pero yo ni loca se lo mando, no quiero que mi hijo quede trastornado con sus locas teorías...


— Un asistente... ¿Y como cuánto pagara?


— Eso no lo se pero teniendo dinero pagaría bien... Aunque ni aun así le mando a Énrele, es que sólo alucinaciones habla ese profesor, es mi compañero de maestría y lo estimo mucho pero con tanta cosa ilógica que habla se me olvida que lo conozco...

— Valla qué mal ... Sabes Tilma yo tengo un sobrino que necesita empleo, el no es de la ciudad y mi hermana Elene me llamó para preguntarme si es posible conseguirle trabajo al muchacho porque anda perdidito, solo salió de la secundaria y se hizo de unas gavillas y solo vagando quiere pasar... Ella afirma que anda perdido, dice que a cambiado bastante el modo de el, la mamá ya no lo soporta. Tal vez te animas a preguntarle al profesor sí todavía necesita el asistente y mando por el ...

— Es una buena idea... Dejame ir a mi habitación a traer la libreta, yo tengo su número anotado. Vamos a preguntarle...

— Sí está bien, aquí te espero... — Una joven pasaba por enfrente de ellas antes que Tilma se levantara del sillón y le dice:

— ¡Mamá ya me voy! — Sé acerco y la besó en la mejilla.

— Bueno, ¿como a qué horas vendrás?

— No se a que hora irá salir el yate... cuando Cris se vaya me regreso...

— Ah bien, pero no te tardes mucho... ¡Oye Scarlett! ¿y por qué llevas esa maleta?

— Cristián me la pidió prestada; la que el tiene es muy pequeña, esta es más grande. Ahorita no voy para el muelle; el se va como hasta las dos y media; voy para su casa ayudarle a empacar.

— Ah bueno, me lo saludas entonces y decile que digo yo, que se cuide mucho.

— Si mamá... Yo le digo; hasta luego señora Nili... — dijo al mirar que la señora Nili después de despedir a su madre.

— Que te vaya muy bien Scarlitta... — Un encanto tu hija verdad... — refirió a Tilma.

— Sí así es ella; ahorita va para el muelle a despedir al prometido...

— Oh valla ¿y es que ya se va casar?

— Pues eso parece... Hace dos semanas que él le pidió matrimonio.

— ¿Así de rápido? Pero, ¿Cuánto tiempo tienen de conocerse?

— Si, tiene como dos meses creo...

— Pero sí que van rápido, en nuestros tiempos las cosas no eran así...

— Así les he dicho; pero fíjate que ese joven se le ve que la quiere, y ella también lo quiere. Él es preparado, tiene una cadena de restaurantes y bueno desde ahí vamos bien, además no vas a creer quien es.

— Es completa Scarlitta, no anda perdiendo el tiempo... ¿Quién puede ser su prometido?

— ¡No si los chicos de hoy no pierden tiempo! Él es el primer ministro — Bueno ya regreso voy por el número...

— Aja muy bien aquí te espero.

Poco después Tilma regreso y marcando el número en el teléfono de casa llamó al profesor, éste contestó:

— Alo, si, buenas...

— Alo Wendsher soy Tilma ¿cómo estás?

— ¡Hey Tilma! Aquí bien y vos... ¿Este es tu número?

— Si este es... Ah.... solo llamaba para preguntarte si todavía necesitas al asistente que me dijiste la otra vez...

— ¡Ah eso! No Til hace poco contraté uno y ha salido bueno.

— Ah que mal...

— Por qué, ¿necesitas trabajo para Énrele?

— No el está trabajando con su padre, era para el sobrino de una amiga...

Niliana solamente escuchaba las respuestas en la llamada por parte de Tilma, mientras bebía del vaso con jugo de naranja en su interior, que tenía en su mano que Tilma le había dado previamente en su llegada.

— Bueno mira en ese caso lo que podemos hacer es conocer al muchacho, no me vendría mal tener dos asistentes...

— Si, entonces que te parece ¿te lo mando?

— Si, puedes enviármelo cuando quieras.

— ¿Si lo vas a contratar verdad?

— Lo dices como si fuera dueño de una empresa, solo lo necesitaría de jueves a sábado le pagaría a unos ochenta y siete dólares el día, de ocho de la mañana a cuatro y media de la tarde...

— Entonces le digo a mi amiga que te lo lleve; porque él no es de aquí de la ciudad, viene de afuera.

— Ah es de afuera... Pero, ¿el ya se encuentra en la ciudad? digo... para ir a verlo ahora...

— No, el no está aquí, él quiere trabajar pero no vendrá sino hasta tener algo seguro...


— Ah que bien. Bueno cuando él esté aquí me avisas y llego a tu casa para mirarlo a ver si me puede ser útil.

— Ok. Un placer saludarte Wendsher... Hasta luego...

— El gusto es... \¬ — Tilma cortó la llamada...

— Si Niliana, si puedes mandar por tu sobrino y cuando esté aquí le avisamos a Wendsher y el vendrá a conocerlo.

— ¡Qué bueno! si porque mi hermana ya no lo aguanta... Solo calle dice.

— En eso hay que tenerles mucho cuidado a los jóvenes ahora, porque la calle les encanta, sobretodo a los varones; pero tu relájate porque con Wendsher tu sobrino aprenderá a dejar la calle, se va volver loco como el pero ya no va andar vagando... — soltó una carcajada.

— Vos sos mala con el hombre — sonrió.

— Ay vieras es que para que te cuento.

— Bueno ya no hace falta... Así que Scarlett es la prometida del primer ministro...

— Sí

— Pero el ya debe ser un señor me imagino...

— No mujer, en realidad él está joven, tiene como veintiséis años...

Así continuaron toda esa mañana conversando de diversos temas. El joven de mala conducta sobrino de Niliana vendría a la ciudad para convertirse en el otro asistente del profesor Wendsher.


Capítulo 3 - Obsesión a la vista


04 / 01 / 2006

<< ¡Clic! — el sonido del interruptor siendo prendido de nuevo — la chica sentada en la silla de madera, perteneciente al juego de la mesa del comedor de uno de los individuos, comenzó a despertar. Ella ha despertado. El secuestrador se acerca para interrogarla entre tanto ella se mueve; él le retira la cinta tipe de la boca. La joven abre los ojos pero no puede ver por causa de la venda de color negro, pero ella comienza a sentirse impedida; se percata de que tiene atados sus extremidades, y comienza a decir aún un poco inconsciente:
— ¡Hola? ¡Hola? ¡Hola? — ¡Auxilio! — gritó.

El secuestrador le dice:

— Grita todo lo que quieras, nadie te oirá.

— ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Quién eres? — preguntó

— No hace falta decir quién soy...

— ¡Por favor dime quién eres y por qué estoy aquí! — ¡Ayuda! — exclamó una vez más.

— No pierdas tu tiempo preguntando.

— No logro reconocer tu voz — decía ella, que intentaba reconocer la voz del secuestrador, quien astutamente portaba un regulador de voz; tanto él como su otro compañero quien solo observaba desde la sala a través de la ventana que daba a la vista con el lugar en que tenían a la víctima, en el garaje.

— Nunca sabrás quién soy.

— ¿Eres tú Marcos? Vamos no me hagas esto por favor ...

El secuestrador se lleno de un poco de ira, y le colocó una mano en el cuello con intensidad e intenciones de estrangularla pero la soltó enseguida y le dijo:

— Te vendría bien no mencionar ese nombre ni ninguno otro. Te saldrá más caro de lo que ya te está saliendo.


— Pero tú ¿quién eres? — comenzó a entrar en preocupación y grito — ¡Sueltame! ¡Axilio! ¡Ayuda! — comenzó a llorar.


— Ssh.. ¡Cállate! Si guardas silencio podría considerar dejarte ir, así que calla y escucha.>>


19 / 04 / 2005


"Te arrepentirás de haberme conocido" — decía uno de los dos mensajes de texto que Scarlett había recibido el día que fue al dentista. No lo había leído sino hasta el siguiente día (diecinueve de abril). Desde entonces ella ya había comenzado a arrepentirse de entregarle el número de celular a Marcos quien de un tiempo cortísimo para acá le venía hablando en sus mensaje de texto con propuestas sexual que ella rechazaba por la manera tan enferma en la que él las exponía llegando incluso hasta ignorar los mensajes y llamadas que recibía de él. Acción que frustró notablemente a Marcos quien ya había perdido el control de la situación terminando toda posibilidad de salir con ella e intentar llegar a algo más (pero no haría esto posible por la voluntad de ella, si no tal vez a la fuerza), y había comenzado a enviarle mensajes amenazadores. Como el anterior, entre otros:

—"Tienes los días contados"

—"Yo te amo sin que tu me ames, ámame o este será mi fin" —

Amenazaba con matarse como forma de chantaje. Lamentablemente Marcos se había hecho de la idea que Scarlett se había enamorado de él por sus tan seductivamente atrapadores mensajes de texto. No así, Scarlett llegó a considerarlo como solo un amigo más, que en pocos días se convirtió en un simple conocido. Él desafortunadamente ya representaba una amenaza para ella. ¿Qué sería capaz de hacer para conseguir el amor de ella aún si tuviera que ser forzado? Scarlett estaba convencida del ligero error que había cometido al darle su número al joven que poco a poco y día con día, a medida que ella se limitaba a contestarle se creaba más grandes ilusiones con ella, aunque, Scarlett en sí pensaba que todo era una broma. No sabía que cada palabra de las que él decía eran tan ciertas como la obsesión que se estaba formando dentro de su ser.

Sebastián en cambio era todo un poeta:
—"Ya que tu me robaste más que el aliento y la mirada, déjame robarte un beso para recuperar mi aliento y quédate conmigo para recuperar un poco de la mirada que un día me robaste y así cada día despertar a tu lado".

Esto era de manera indirecta: vente conmigo. Sebastián era un joven multimillonario, su padre que había fallecido hacia cinco años, le había dejado todo sus bienes, empresas y dinero. No obstante carecía de seriedad, tan sólo utilizaba a algunas mujeres y las invitaba a vivir con el para luego de un tiempo al aburrirse de ellas mandarlas a volar. No era para menos, era de muy buena posición económica, buen estudiante y favorecido por la naturaleza con semejante perfil, pero tal vez mal aprovechado. Podía tener a cuanta mujer quisiera:

— "Ya no sé que voy a hacer, no es lo mismo que estés lejos que estés conmigo, quiero volverte a mirar, probar tus labios otra vez y morir ahí sumergido en su suavidad"

Todo cuanto le escribía eran simples palabras, pero poderosas para convencer el subconsciente de ella. A Sebastián todo le favorecía. La comunicación entre los dos se extendió a mucho más de dos meses, en cambio con Marcos, solo duró menos de cuatro días o menos, sin citas ni nada por el estilo, contrario a Sebastián con quien tuvo su primera cita al día siguiente después de conocerlo.

Alejandro era algo descuidado.
Tenía el número de celular de ella desde hacía tres días y no le había escrito ni siquiera un mensaje de texto. Ella lo recordaba por su mal carácter, por lo enojado que se encontró el día que visitaron al odontólogo, en aquella mañana cuando tuviera su primera cita con Sebastián unas pocas horas después. Alejandro no se había preocupado por escribirle. Él ni por cerca la recordaba.


Capítulo 4 - Él


28 / 09 /2005

Sonaba el timbre de la entrada de la casa; el joven lo presionaba una y otra vez más nadie abría la puerta. Acomodo entonces su maleta y al acercarse a una silla que estaba en el corredor tomó asiento para esperar.
Se veía desde ahí la casa de la profesora Tilma, el veía indirectamente, como distraído y algo molesto cuando de repente, de la casa de la profesora salió una chica que le pareció muy atractiva a sus ojos. Desde donde se encontraba le grito:

— Adiós amorcito... ¡Ojalá me queden fuerzas para levantarme de esta silla porque después de mirarte te estás llevando todos mis ánimos!

La joven sólo lo miró y se echo a reír moviendo la cabeza en señal de negación (de un lado hacia otro), y mirando hacia el suelo mientras se reía y dijo para solo escucharse ella: —¡Ay noo! ¡Que naco!

Él leyó sus labios y levantándose de la silla dejó su maleta y fue tras ella y caminó al mismo paso desde la otra acera y le dijo con un fuerte tono de voz:

— ¿Por qué no se detiene y me deja demostrarle lo naco que soy?

— Yo no dije eso... — respondía ella entre tanto caminaba

— Claro, si no dijo eso, entonces dijo: "qué chico tan guapo, es una pena que tenga tan prisa y no pueda ir a saludarlo... "

— Quién dice eso... Porque yo no lo dije. — continuaba la conversación mientras los dos caminaban.

— ¿y por qué camina tan de prisa ternura? relájese, llegaremos. ¡Ah! Va de viaje... Déjeme le ayudo con sus equipaje.

— No gracias; y quién dice que llegaremos; llegaré yo, pero tú no lo creo...

— Ya camine como tres cuadras creo, al menos deberías de anotar mi número, no lo crees ...

— Yo, anotar tu número, ni te conozco igualado... — Taxi — dijo al parar un taxi...

— Ah-h... — quedó sin palabras

Ella subió la maleta al baúl del taxi para enseguida abordarlo, y el conductor le preguntó:

— A dónde señorita...

— Por ahora lejos de ese individuo...

— Entendido... — contestó el taxista

Bíron quedó sin palabras; sólo se dio la vuelta para regresar...

Tres minutos después al llegar en donde estaba su equipaje:

— ¡Jovencito! ¿Pero qué estás haciendo aquí?

— Tía, eh... hola... Vine pronto porque mi madre se fue de viaje; por lo del trabajo...

— Jovencito pero yo no te esperaba tan pronto... Pero ven, vamos, entremos...

Entre tanto entraban le dice:

— Tía Nili, ella no quiso dejar que me quedara yo solo en casa, por eso me mando.

— Para mi está bien que te haya mandado, sabes, ya tengo un pasatiempo para ti, aquí sí vas a trabajar ¡no vas a pasar vagando jovencito!

— Está bien tía, ¿cuando comienzo?

— Es más justo ahora vamos a ir a conversar con el encargado...

— Esta bien, pero deja me duche antes tía...

— No, así vámonos, luego te bañas, te alisto tu habitación y nos arreglamos. Vamos ahora porque el encargado acostumbra salir a esta hora; con suerte y lo encontraremos.

Llegando donde el profesor, al tocar la puerta este abrió:

— ¡Señora Niliana! mucho gusto ¿qué le trae por aquí?

— Le presento a mi sobrino, el es Bíron quien está interesado en trabajar como su asistente.

— Ah, el es Bíron... Jovencito mucho gusto... — le sacudió el pelo de la cabeza con la mano — ¿qué te parece si comenzamos mañana?

— Si me parece bien...

— Bueno muchacho mi nombre es Carlos Wendsher, soy físico.

— Soy Bíron Obsur...

La señora Nili les dijo:

— Parece que se llevarán muy bien; Bíron ya me voy, no olvides llegar a casa... Hasta pronto señor Wendsher.

— Claro tía...

— Que le vaya muy bien señora Nili.. — decía el profesor al mirar que ella se iba... — mirando a Bíron dijo: — por aquí Bíron... Sígueme quiero presentarte a tu compañero...

Bíron le siguió y al entrar al laboratorio le presento a Ferrér.

Unas horas después:

— ¿Comenzamos mañana entonces Bíron?

— Si señor Wendsher, mañana lo veo...

Bíron conoció a su compañero asistente; el profesor Wendsher le explicó en detalle específicamente en que consistía su búsqueda: Descubrir cómo amplificar el bucle que impedía que materia superior a un insecto como una pulga, pudiera pasar por el conducto para poder viajar en el tiempo.

Bíron caminaba por la acera cerca de llegar a casa de su tía, la chica a la que había perseguido hacia unas horas, volvía a parecerse pero esta vez de regreso; al mirarla le dijo:

— Así que te fue mal en la cita, ¿por qué no veo una sonrisa en tu rostro?

— Ash, tú de nuevo... ¡Qué mala suerte tengo!

— Cuánta razón tienes... Conmigo sí te hubieras divertido.

Ella sonrió burlonamente y dijo:

— Eres todo un tontuelo; jamás saldría contigo... ¡Ni aunque me pagaran!

— Sería demasiada suerte para ti.

Ella noto que él se dirigía a casa de la señora Nili y le preguntó:

— Espera, ¿vas donde la señora Nili?

— Sí... es mi tía...


— ¡Oh valla! no sabía...


— Ahora ya lo sabes; soy nuevo en la ciudad, nos vemos luego...

— Está bien, engreído...

Bíron entró a casa de su tía, Scarlett fue a la suya. Aunque él fingiera mostrarse indiferente, más enseguida no podría ocultar que ella le había comenzado a atraer físicamente aunque ella sería su señuelo.



Capítulo 5 - Proposición

04 / 01 / 2006

<
— ¡Vaya que si eres hermosa! — estiró su brazo y se lo acercó al rostro de ella retirándole la venda de los ojos. Ella pudo verle y miró la máscara pero no su rostro, y hablándole dijo:

— ¿Quién eres? ¿Por qué me haces esto?

— No creas que porque me supliques te dejaré ir... — ¡Liberen a Willi! — expresó burlándose.

— ¿Quién eres maldita sea?

— Oh estás desesperada... Tranquila, no te haré daño; al menos no aún. Como ya habrás visto, no soy el tal Bíron que mencionaste hace rato. Ahora voy a ponerte la venda y conversamos luego, y sino, pues me da igual.

— ¿Por qué no me dices que es lo que quieres? — comenzó a llorar de nuevo, el secuestrador se dispuso a ponerle la venda mientras le decía:

— Primero que nada debes relajarte, ya pronto sabrás que es lo que queremos de ti, o quizá no. — aún no le ponía la venda.

— ¡No puede ser Dios mío! ¡Auxilio! ¡Ayuden-me! — gritaba ella.


— Ahora por qué no me dices cómo se llama tu enamorado ¡tu bello y encantador amor! — expresó con sarcasmo.

— ¿Para qué quieres saberlo maldito imbécil?

— ¡Oh qué interesante, ya comenzamos con los insultos! — la sujeto fuertemente del cabello y le dijo: — ahora mismo él podría estar muerto si así lo quisiera yo. Así que colabora, ¡dime quién es!

— No tengo por qué decírtelo...


— Ok, ¡cómo se ve que adoras este lugar, valla, valla... Y yo que pensé que querías irte cuanto antes!

— E-el es alguien muy especial e importante para mí.

— De veras lo es... y ¿Cuál es su nombre?

— Él se llama Cristián...

— ¿Cristián? pero entonces ¿quién es Bíron? al que acabas de mencionar... — el otro individuo secuestrador se acercó y se puso al lado de su compañero que estaba sentado...

— Bíron es un amigo — expresó ella

Preguntó el otro secuestrador:

— ¿Una amigo solamente?

— La verdad es que fuimos novios hace algunos días.

— ¿Sabes que por causa de él estás aquí? — miro a su compañero secuestrador y le dijo:

— levántate de esa silla (porque éste se había vuelto a sentar luego de que la sujetara del cabello) y ponele la venda, ni quiero que me mire. — tomó entonces él la silla para sentarse y conversar con ella entre tanto que su compañero le ataba la venda y le dijo: — Así que tú eres Scarlett... De veras que pensé que Bíron se había fijado en alguien más sexy, pero tú... ¡Uch!

— ¡Oye ten más cuidado con lo que le dices! Si no es sexy para ti, para mi lo es...

Respondió al reclamo de su compañero:


— Relajado querido, no quise ofender a tu amorcito — extendió la mano y le dio una cachetada a ella y expresó mirándola:

— Vendré luego, para explicarte qué tienes que hacer para que seas finalmente libre. Iré a fuera por un poco de aire. Quedas a cargo inútil. — y salió. Scarlett lloraba casi a moco tendido. El otro secuestrador quedó con ella.


18 / 04 /2005


— Gracias por venir, te vez hermosa Scarlett


— ¡Nooo! Gracias a ti por invitarme...


— Scarlett, yo no acostumbro decir esto en la primera cita pero, contigo debo hacer una excepción...

— ¿Si?... Dime.

— Tú me gustas.

— ... Bromeas ¿cierto?

— N-no, no bromeo, te estoy diciendo lo que siento.

— No me gustaría que me mientas.

— No, eso nunca. Escucha, yo estoy solo, vivo en mi apartamento el cual pago con lo que trabajo. Tengo un buen empleo, no me quisiera jactar pero pues soy rico, lo tengo todo, lo he tenido todo pero siempre me ha hecho falta algo. Una chica a quien amar. Alguien que me ame como tú.

— Ah-h creo que yo no podría decir que te amo, si me gustas y eso pero no es que te ame. Aun.

— Entiendo que aun no, sería demasiado pronto, pero, puedes aprender amarme. Me creerás desesperado, pero una mujer tan hermosa como tú, quien la posea querrá nunca dejarla ir; yo hoy voy a asumir ese riesgo de perderte con lo que te diré... — agachó la mirada.

— Tranquilo, no te preocupes, sólo di lo que tengas que decir... Yo estoy para escucharte.

— ¿Querrías venir a vivir conmigo a mí apartamento? Sé que nos venimos conociendo pero desde ya, no quisiera tener que perderte.

— Ah, estoy ah-h sorprendida... la verdad no se que decir... Tú si me gustas pero... No lo sé, tal vez necesite tiempo...

— ¿Cuánto tiempo necesitas?


— No te podría decir, pero es bastante.


— Bien, te daré una semana para que lo pienses...


— Claro, esta bien. Yo te doy la respuesta en una semana, aunque pueda que necesite más tiempo.


Dentro de sí Scarlett sentía una fuerte atracción hacia él, esto era la razón por la que no pusiera pretextos variables para diluir su propuesta, sino que le habló directamente cuál era el inconveniente, ella aún no estaba segura de ello. Por mucho que Sebastián le atrajera no significaba que de primas a primeras se iría a vivir con él y con solo un día de conocerse; para esto hacer, ella necesitaba sentir un sentimiento; un sentimiento que no tan fácilmente se puede sentir en tan poco tiempo, el sentimiento de amar.

Desde la cocina el encargado del restaurante observaba a los jóvenes.
Uno de los meseros, el correspondiente a atender esa mesa, les servía la orden.
El encargado, propietario del local le comentaba al chef mientras veía a los jóvenes:

— ¿Pero quién es ese encanto de mujer que es está en esa mesa?

El chef asomándose para mirar le dijo:

— Parece que no es de por aquí señor.

— Parece caída del cielo, es atractiva, me gusta Nilton.

— Señor pero si usted puede ver ella anda acompañada...

— Si Nilton así parece, pero y eso qué; apuesto que nunca te dije cómo me decían en la universidad...

— No recuerdo que me lo haya dicho ¿Cómo le decían señor?

— Me decían el NOPERDONA, pasame un delantal y un birrete, vamos a ir a conocerla...

— Claro señor,... Aquí tiene.


La cita primera continuó y ya la comida estaba en la mesa en la que se encontraban sentados conversando:

— ¿Qué te gusta de mí? — preguntó Scarlett

— Honestamente, tienes un agradable tono de voz, me haces reír y sobre todo eres muy hermosa, eso es suficiente para mi, lo demás lo iré descubriendo... ¡Si me lo permites claro!

— Ah, woow ¿agradable, en serio? Mi madre dice que soy bien seria; eso no es tan agradable

— Eso dice... — sonríe — en mi caso, yo creo que miró tu supuesta seriedad como algo agradable...

En ese momento mientras continuaban hablando se acercó el encargado del restaurante vestido como mesero, que se acercaba para conocer un poco de ella:

— Provecho jóvenes, me disculpan la interrupción, solo quería preguntar si desean ordenar alguna otra cosa...

Sebastián miró a Scarlett y dijo:

—No sé si esta bella mujer se le antoje alguna otra cosa...
Scarlett respondió:

— En realidad no; ya me estoy llenando con esta ensalada... Gracias.

— Bueno mesero ya escuchó, ella no desea nada...

— ¿Y usted caballero?

— No, gracias yo, estoy bien.

— Muy bien jóvenes, de cualquier forma la casa les hará un obsequio al momento de su partida. Pasen por la caja y reclamen su regalo, buen provecho y en caso de que necesiten algo solo ordenen-lo.

— Gracias — dijo Scarlett

El encargado vestido de mesero se fue volviendo a la cocina.


— ¡Lo ves! — expresó Sebastián


— El qué... — contestó Scarlett de inmediato


— Usted sabe perfectamente cómo ingeniárselas para que la suerte juegue a su favor... El restaurante nos dará una obsequio cuando nos vayamos...


— Ah-h... ¿Lo viste como me quedó mirando?


— Sí, así parece... Pero que tenga mucho cuidado, usted está acompañada.


En la cocina:

— ¿Cómo le fue señor?


— Muy bien Nilton, antes de que ellos se vayan entregales dos órdenes de ensalada de frutas por aparte, una para ella y otra para el muchacho ese; a la de ella pegale un papel con mi número debajo de la caja: pon mi nombre y mi número de celular ¿Entendido? — decía mientras se quitaba el delantal y luego el birrete.

— Claro señor como usted guste.


— Perfecto Nilton, quedas a cargo, asegúrate de que vaya pegado bajo la caja. Me voy tengo un asunto que atender esto de ministrar me está consumiendo — decía mientras recogía su saco y su sombrero para posteriormente salir por la puerta trasera.


La cita ya había concluido y era momento de salir para que cada uno regresara a su respectiva casa, pasaron por la caja cancelando y Nilton les entrego el obsequio.
Una vez fuera del restaurante ella tenía que tomar un taxi para regresar, conversaron una vez más:

— A ver, ¿qué te dieron a ti? — pregunta ella.

El respondió:

— Una ensalada ¿y a ti?

— Lo mismo... — sonríe

— ¿Nos volveremos a ver? — preguntó el.


— No — respondió ella irónicamente y sonrió


— Ah-h, si que te encanta bromear verdad...


— Claro que si nos volveremos a ver... Por supuesto que si.



— Eso deseo, y por favor piensa en lo que hablamos. Yo te quisiera tener a mi lado siempre.


— Como te digo no es una decisión que pueda tomar así a la ligera. Aún no quiero, pero después quizá si; por ahora necesito tiempo, respeto que lo comprendas...


En ese momento el taxi ya estaba ubicado y listo para llevarla de regreso a su casa. Se acercó a Sebastián y le besó en la mejilla él le dio un abrazo fuerte ella al sentirlo también lo hizo aplicando algo de fuerza. El taxi la llevó a su casa; y una vez dentro fue a la cocina, abrió el refrigerador y coloco la ensalada de frutas para comerla después.

Capítulo 6 - Enojo del olvido


04 / 01 / 2006


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— Lamento mucho lo que te está sucediendo pero si lo permito, es porque te amo y quiero que seas mía para siempre.

Le quitó la venda. Su compañero regreso rápidamente de tomar aire y se acercó y le dijo a ella:

— ¿Por qué cometiste el error de meterte con Bíron?

Scarlett no respondía solo lloraba.

¡Fuit! — Scarlett, Scarlett y grito fuertemente su nombre en la tercera vez al pronunciarlo —¡Scarlett! — Se abalanzó sobre su cuello poniendo la navaja en el mismo y la sujetó agresivamente de la quijada con la otra mano y completó lo que le iba a decirle: — Espero que sea verdad lo que le dijiste a mi compañero, que sólo eres ahora amiga de Bíron. Porque de lo contrario me temo que tendré que acabar contigo. — la soltó y guardo su navaja.

Scarlett le dijo:

— No tienes de que preocuparte, el ya no es nada mío...

— Espero que así sea —sonrió con malicia — De lo contrario, si no es así, será su fin, mira te contaré; esto es lo que haré si él vuelve a decirme que no: te enviaré a ti directo a su casa, él seguramente debe estar alterado si es que ya se dio cuenta, que desapareciste; entonces te abrazara y luego boom, restos de órganos por todas partes; y, como será difícil dar con el causante de sus muertes, estaré tranquila, pero si algo sale mal, tengo una nueve milímetros con silenciador que terminará conmigo en un solo disparo. Y así, ¡todo el mundo feliz! Bíron no será para mí ni tampoco será para otra — expresó un sonrisa macabra.

— Oye eso no fue lo que acordamos... Dijiste que la asustaríamos y luego me la llevaría para mi casa — reclamaba su compañero de secuestro.

— Descuida, si todo sale como quiero te la llevarás y harás con ella lo que gustes.

— ¿Entonces todo esto es por Bíron? — preguntó Scarlett.

— Correcto, mejor te hubieras mantenido alejada de el; y seguro nada de esto te hubiera pasado. Ahora calla, necesito hacer una llamada.>>



28/ 09 / 2005

Hacía unos minutos Bíron se había despedido de esa chica engreída, a la que aún no le sabía el nombre. Habían transcurrido tres horas desde ese evento efectuado como a las cinco; eran las ocho de la noche y el se encontraba en la habitación asignada distribuyendo la ropa que traía dentro de su equipaje. Cuando de repente su tía lo llamó:

— Bíron, sobrino, ven...

Al abrir la puerta de la habitación y salir dijo:

— ¿Qué sucede tía?

— Necesito que me hagas un favor.

— Si ¿En qué te puedo ayudar?

Se acercó a la puerta y al abrirla le preguntó:

— ¿Ves la casa de enfrente?

— Sí claro, la veo...

— Bueno iras a traerme unos moldes que me van a prestar, ven rápido ¡preparare unas pizzas para que cenemos!


— Claro ¿por quién preguntaré?

— Tilma se llama ella; tras que toques la puerta ella te abrirá... Así que vete y ven rápido.

Bíron salió, pasó por el jardín, por la acera, cruzo la calle, piso la otra acera, pasó por el otro jardín y llegó al corredor, se acercó a la puerta y tocó con puño cerrado no percatándose que había un timbre; una voz femenina dijo desde a dentro:

— ¡Voooy! — con extensión.

Abrió la puerta y al mirarlo le dijo:

— ¿Tú? Ach ... ¿Qué se te ofrece, a que has venido?

— ¿Esta la señora Tilma?

— Está acostada en este momento ¿por qué?

— Mi tía mandó pedirle prestados unos moldes para pizza, si se los puede prestar..

— ¡Ah! yo podría prestarlos pero si los traes mañana, ¿bien?

— Esta misma noche se los traeré.

— ¡No tanto así! Estarán calientes creo — sonrió.

— No importa tu me ayudas a enfriarlos.

— Claro te prestare la manguera que tenemos allá atrás...

— Ah, ¿entonces nos vamos a bañar?

— ¡Jah! Te iras a bañar vos...

— ¿En serio tienes una manguera?

— Sí, porqué...

— Podrías prestársela a mi tía, mañana quiero lavar mi habitación, esta algo sucia; huele a bodega de repuestos de motos.

— ¡Ah si! vuelve mañana por ella... Ahora iré a traerte los moldes... — fue por ellos a la cocina. Al regresar le dijo:

— Aquí tienes lo que pediste... Vuelve mañana por la manguera.

— Oye y por qué mejor no me la das ahora, mañana quiero amanecer lavando la habitación...

— ¿Y no puedes venir mañana?

— La verdad no; créeme ya es demasiado venir a molestar ahora...

Ella miro con cara de indiferencia al cantear la vista hacia un lado y le dijo:

— ¡Vaya! ¡Al menos reconoces que me fastidia tu sola presencia!

— ¿Me la vas a prestar o tendré que venir a robártela cuando sea más tarde?

— Mmmm... Eres bien gracioso. Solo por hoy te la prestare... Espera aquí, iré por ella.

— Gracias, te espero.

Ella fue y la trajo y entregándosela le dijo:

— Pero con carácter devolutivo por favor...

Al tenerla entre sus manos y colocarse-la sobre su hombro, le dijo el:

— Si si, cuídate feliz noche. Te traigo todo esto mañana.

— Bien engreído... Hasta luego... Si vendrás mañana ¿cierto?

Bíron camino y le dio la espalda sin responder nada y regresó a su casa. Ella se enfureció y le grito:

— Estúpido a ninguna mujer se le ignora — y cerró la puerta con fuerza.

Una vez en casa, dirigido a la cocina fue donde Niliana y le entregó los moldes:

— ¿Tilma te los dio? — preguntó su tía.

— No, una joven fue... No se como se llama no le pregunte.

— ¡Ah! Scarlett debió ser...

— Bueno, y también fue amable... Me prestó la manguera...

— Entonces fue que le agradaste porque ella no presta nada...

— Bueno, sea como sea me la presto... Iré a mi habitación, cualquier cosa me llamas tía.

— Cuando ya esté la pizza, yo te llamo...

Bíron fue a su habitación, fue por su teléfono celular que estaba conectado al toma corriente; tenía pensado continuar jugando un juego de plataforma.
Entre tanto el juego cargaba para abrirse y comenzar, un mensaje de texto cayó en su buzón de entrada; era un número desconocido. El mensaje decía solamente: "Hola".

Podía asegurarse de que era el profesor Wendsher — pensó — ya que al día siguiente comenzaría a trabajar con él como su asistente número dos. No sintió necesidad de responder, se conformo en creer que el mensaje provenía del profesor. A los segundos de continuar en el juego, recibió otro mensaje que decía: "Guapo no he podido olvidarte por qué me haces esto" Fue entonces para él más sencillo entender quién era la persona que le escribía. De nuevo un tercer mensaje: "Aunque estés lejos, aunque no me quieras siempre serás mío, ¿¿¿lo entiendes??? para mí, mío y sólo mío. Para mí y para nadie más" Estos mensajes parecían insignificantes pero en realidad tenían una poderosa intención de hacerse realidad en lo que decía cada una de las palabras. Bíron al comprender quién era la persona, borro aquellos mensajes y no miró los siguientes, tan solo los eliminó y sin darse cuenta que uno de ellos contenía escrito una fuerte amenaza que seguramente se haría realidad.

29 / 09 / 2005

La noche anterior transcurrió, y ahora era temprano en un nuevo día; hacía una media hora que había amanecido. Bíron ya estaba a fuera junto a la llave del patio conectando la manguera para iniciar con el proceso de limpieza de su habitación, que tenía pensado hacer desde la noche anterior. Desde la casa de la profesora Tilma, Scarlett se asomó por la ventana así casualmente; en su observación miró a Bíron junto a la llave intentando conectar la manguera. Ella tenía en mente ir a mirarse con alguien pero quería echar un vistazo a ver qué estaba haciendo Bíron o tal vez solo quería saludarlo. Llena de curiosidad por ir a mirar, salió de su casa, pasó por la acera y cruzo la calle, llegó al jardín y suspendió el balde de agua enjabonada que estaba a espaldas de el, quien ya casi terminaba de conectar la manguera, cuando de repente se lo echó encima.
Al sentir el agua caer sobre sí, reaccionó sorprendido y se levantó enseguida:

— ¡Pero qué rayos! ...—exclamó y miro en dirección al balde — ¡Tú! ¿Oye por qué has hecho esto? — dijo al mirarla luego a ella.


— Tenías que pagar por lo que me hiciste anoche.

— Pero ¿qué te hice? ¡Cielos esta helada el agua!

— Descarado... A mí nadie me ignora.

— Si pero no debiste hacer esto...

La manguera solo necesitaba presionar el seguro para echar agua en abundancia. Con intenciones de venganza Bíron la tomó y le apuntó a ella diciéndole:

— Ah perfecto, entonces ahora es mi turno...

— No, no por favor no, no me vayas echar agua; te lo pido por favor no lo hagas.

— ¿Por qué no debería?

— Estoy enferma, tengo algo de gripe, ¡suuuf! — inhaló fingiendo gripe y agregó — me podría hacer daño.

— Y ¿cuándo te pego la gripe? Ahorita que te apunte — sonrió

— No lo hagas por favor... ¿Si?

— Dame una razón y no lo haré.

— No eres un verdadero hombre si te atreves hacerlo.

— ¡Ah! ¡Cómo! ¿¡No soy hombre si no lo hago!? ...

— No, si lo haces no eres hombre...

— ¿Te parece que es suficiente para que no lo haga?

— ¡No te atreverías!

— Crees que no — hizo el mate.

— ¡No por favor no! — exclamó agachándose un poco y colocando sus mano en la cabeza para cubrirse.

— Que gracioso; qué ridícula te ves... — exclamó mientras se reía casi con descontrol.

— No, no es como tu dices; si me mojas no podré salir, voy para el supermercado.

— Ah que lastima no poder acompañarte...

Ella sonrió con sarcasmo y dijo:

— ¿Y quién te está invitando?

— Supuse que venías a invitarme.

— No, ni loca... Solo quería confirmar que todo estaba bien con mi manguera...

— Pues no se si funcione pero ¿qué te parece si la probamos? — le apuntó y presionó mojándola por completo, apuntando con firmeza rociando cada parte de su cuerpo mientras ella intentaba cubrirse con las manos; Bíron cerró el seguro.
Ella enojada reaccionó, y le dijo:

— Mal viviente, descarado, estúpido, no tenías que mojarme ¡ach! Pero esto no se va quedar así — hizo acercarse a el para pegarle un puñetazo, el corrió, ella lo siguió.

— Espera, puedes calmarte — decía el para que se calmara.
A poco de correr, resbaló y callo en el césped, se embarro de lodo; Scarlett que venía persiguiéndolo tropezó cayendo encima de el golpeándose la cabeza. Los dos se levantaron, ella se quejo del golpe.

— ¡Ah que golpe me di!


— Oye si, ¡creo que quebraste una piedra! — rió un poco.


— ¡Y me llené de fango! Esto fue por tu culpa — Su ego femenil cayó al suelo y comenzó a llorar.

— No, no por favor, no me digas que estás... — ella lloraba y se disponía a marcharse cuando él se acercó un poco más e intento abrazarla; agregando — Oye, perdona si... No imagine que esto sucedería.

— Tú ya no me hables machista simplón; no quiero volver a verte, desaparece de mi vista
— y se fue lentamente de regreso a casa.

— ¡Lo siento mucho, no fue mi intención!


Ella volvió a su casa lo suficientemente disgustada para nunca más dirigirle la palabra.
Decir cuanto tiempo pasaría para que ella olvidara este hecho que le molestó era impredecible. Bíron en cambio quizá volvería a hacerse de amistades que lo llevarían nuevamente a la vagancia.

Transcurrió el tiempo y llego la noche, era el momento ideal para ir a entregar tanto los moldes como la manguera y se dispuso a ir dejarlos. Tocó el timbre:


— Buenas, usted debe ser la señora Tilma. Aquí mandó mi tía los moldes y la manguera que Scarlett nos prestó anoche.


— Ah ella se los presto... ¿Y cómo no me enteré?

— Yo vine preguntando por usted... Pero ella me dijo que usted se encontraba en cama.


— Si ayer me acosté temprano, me sentía cansada.


— Ah bien. Bueno me voy, gracias por el favor.


— ¿Se va tan rápido?


— Sí, debo regresar.


— Porqué no se queda haciéndome compañía un momento — decía Tilma con malas intenciones


— Ah-h la verdad tengo prisa señora Tilma



— ¿Quieres ganarte unos cuantos dolares?

— Eh si, claro... —Bíron cambio de parecer — ¿Qué tengo que hacer?


— ¿Qué sabes hacer?

— ¿Es con respecto a trabajo?

— Digamos que si...

— Bueno muchas cosas, aunque soy más con la fontanería.

— ¡Ah! fontanero; por qué no entras y tomas asiento, para explicarte de qué se trata el trabajo?

— Bien compromiso — y entró pasando rápidamente a sentarse. La señora Tilma le dijo:

— Vamos a mi habitación...

— Todavía no me explica qué tengo que hacer...

— Vamos a mi habitación y le explico todo en detalle.

— No, cómo cree, aquí estamos bien — dijo Bíron nervioso.
Tilma entonces se balanceo sobre el y le sedujo diciéndole, entre tanto lo acostaba en el largo sillón:

— Así que aquí estamos bien... No quieres que sea en mi habitación... Por mi no hay ningún problema — y comenzó a quitarle la camisa.

— ¡Mamá, mamá! abre la puerta estoy aquí — decía Scarlett estando en la entrada.

Tilma se suspendió y le dije a Bíron:

— ¡Pronto póngase la camisa!

Tilma fue a la puerta, Scarlett entró y pasó por la sala y al mirarlo le dijo:

— ¿Y tú qué haces aquí?

— ¡Hey eres tú! ¡Qué bueno mirarte!

— No me hables como si todo estuviera bien entre nosotros ¿qué estás haciendo aquí?

— Sabes ya me iba...

— ¿Qué pasó hija, por qué tratas así al joven?

— El bien sabe por qué...

Bíron se levantó del sillón y le dijo a la señora Tilma quien más o menos tenía entre treinta y dos y treinta y cinco años de edad:


— Bien señora Tilma con su permiso yo me voy, en otra ocasión me dice en que consiste el trabajo. — sonrió nervioso.

— Claro joven.

Bíron se marchó. Tilma le preguntó a Scarlett:

— ¿Por qué tratas al joven de esa manera?

— Mira mamá, hoy no quiero entrar en discusiones. Si me necesitas estaré en mi habitación.

Scarlett fue a su habitación y Tilma quedó en la sala. Bíron se encontraba atónito por lo sucedido hacia rato.
Estaba sorprendido con cara de expectación dentro de su habitación. ¿Qué intensión tendría la señora Tilma con él?
Capítulo 7 - Insistencia

En el baúl del taxi iba su maleta llena de ropa, este era el momento de despedir a su prometido, quien la esperaba en el muelle. El taxi debía desviarse en dirección hacia el muelle pero Scarlett había indicado al taxista otro destino. Al llegar al patio del apartamento en donde pretendía hospedarse por el resto de la tarde, bajó del vehículo y en la entrada acercándose a ella venía Sebastián a encontrarla. La miró y le dijo mientras ella sonreía:

— ¡Sí veniste! — La abrazo y le dio un beso en la mejilla, que lentamente se fue convirtiendo en uno en los labios.

— ¡Sí ya lo ves! ¡Aquí estoy! — decía ella después del beso.

— Desde hoy te quedarás conmigo ¿cierto?

— Eso espero. Solo traje una parte de mi ropa

— Descuida, olvídate del resto, mañana iremos de compras y compraremos cuanta necesites

— Si pero antes iré a casa otra vez, y te prometo que mañana regresaré y me quedaré contigo para siempre

— No tienes porqué volver... Quédate ahora.

— Escucha Sebastián, voy a vaciar la maleta, y me la llevaré e iré por el resto de la ropa que me falta

— ¡No acabo de decirte que mañana compraremos ropa nueva y toda la que quieras!

— Lo sé, pero por favor, dejame ir a traer lo que me hace falta y regresaré mañana si.

— Bueno, está bien vete.

Sebastián le dio un beso ella lo recibió. Se despidieron y abordó un taxi, a quien indicara su nuevo destino, el muelle, en donde estaría su prometido, de quien se despediría.

En el muelle:

— Te extrañare mi amor, pero regresaré lo antes posible — decía el joven ministro Cristian Bornet

— También