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EL MANUSCRITO VOGEL, Legado de un Alquimista

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El blog de R.A. Mobe

驴DE QU脡 TRATA EL MANUSCRITO VOGEL?

A帽adido el 08/08/2018

Good http://bob.me/?clid=Cheap-Viagra-Online-Canada online, Limited supply buy xenical 120 mg online 馃敟 Okapi operant conditioning orangutans Ostrich La trama de 鈥淓l Manuscrito Vogel, legado de un alquimista鈥 trata b谩sicamente sobre alquimia. Pero 驴qu茅 rayos es alquimia?, se preguntar谩n algunos.

La alquimia, para los acad茅micos, es una disciplina te贸rico-pr谩ctica anterior a las ciencias, una que dio origen a la qu铆mica, y cuya pr谩ctica hoy d铆a es considerada por ellos (los acad茅micos) como pseudo-ciencia鈥 vamos, es decir charlataner铆a.

Para cient铆ficos disidentes, para algunos intelectuales, y para entendidos no-acad茅micos, la alquimia es otra cosa. Unos la califican como la madre de todas las ciencias, una ciencia arcana, herm茅tica, oculta, cuyo prop贸sito fundamental es la b煤squeda de la Piedra Filosofal (s铆, seguro les vino a la mente Harry Potter鈥 olv铆denlo). De acuerdo a la creencia popular (real) y a la Tradici贸n plasmada en innumerables textos a lo largo de la historia, con la Piedra Filosofal se tiene el elixir de la inmortalidad, la medicina universal capaz de curar cualquier enfermedad, y el polvo de proyecci贸n capaz de transmutar cualquier metal vulgar en un metal noble (el plomo en oro, por ejemplo)鈥 Testimonios hay sobre todo esto, y personajes hist贸ricos importantes involucrados en su estudio y pr谩ctica, entre ellos: Alberto Magno, Roger Bacon, Ramon Llull, George Ripley, Thomas Norton, Johannes Trithemius, Cornelius Agrippa, Paracelso, Tycho Brahe, Jakob B枚hme, Jan Baptist van Helmont, Robert Boyle, e Isaac Newton鈥

Para otros entendidos, la b煤squeda alqu铆mica, la de la Piedra Filosofal a semejanza de la b煤squeda del Santo Grial (analog铆a que tambi茅n da mucho tema para escribir), es un s铆mbolo de una b煤squeda de orden espiritual, de la realizaci贸n y de la iluminaci贸n personal. La transmutaci贸n met谩lica alqu铆mica es un s铆mbolo de la transmutaci贸n interior, espiritual, del individuo鈥 del alquimista. De ah铆 que al proceso se refieran algunos como: 鈥渞ealizaci贸n de la Gran Obra鈥.

Como ya mencion茅, muchos libros se han escrito sobre esto, desde hace siglos. De hecho, las pr谩cticas alqu铆micas se pueden rastrear hasta el antiguo Egipto, e incluso antes, hasta los mismos or铆genes de la civilizaci贸n, con los sumerios, pasando luego por la civilizaci贸n india y china, entre otras, para m谩s tarde encontrar sus claves ocultas inscritas en las catedrales g贸ticas de la edad media europea.

Sobra decir que, para algunos entusiastas de las teor铆as acerca de alien铆genas ancestrales, la alquimia es una super-ciencia de origen extraterrestre, tra铆da a nuestro planeta cuando ellos ayudaron a levantar nuestras primeras civilizaciones鈥 Vamos, recuerden que no estamos interesados en este momento en la validez o no de estas teor铆as; estamos hablando desde el punto de vista de la literatura de ficci贸n. Con la alquimia como super-ciencia de origen extraterrestre hay mucho material para escribir, y como primicia, podr铆a ser parte de la trama de una segunda parte del 鈥淢anuscrito Vogel鈥, si es que gusta 馃槉.

Volviendo a lo que nos ocupa, mi novela se enmarca en una trama de ficci贸n que utiliza la alquimia como denominador com煤n de dos historias que desarrollo paralelamente. Una que ocurre en la actualidad y la otra que ocurre en un pasado no tan lejano (entre 1884 y 1947), mostr谩ndose o desarroll谩ndose como el contenido del manuscrito del alquimista (Alexander Vogel).

La historia 鈥渁ctual鈥 est谩 escrita en tercera persona, con un enfoque narrativo m煤ltiple鈥 es decir, el narrador no es un personaje y m谩s bien la acci贸n se comunica desde el punto de vista de varios personajes, particularmente desde la perspectiva de Daniel Parish, profesor de filosof铆a de las ciencias, uno de los personajes principales. Mientras intenta seguir las pistas dejadas por el alquimista (Alexander Vogel), y salvar una vida, Daniel, con ayuda de Estel Grau y Malena Deruelle, deber谩 lidiar con personajes antagonistas que intentan arrebatarles el manuscrito, un medall贸n de oro de aparente manufactura alqu铆mica, y un legado adicional e inesperado dejado por el alquimista, Vogel.

La otra historia, propiamente el contenido del manuscrito Vogel, est谩 escrita en primera persona. Aqu铆 el narrador, Alexander Vogel, es el protagonista. 脡l describe c贸mo se convierte en alquimista, sus venturas y desventuras, algunas que transcurren como miembro del equipo franc茅s en la construcci贸n del Canal de Panam谩. Vogel nos habla 鈥攈asta el l铆mite que la Tradici贸n del secreto le impone鈥 sobre las ense帽anzas clave que lo llevan a la realizaci贸n de la Gran Obra, interactuando en el camino con personajes que en realidad existieron, algunos muy conocidos y otros no tanto, entre ellos: John Keely, Franz Hartmann, Carl Kellner, Rudolf Steiner, los hijos del conde Ferdinand De Lesseps, Pierre Dujols, Henri Coton-Alvart, Jean Julien Champagne, Alphonse Jobert鈥

En una capa superficial, el trabajo resulta de naturaleza did谩ctica, dando a conocer qu茅 es la alquimia, sus principios operativos, y c贸mo es vista hoy d铆a; pero tambi茅n he tratado de crear otras capas donde busco transmitir la emoci贸n de quien consigue descubrir algo muy oculto, un misterio profundo, y la sensaci贸n de que la trama, en realidad, oculta valiosa informaci贸n鈥 Si queda en el lector alguna sutil sensaci贸n de que alguna verdad subyace entrel铆neas, estar茅 m谩s que satisfecho.








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EXTRACTO DEL CAPITULO 19

A帽adido el 08/08/2018

| Up to 40% Off馃敟 |. The offer is limited. click here ,We have special offers for you.. Check More 禄 鈥 frustrado y desilusionado por mi segundo intento para desentra帽ar el misterio de la realizaci贸n de la Gran Obra Alqu铆mica, impulsivamente decid铆 aprovechar una inesperada oportunidad que surgi贸 para viajar a Am茅rica, y as铆 me enlist茅 en la accidentada aventura francesa que pretend铆a la construcci贸n de un canal mar铆timo que unir铆a el oc茅ano Atl谩ntico con el Pac铆fico; de hecho, el segundo intento de los franceses.
La Compagnie Universelle du Canal Interoceanique hab铆a iniciado operaciones en el Istmo de Panam谩 entre 1880 y 1881, pero en 1889 las excavaciones del canal se detuvieron y la compa帽铆a se declar贸 en bancarrota. Esta quiebra ocasion贸 una grave lesi贸n patrimonial al estado franc茅s, originando una crisis financiera que provoc贸 la p茅rdida de los ahorros de muchas personas. El denominado 鈥渆sc谩ndalo de Panam谩鈥 se destap贸 en 1891, cuando se interpuso una demanda de fraude al gestor del ambicioso proyecto, el h茅roe franc茅s conde Ferdinand-Marie De Lesseps, padre del Canal de Suez, a su hijo Charles y a otros importantes personajes entre los cuales se encontraban Gustav Eiffel y el entonces ministro de obras p煤blicas de Francia. Todos ellos resultaron condenados por el Tribunal de Apelaci贸n de Par铆s.
Lamentablemente, el conde De Lesseps fallecer铆a en Diciembre de 1894, apenas un par de meses despu茅s de que se concretara la organizaci贸n de la segunda compa帽铆a francesa, la Compagnie Nouvelle du Canal de Panam谩, con la cual se reanudaron las excavaciones en el Istmo en 1895, y de la cual yo formar铆a parte.

As铆, una lluviosa ma帽ana de Julio de 1898, intentando retomar mi carrera profesional e iniciar una nueva vida, despert茅 en la costa atl谩ntica del Istmo de Panam谩, que para aquel entonces era un departamento de la Gran Colombia, a quien se hab铆an unido voluntariamente en Noviembre de 1821 para lograr su independencia de Espa帽a.
Al poco tiempo de mi llegada tom茅 conciencia de la tit谩nica magnitud de la tarea de construcci贸n, y comprend铆 el por qu茅 hab铆a sido aceptado como ingeniero con tanta rapidez y facilidad, pese a que me hab铆a presentado como ciudadano alem谩n. Las condiciones de trabajo eran terribles y las enfermedades t铆picas de los tr贸picos, principalmente la fiebre amarilla y la malaria, sumadas a la disenter铆a, hab铆an diezmado a un significativo n煤mero de trabajadores y especialistas.
Afortunadamente, me hab铆a mantenido bajo el r茅gimen de ingesti贸n de mis siete elixires vegetales, a los cuales atribu铆a la preservaci贸n de mi buena salud. Los siete peque帽os recipientes me acompa帽aron al otro lado del Atl谩ntico dentro de una cajita de madera de roble, la cual hab铆a mandado a confeccionar a medida para protegerlos.
No result贸 f谩cil pero, a sabiendas que tendr铆a que reelaborar mis elixires, logr茅 localizar y hacer amistad con un proveedor de plantas y hierbas medicinales que se hac铆a llamar Xeng, un emigrante chino proveniente de Hong Kong, entrado en los sesenta a帽os de edad, viudo, quien era adem谩s conocedor de tradicionales y ancestrales m茅todos de curaci贸n que hab铆an sido transmitidos de padre a hijo en su familia, a trav茅s de varias generaciones. Adem谩s del canton茅s, Xeng manejaba bastante bien el idioma espa帽ol, idiomas ambos que yo no conoc铆a. Afortunadamente, la asistente de Xeng, su bella nieta Ling, una vivaz y bien educada adolescente que dominaba tanto el espa帽ol como el franc茅s y el ingl茅s, nos serv铆a de int茅rprete.
Curiosamente, entre la diversidad de hierbas y plantas que manipulaba Xeng se encontraba una variedad de artemisia que utilizaba para combatir la malaria, una de las graves enfermedades que aquejaba a los trabajadores del canal. Le ense帽茅 a Xeng algunos m茅todos espag铆ricos para potenciar sus preparados, y 茅l me ense帽贸 algunos de los principios sobre los cuales se basaban sus m茅todos de diagn贸stico y tratamiento.
Una tarde de domingo, mientras disfrutaba una taza de t茅 y una interesante conversaci贸n en casa de Xeng, lleg贸 un carism谩tico franc茅s aquejado por lo que parec铆a ser a todas luces un principio de malaria. Asumiendo que era miembro del equipo de construcci贸n del canal me ofrec铆 a colaborar con Xeng en su atenci贸n, someti茅ndolo a un tratamiento basado en mi elixir de artemisia. El 茅xito fue r谩pido y contundente, por lo que luego me cost贸 trabajo convencer a aquel sujeto 鈥攓ue se present贸 como Alphonse Jobert鈥 de que aquel tratamiento no pod铆a administrarse abierta y masivamente. Omitiendo el detalle de la espagiria y la Piedra Vegetal, argument茅 que la planta artemisia no se daba localmente en Panam谩 y que, adem谩s, el m茅todo de preparaci贸n del elixir era muy largo y complicado. Grande fue mi sorpresa cuando Jobert, tras una gran sonrisa, se revel贸 no s贸lo como doctor en Qu铆mica y conocedor de la espagiria, sino como un verdadero estudioso de la Alquimia.
Jobert, antiguo colaborador de la familia De Lesseps, se hab铆a sumado a la aventura francesa en Panam谩 en 1884, junto con su coterr谩neo y amigo Philippe-Jean Bunau-Varilla, antes de la sonada quiebra de la primera compa帽铆a. El tal Bunau-Varilla lleg贸 a ser jefe de ingenieros durante aquella primera etapa, y m谩s adelante se convirti贸 en accionista de la segunda compa帽铆a y personaje clave en la venta de esta a los Estados Unidos de Norteam茅rica, un hecho que no se concretar铆a hasta Noviembre de 1903. Mientras Bunau-Varilla se dedic贸 a viajar promoviendo la venta del Canal, Jobert hab铆a permaneci贸 en Panam谩, experimentando discretamente con un m茅todo para la cloraci贸n del agua, proyecto que hab铆a iniciado con su ahora influyente amigo.

Yo hab铆a viajado a tan remoto pa铆s y me hab铆a embarcado en aquella peligrosa aventura para alejarme de la Ciencia de Hermes, pero esta hab铆a vuelto a encontrarme. 驴Destino o casualidad? Jobert result贸 ser un alquimista con varios a帽os de estudio y experiencia a cuestas. 脡l era muy reservado en relaci贸n a sus antecedentes y, dado que yo tampoco deseaba exponer mi vida pasada, no me sent铆a en libertad de preguntarle sobre la suya. Era un sujeto entrado en los cincuenta a帽os de edad, de cabello canoso, largo hasta los hombros, muy culto, algo pomposo y dado a la dramatizaci贸n, por lo que me recordaba a Keely. Lleg贸 a felicitarme alguna vez por mis logros en la ciencia espag铆rica, pero afirmaba que aquello apenas resultaba un entrenamiento, una pr谩ctica, un mero pre谩mbulo cuyo magisterio podr铆a alcanzar cualquiera con suficiente pr谩ctica y perseverancia. La Alquimia verdadera estaba reservada para unos pocos.
Jobert sol铆a decir que nuestro encuentro no era casualidad. Cierto o no, con 茅l empec茅 verdaderamente a descorrer el velo del secreto alqu铆mico, al obtener una pista concreta sobre la materia prima que tanto me hab铆a eludido. Para empezar, me puso al tanto de la existencia de la 鈥渕ateria inicial鈥 y de la 鈥淧rima Materia鈥, y que era necesario comprender la diferencia entre ambas, de lo contrario estar铆a condenado al extrav铆o. La materia inicial es aquella sustancia vulgar que el alquimista consigue directamente en la naturaleza o incluso con alg煤n suplidor comercial especializado, mientras que la Prima Materia es una sustancia que debe ser elaborada o extra铆da por el alquimista, de acuerdo al 鈥淎rte鈥, partiendo de la materia inicial.
Como he comentado antes, los textos, al menos los que yo hab铆a le铆do, manten铆an en secreto la identidad de estas materias, ya se tratara de la materia inicial o de la Prima Materia, por lo que no pude calmar mi curiosidad y preguntar a Jobert si 茅l hab铆a logrado determinar la identidad de estas materias, o si ten铆a alguna idea acerca de las mismas. Recuerdo que sonri贸 con discreci贸n, antes de explicarme que existen materias iniciales diferentes, es decir, opciones d贸nde elegir, que incluso pueden combinarse con otras materias complementarias. La elecci贸n de la materia inicial, de las materias complementarias, la forma de prepararlas y el m茅todo para obtener la Prima Materia a partir de ellas, es precisamente lo que da origen a las diferentes v铆as alqu铆micas que, a grandes rasgos, podr铆an dividirse en h煤medas, secas y particulares.
La Prima Materia, una vez elaborada por el alquimista, es 煤nica, y es la misma independientemente de la v铆a alqu铆mica elegida, siendo denominada por algunos alquimistas Azoth y otras veces Mercurio Filos贸fico. Una buena parte de los tratados cl谩sicos inician sus explicaciones a partir de esta Prima Materia, sin decir nada sobre la existencia o naturaleza de la materia o materias iniciales; de ah铆 la gran confusi贸n de los que, como yo, se aproximaban al estudio de esta Ciencia.
Ahora bien, los pocos tratados que s铆 abordan el tema de la materia inicial coinciden en se帽alar que esta proviene del reino mineral, y que nada vegetal o animal forma parte de ella. Este criterio, advert铆a Jobert, era el primer filtro para determinar la autenticidad de los textos. Era menester del alquimista, entonces, seleccionar el mineral adecuado para extraer la semilla vital que en 茅l se encontraba aprisionada.
Si se trataba de una semilla vital, 驴por qu茅 extraerla de un mineral inerte, y no de una planta o incluso de un animal, cuya vida era a todas luces evidente?, pregunt茅. Jobert afirmaba, como todos los alquimistas, que los minerales pose铆an un tipo de vida y que, de hecho, como indicaban los te贸sofos, la energ铆a de la vida se incorporaba al mundo manifestado inicialmente a trav茅s del mundo mineral. Pero no es que no se pudiese utilizar una materia vegetal o animal como materia inicial para la realizaci贸n de la Gran Obra. El problema con esas materias es que est谩n tan alejadas de la esencia primordial, que no bastar铆a una vida de trabajo continuo para extraer de ellas la Prima Materia. Era m谩s f谩cil hacerlo a partir de un mineral, pero no de cualquiera; hab铆a unos m谩s apropiados que otros.
Jobert me habl贸 acerca de su viaje a la India, donde se instruy贸 con un viejo brahaman y alquimista que lo inici贸 en una v铆a cuya materia inicial era un mineral al que denominaba 鈥渄rag贸n rojo鈥. Lamentablemente, durante su estancia en Panam谩, Jobert no hab铆a podido avanzar en dicha v铆a debido a la dificultad de obtener localmente aquel mineral y otros componentes necesarios. Se hab铆a limitado a planificar las operaciones, a trabajar y ahorrar dinero, con la intenci贸n de emprender el trabajo de la Gran Obra a su regreso a Par铆s.
M谩s adelante me record贸 los tres principios que ya conoc铆a de la espagiria: Azufre, Mercurio y Sal. Sus comentarios al respeto fueron muy reveladores. Estos principios segu铆an aplic谩ndose en el 谩mbito mineral de la Gran Obra, de tal manera que, para algunos alquimistas, los tres pod铆an o deb铆an extraerse de la misma materia mineral inicial, por lo general mediante la utilizaci贸n de un disolvente apropiado 鈥攅l alkahest, como le denominaban algunos鈥 cuya naturaleza y preparaci贸n era tan misteriosa como la identidad de la propia materia inicial. Una vez separados los tres principios por medio del alkahest, y previamente purificados, la Prima Materia no ser铆a m谩s que el resultado de una reunificaci贸n o conjunci贸n de estos tres componentes.
Lo que Jobert hab铆a aprendido con aquel brahaman en la India, no obstante, era que los tres principios pod铆an ser obtenidos, cada uno, a partir de materias iniciales diferentes. Siendo m谩s espec铆fico, me indic贸 que el 鈥渄rag贸n rojo鈥 era la materia inicial de la cual deb铆a extraer la semilla vital. Los principios Azufre y Sal ser铆an obtenidos o vehiculados por materias iniciales complementarias y distintas. Luego, como ya expliqu茅, con el matrimonio o conjunci贸n de estos tres componentes 鈥揹ebidamente purificados seg煤n el Arte鈥 se producir铆a la Prima Materia o Azoth, como le denominaban algunos alquimistas.
Cuando me atrev铆 a preguntar a Jobert sobre la identidad de este 鈥渄rag贸n rojo鈥 y las otras materias, me dijo que hab铆a hecho un juramento a su maestro y que no pod铆a revelarlo. De hecho, seg煤n me indic贸, era fundamental que el alquimista aspirante pudiera determinar la identidad de la materia inicial por s铆 mismo. Me avergonc茅 en aquel momento de haber preguntado. No obstante, Jobert tuvo la generosidad de brindarme pistas muy concretas con las cuales se supone que podr铆a llegar a conocerla.
Para empezar, me dio pistas para determinar la identidad del 鈥渄rag贸n rojo鈥. Era lo primero que ten铆a que descubrir, luego me podr铆a dar las pistas para encontrar las otras dos materias, las complementarias. El 鈥渄rag贸n rojo鈥, dec铆a, era un mineral que aparec铆a en su estado natural como una roca muy dura, de color rojizo. Se trataba de una bestia peligrosa capaz de exhalar un aliento t贸xico, y de cuyo duro cuerpo algunas veces exudaba sangre venenosa de manera natural.

El a帽o 1898 termin贸 dejando una guerra entre Espa帽a y EUA, iniciada por el tema de la independencia de Cuba, el apoyo de EUA a esta, y la explosi贸n del nav铆o USS Maine. Al final, con la firma del tratado de Par铆s en Diciembre de ese a帽o, Espa帽a perdi贸 frente a EUA los territorios de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam. Ya para inicios de 1899, en el marco de un agitado ambiente pol铆tico en Panam谩, la Compa帽铆a del Canal me dio de baja oficialmente. No me sorprendi贸. La segunda aventura francesa estaba llegando a su fin, con un coste de veinte mil vidas humanas. Aunque mi participaci贸n fue breve, hab铆a hecho algunos contactos que me permitieron asociarme inmediatamente con un joven empresario holand茅s, quien brindaba servicios de mec谩nica naval en el puerto.
Lo que s铆 me sorprendi贸 fue la partida de Jobert. Sin mayores explicaciones, me advirti贸 que la situaci贸n en el pa铆s se complicar铆a y me sugiri贸 partir lo antes posible. Se despidi贸 con un sencillo apret贸n de manos, dej谩ndome una carta de recomendaci贸n firmada por su influyente amigo Bunau-Varilla para presentarme en Francia con la familia De Lesseps. No me dej贸 direcci贸n donde localizarle porque dec铆a desconocer lo que le deparaba su viaje y, sin yo haber podido determinar la identidad del 鈥渄rag贸n rojo鈥, tampoco me dej贸 las pistas para poder determinar la identidad de las materias complementarias.
Ciertamente el ambiente en el pa铆s estaba un tanto caldeado, pero no era algo inusual seg煤n los lugare帽os, as铆 que decid铆 quedarme un tiempo. Continu茅 visitando a mi amigo Xeng, quien hab铆a empezado a ense帽arme una serie de ejercicios y movimientos que conformaban la base de un antiguo arte de combate cuerpo a cuerpo, al que denominaba Tai Chi Chuan. Por otra parte, debo admitir que hab铆a desarrollado un afecto especial por Ling, quien ahora ten铆a dieciocho a帽os y a quien frecuentaba para recibir lecciones de idioma espa帽ol.
Con el transcurrir de los meses, si bien disfrutaba del entrenamiento con Xeng, el buen t茅 y la compa帽铆a de Ling, no dejaba de devanarme los sesos todas las noches en la intimidad de mi dormitorio, tratando de descubrir la identidad del 鈥渄rag贸n rojo鈥. Jobert me hab铆a transmitido una s贸lida base te贸rica para abordar los textos cl谩sicos y me hab铆a puesto sobre pistas concretas hacia las cuales deb铆a dirigir mis estudios, sin embargo, a pesar de contar con algunos candidatos minerales espec铆ficos para jugar el papel del 鈥渄rag贸n鈥, a煤n no ten铆a ninguna certeza.
Me empezaba a sentir estancado, pregunt谩ndome si deb铆 marcharme con Jobert y haber continuado el estudio de la Alquimia bajo su gu铆a, pero ahora no ten铆a idea de su paradero. A pesar de ello, intu铆a que era el momento de partir de aquel lugar, pero hab铆a algo que me reten铆a: no quer铆a abandonar a Ling.
Si bien hasta ese momento nuestra relaci贸n hab铆a sido de tipo intelectual, no pod铆a enga帽ar a mi coraz贸n; sent铆a un especial afecto por ella. Par铆s podr铆a ser un buen lugar para empezar una nueva vida juntos. Me arm茅 de valor e hice planes para hablar con Xeng y pedir la mano de su nieta, a sabiendas de que ser铆a complicado desde el punto de vista cultural de aquella 茅poca. Desafortunadamente, Ling hab铆a sido ya prometida en matrimonio para consolidar la uni贸n con una importante familia que comerciaba telas y especies tra铆das de oriente. No hizo falta hablar con Xeng; fue Ling misma quien, con l谩grimas en los ojos, rechaz贸 mi propuesta. Habiendo perdido a sus padres, el honor de su familia y la lealtad a su abuelo eran primero.
As铆 las cosas, mi historia en Panam谩 hab铆a llegado a su fin.

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CAPITULO 1

A帽adido el 09/08/2018

go here 鈥淪e considera la Piedra filosofal como una pura quimera y las personas que la buscan son tomadas por locas. Este desprecio, dicen los fil贸sofos herm茅ticos, es un efecto del justo juicio de Dios que no permite que secreto tan precioso sea conocido por los malvados y los ignorantes鈥.
鈥擜lejandro Sethon (El Cosmopolita).

CAP脥TULO 1

Daniel despert贸 sobresaltado. El incesante timbrado del tel茅fono interrumpi贸 un perturbador sue帽o donde, desde muy lejos, su esposa y su peque帽o hijo se desped铆an de 茅l.
鈥擝uenos d铆as 鈥攄ijo una voz femenina desde el otro lado de la l铆nea telef贸nica鈥. Cambio de planes. Necesito verte de inmediato.
鈥斅縀stel? 驴Qu茅 sucede? 鈥攑regunt贸 Daniel, sentado en el borde de la cama y a煤n somnoliento. A ella se le escuchaba nerviosa.
鈥擳uve que robar el manuscrito鈥
鈥斅縍obar? No entiendo. Me dijiste que lo heredaste de tu abuelo.
鈥擡s mejor que te lo explique en persona.
鈥擬uy bien. 驴Nos vemos aqu铆, en el hotel?
鈥擯refiero otro lugar. Creo que debes poder llegar al barrio g贸tico sin problema. Tu hotel est谩 cerca. Podemos vernos en el p贸rtico frontal de la catedral, dentro de una hora 鈥攑ropuso ella.
鈥擠e acuerdo, nos vemos all铆 a las nueve 鈥攃onfirm贸 Daniel, despu茅s de ver su reloj.
鈥斅縀n qu茅 me estar茅 metiendo? 鈥攕e pregunt贸 al terminar la llamada. Acababa de conocer a Estel en Londres cuando ella lo abord贸 al finalizar una conferencia, as铆 que cruzaba por su mente la idea de que pod铆a tratarse de una embaucadora o tal vez de una perturbada mental. Ya hab铆a tenido dudas en aceptar su invitaci贸n para venir a Barcelona, pero despu茅s de esa llamada las dudas casi se hab铆an convertido en la certeza de haber cometido un error.
鈥擠eb铆 irme de vacaciones a Praga, como ten铆a planeado 鈥攎ascull贸.
Despu茅s de un frugal desayuno, Daniel subi贸 al metro acompa帽ado de sus dudas rumbo a la estaci贸n Liceu en las Ramblas. Era una fresca ma帽ana de primavera, y el sol filtrado a trav茅s de los 谩rboles daba vida a las coloridas flores que se exhib铆an en los kioscos de la ic贸nica avenida. Con un mapa callejero en la mano se adentr贸 en el barrio G贸tico, dejando el bullicio de la ciudad tras de s铆 a medida que avanzaba por las estrechas callejuelas cargadas de historia.
Una hora y quince minutos hab铆an transcurrido desde la llamada de Estel. Daniel se encontraba de pie en el lugar acordado, frente al p贸rtico principal de la catedral, observando la hermosa fachada neog贸tica recientemente restaurada, a la vez que una melodiosa voz femenina llenaba el ambiente con c谩nticos desde alg煤n rinc贸n cercano. La paciencia no era una de sus virtudes, pero la emoci贸n que le suscitaba el poder examinar un manuscrito alqu铆mico in茅dito compensaba el tormento de la espera. Mir贸 su reloj y empez贸 a caminar en c铆rculos, mirando para todas partes. Un mendigo en la esquina ped铆a limosnas a los transe煤ntes mientras algunos turistas dispersos se concentraban en obtener fotograf铆as de la catedral y edificios aleda帽os.
Estel finalmente apareci贸 al pie de las escalinatas de la plaza. Lo vio y se dirigi贸 apresurada hacia 茅l. Ella vest铆a un deste帽ido vaquero azul y una sencilla blusa blanca debajo de una chaqueta ligera de piel color marr贸n. Daniel casi no la reconoci贸 debido a que se hab铆a arreglado el cabello de forma diferente; el mismo color casta帽o oscuro pero con un radical corte estilo bob que enmarcaba muy bien aquel cautivador rostro juvenil.
鈥擠isc煤lpame por la tardanza y por no haberte atendido en casa de mi familia鈥 Ocurri贸 algo inesperado 鈥攄ijo ella, despu茅s del habitual intercambio de saludos.
鈥擳e noto nerviosa, 驴qu茅 sucede?
鈥擟omo te adelant茅, tuve que robar el manuscrito 鈥攃ontest贸 ella, mientras tomaba asiento en los escalones cercanos.
鈥擧ace dos d铆as, en Londres, me dijiste que era tuyo, que lo hab铆as acabado de heredar de tu abuelo 鈥攍e record贸 Daniel, al momento que se sentaba a su lado.
鈥擲铆, s铆鈥 Te explico. Hace cerca de un mes, mi abuelo, Ignasi, me envi贸 una nota por correo donde me ped铆a que cuidara del manuscrito y que lo leyera con atenci贸n. 脡l dedic贸 muchos a帽os de su vida a estudiarlo. 驴Te imaginas? En ese momento percib铆 aquella nota como un aviso de que algo grave iba a suceder.
鈥擟omo si se tratara de una despedida.
鈥擲铆, as铆 lo tom茅, y no me dio tiempo de ir a verlo. Al d铆a siguiente de leer su nota me llam贸 mi madre a Cambridge para informarme que hab铆a muerto de un paro card铆aco. Acababa de cumplir noventa a帽os.
鈥擫o lamento.
鈥擟uando asist铆 al funeral me enter茅 de que no pudo formalizar su testamento. Eso fue lo que me dijeron. Me pareci贸 extra帽o, pero no le di mucha importancia. Mi madre, como hija 煤nica de mi abuelo, ser铆a la heredera de todos sus bienes.
鈥斅縔 tu abuela, la esposa de Ignasi?
鈥擡lla falleci贸 hace ya varios a帽os. Esa es otra historia.
鈥擡ntiendo.
鈥擟onsider茅 que no era el momento oportuno para hacer preguntas y regres茅 tranquila a Cambridge para continuar con asuntos de mi doctorado. Fue cuando me enter茅 de tu conferencia sobre alquimia, lo que me pareci贸 una interesante coincidencia.
鈥擡ntonces, no mencionaste a tu madre nada acerca de la nota que te envi贸 tu abuelo.
鈥擜s铆 es. No le dije nada en aquel momento. Iba a dec铆rselo anoche, despu茅s de la cena. Empec茅 hablando de ti y de que te hab铆a invitado para examinar el manuscrito. Luego le ped铆 que me lo entregara, y fue cuando ella me puso al tanto de que Arnau, mi padrastro, estaba a punto de concretar la venta del mismo鈥
鈥斅縑enderlo?, 驴c贸mo?, 驴a qui茅n? 鈥攊nterrumpi贸 Daniel.
鈥擭o lo vas a creer鈥 鈥攅mpez贸 a explicar Estel con evidente frustraci贸n鈥. Poco despu茅s del funeral de mi abuelo, Arnau public贸 en internet un anuncio de venta, pidiendo cincuenta mil euros para empezar.
鈥斅縍ecibi贸 ofertas?
鈥擳res interesados solicitaron m谩s informaci贸n y poder ver algo del contenido del manuscrito antes de ofertar.
鈥擡s comprensible.
鈥擜ntes de que Arnau decidiera qu茅 hacer, apareci贸 un abogado de nombre Jordi Rigol ofreciendo sus servicios. Seg煤n me cont贸 mi madre, el abogado alegaba ejercer su oficio en el mundo editorial y que, por una m贸dica comisi贸n, pod铆a conseguir un buen comprador. Mi madre desconfiaba pero Rigol se present贸 a los pocos d铆as con una oferta de un supuesto coleccionista, por ciento veinticinco mil euros. La 煤nica condici贸n del comprador era mantener su identidad en el anonimato y que Rigol le enviase algunas fotos antes de cerrar el trato.
鈥擣otos de la portada y de algunas p谩ginas, supongo.
鈥擜s铆 es, y Arnau accedi贸 sin dudarlo.
鈥擡ntonces decidiste llevarte el manuscrito antes de que el tal Rigol pudiera verlo y tomarle las fotos.
鈥擟orrecto. Ayer mismo en la noche saqu茅 el manuscrito de la caja fuerte. Casi no dorm铆 pensando qu茅 hacer con 茅l.
鈥斅縋ara cu谩ndo tiene planeado tu padrastro realizar la venta?
鈥擯ara hoy mismo. En el transcurso de la ma帽ana el abogado debe estar llegando a casa de mis padres para examinar el manuscrito y cerrar el trato. No pod铆a permitirlo, Daniel. Mi abuelo me pidi贸 que lo cuidara 鈥攅xpuso Estel emotivamente.
鈥擡stoy de acuerdo en que debes cumplir con los deseos de tu abuelo, pero se te va a armar un gran l铆o con tus padres. Debes hablar con ellos y explicarles. 驴Por qu茅 simplemente no les muestras la nota de Ignasi?
鈥擭o puedo鈥
鈥擯ero as铆 les har铆as saber cu谩l era el deseo de tu abuelo. Supongo que tu madre querr谩 respetar la 煤ltima voluntad de su padre 鈥攊nsisti贸 Daniel.
鈥擭o estoy muy segura de eso. Es complicado. Mi madre no se llevaba muy bien con mi abuelo鈥
鈥擸 supongo que t煤 no te llevas bien con tu madre 鈥攊nterpuso Daniel.
鈥擜s铆 es, y menos a煤n con Arnau. 隆Lo detesto! Adem谩s del manuscrito ha puesto en venta todas las propiedades de mi abuelo. Su empresa tiene problemas, grandes deudas, y se ha estado aprovechando de los bienes de mi madre. Lo he discutido con ella varias veces, pero no entra en raz贸n.
鈥擡ntiendo.
鈥擝ueno, pero nada de eso viene al caso ahora, no tenemos mucho tiempo. Quiero que veas el manuscrito, para eso te invit茅 a que vinieras hasta aqu铆.
鈥斅縇o traes contigo?
Estel abri贸 lentamente el gran bolso que colgaba de su hombro y extrajo un envoltorio de papel amarillento que apart贸 meticulosamente para dejar al descubierto un libro impecablemente encuadernado en piel, color negro. Parec铆a un diario o agenda de tama帽o regular. No ten铆a nada impreso en la portada ni en el lomo. Inusual era que la cubierta ten铆a incrustados cuatro peque帽os soportes met谩licos que parec铆an ser de plata. Por las marcas que hab铆an quedado en la piel, estas piezas evidentemente hab铆an cumplido la misi贸n de sujetar a la portada un elemento circular de unos cinco cent铆metros de di谩metro.
鈥擫ee la introducci贸n, por favor 鈥攑idi贸 Estel, a la vez que pon铆a con reverencia el documente en las manos de Daniel.
Aunque un poco avejentadas, las p谩ginas estaban en buenas condiciones, escritas a mano, en tinta negra, y con una caligraf铆a perfectamente legible en espa帽ol. Daniel hab铆a hecho un posgrado en historia del renacimiento en la Universidad Complutense de Madrid, por lo que no ten铆a problemas para leerlo.

En la introducci贸n se le铆a lo siguiente:
Apreciado lector,
En esta vida, la cual se ha extendido ya por suficientes a帽os, he tenido el privilegio de redescubrir el secreto de la Alquimia, tal como lo hicieron algunos pocos sabios de anta帽o. Te adelanto, no obstante, que mucho de lo que se ha dicho y especulado a trav茅s del tiempo sobre lo que es la realizaci贸n de la Gran Obra Alqu铆mica no es del todo cierto. La realidad result贸 ser m谩s interesante y asombrosa de lo que hab铆a imaginado. Sin embargo, los obst谩culos y sacrificios por los que tuve que pasar fueron enormes.
Despu茅s de vivir dos guerras mundiales, y ser perseguido por agencias de inteligencia de diferentes naciones, he considerado oportuno dejar testimonio escrito de mi existencia y de mi aventura de descubrimiento, antes de desaparecer de este mundo. Relato, pues, los sucesos m谩s relevantes de mi b煤squeda, proporcionando datos y pistas que te podr谩n ayudar a encontrar tu propio camino para la realizaci贸n de la Gran Obra.
Como seguro comprender谩s, estas cosas no pueden decirse o escribirse abiertamente, s贸lo de manera velada. El secreto lo llevar茅 a la tumba. Depender谩 de tu intelecto, de tu intuici贸n y de tu fortaleza de esp铆ritu poder encontrar el camino correcto.
Como muestra de mi sinceridad, y como probablemente hayas observado ya, este documento incluye en su cubierta un peque帽o medall贸n elaborado alqu铆micamente por mi persona. Ten cuidado con 茅l. Este medall贸n te puede conducir a la tumba.
Finalmente, no olvides dar un sentido sagrado a tus actos de b煤squeda y pedir al Dios de tu coraz贸n que te conceda sabidur铆a.
Alexander Vogel
Sol en Aries, 1947

Daniel cerr贸 cuidadosamente el libro, sosteni茅ndolo sobre sus piernas con ambas manos, en silencio. Muchas cosas pasaban por su mente. La introducci贸n era corta, pero muy elocuente. Le pareci贸 que Vogel era un autor sincero y que podr铆a tratarse de un genuino alquimista, por lo que no pod铆a evitar sentir cierta emoci贸n y entusiasmo. Por un lado, le costaba trabajo aceptar semejante golpe de suerte, pero, por otro, le preocupaba la posibilidad de que se tratara de un fraude. Aunque parec铆a muy sincera, persist铆a aquella sensaci贸n de estar siendo embaucado por Estel de alguna manera.
鈥斅縔 bien? 鈥攑regunt贸 ella al cabo de un rato, interrumpiendo los pensamientos de Daniel. Este volvi贸 la mirada para encontrarse con unos hermosos ojos color pardo avellana que le miraban con ansiedad.
鈥擡l autor parece sincero pero, 驴qu茅 ocurri贸 con el medall贸n al que se refiere? 鈥攓uiso saber Daniel, enfocando su mirada en la cubierta del manuscrito y en sus peque帽as incrustaciones de plata. Si bien no habr铆a forma de comprobar con certeza su manufactura alqu铆mica, pensaba que ser铆a grandioso tener ese medall贸n en las manos para poder analizarlo鈥. 驴Sabes d贸nde se encuentra? 鈥攁greg贸, volviendo la mirada a Estel. Ella sonri贸.
鈥擲铆. Es por eso que no puedo mostrar la nota de Ignasi a mi madre, y menos a mi padrastro.
鈥擡stel, 隆el suspenso me est谩 matando! Expl铆cate, por favor.
Ella volvi贸 a introducir su mano en el bolso para extraer esta vez un peque帽o sobre de correo, el cual pas贸 a Daniel.
鈥擡s la nota que me envi贸 mi abuelo. Puedes leerla.
Daniel abri贸 el sobre y procedi贸 a leer鈥
Mi querida ni帽a:
El medall贸n que env铆o adjunto, y que tanta curiosidad te caus贸 de peque帽a, es una muestra de mi afecto y confianza en ti. Ya no podr茅 seguir cuid谩ndolo por m谩s tiempo y quiero que est茅 en las mejores manos, al igual que el viejo manuscrito. Yo no tuve el valor suficiente para seguir adelante, pero estoy seguro que t煤 s铆, y sabr谩s c贸mo proceder.
Quiero que te quedes tambi茅n con mi casa de campo. En ella encontrar谩s un regalo muy especial, convencido de que eres la 煤nica persona que sabr谩 d贸nde buscar.
Te quiere,
tu abuelo Ignasi.

鈥斅縄gnasi te envi贸 el medall贸n de Vogel por correo convencional? 鈥攑regunt贸 Daniel en tono de incredulidad, mientras regresaba la nota a su sobre.
鈥擡n realidad fue a trav茅s de un servicio de mensajer铆a expreso 鈥攃ontest贸 Estel con seriedad.
Daniel sonri贸 con incredulidad.
鈥擭o estoy seguro de entender. Tienes el medall贸n y no puedes mostrar la nota de tu abuelo porque鈥
鈥擯orque se supone que nadie conoce el paradero del medall贸n 鈥攃omplet贸 Estel鈥. Mi abuelo lo llevaba siempre consigo, colgado del cuello. Anoche, cuando mi madre me puso al tanto de la venta, me pregunt贸 si sab铆a algo de su paradero. Lo han estado buscando para elevar el precio de venta, pero no dije nada. Nadie sabe que mi abuelo me lo envi贸.
鈥擜hora entiendo. No deseas mostrar la nota de Ignasi porque se enterar铆an que t煤 tienes el medall贸n 鈥攃onfirm贸 Daniel.
鈥擡xacto 鈥攄ijo Estel, devolviendo el sobre a su bolso.
鈥擸 respecto a ese regalo especial que dej贸 tu abuelo en la casa de campo, 驴puedo preguntar de qu茅 se trata o si ya lo encontraste?
鈥擜煤n no tengo idea de qu茅 se trata, pero la verdad es que no he tenido tiempo de pensar en eso.
Ambos guardaron silencio por unos instantes, mientras se percataban del gran n煤mero de personas que hab铆an empezado a circular por el lugar.
鈥斅縋uedo ver el medall贸n? 鈥攑regunt贸 Daniel.
鈥擯or supuesto. Lo tengo conmigo, pero aqu铆 no es buen lugar para verlo. Mejor entremos a la catedral.
Estel se puso de pie y extendi贸 su mano hacia Daniel, invit谩ndolo a levantarse.
鈥斅縃ab铆as visitado esta catedral? 鈥攁greg贸.
鈥擲铆, la visit茅 una vez, hace ya algunos a帽os. Vamos.

El interior del recinto sagrado, con su silencio y austera iluminaci贸n, invitaba a la introspecci贸n. Los vitrales y los cruceros de ojiva en lo alto capturaban la atenci贸n de algunos turistas, mientras Estel y Daniel avanzaban lentamente por la nave central.
鈥擭o soy hombre de religi贸n, pero estos edificios antiguos no dejan de inspirarme un sentido de reverencia y respeto 鈥攅xpres贸 Daniel, casi susurrando.
鈥擡stoy de acuerdo contigo. Estos lugares inspiran algo. Desde hace mucho tiempo no visitaba una catedral. Sol铆a hacerlo con mi abuelo y me transportaba en el tiempo con sus historias. Imaginaba alquimistas medievales estudiando sus s铆mbolos鈥 Aqu铆 est谩 bien 鈥攕usurr贸 Estel, sent谩ndose en una de las bancas.
Daniel se sent贸 a su lado mientras ella se llevaba ambas manos al cuello para tomar el collar que colgaba dentro de su blusa. Lo desabroch贸 con agilidad y se lo entreg贸 a Daniel sin decir palabra. Al final de una cadena dorada, hermosamente trenzada, se encontraba el medall贸n de Vogel. Este parec铆a ser de oro, con dos notables muescas irregulares en el borde y cinco cent铆metros de di谩metro aproximadamente, justo los necesarios para encajar en la cubierta del manuscrito, como pudo verificar Daniel. En el centro de una de las caras aparec铆an seis caracteres, uno seguido del otro horizontalmente, formando una especie de jerogl铆fico o palabra ininteligible.

M谩s abajo ten铆a inscrito lo que parec铆a ser un a帽o: 1947, coincidiendo con la fecha en la introducci贸n del manuscrito. La otra cara del medall贸n presentaba el grabado de un cuadrado dividido en nueve casillas, cada una con una letra latina dentro, en may煤sculas.

鈥斅縌u茅 opinas? Pregunt贸 Estel, interrumpiendo la inspecci贸n de Daniel.
鈥擡fectivamente, a la vista parece de oro 鈥攃ontest贸 Daniel, dando vueltas al medall贸n en su mano.
鈥擡stas dos peque帽as incisiones de aqu铆 鈥攃ontinu贸鈥 evidencian que alguien tom贸 muestras del metal, seguramente para analizarlo.
鈥擴na de ellas la hice yo, muy a mi pesar, pero pude verificar que es de oro cien por ciento puro. La otra muesca ya estaba en el medall贸n desde que mi abuelo me lo mostr贸 por primera vez 鈥攅xplic贸 Estel.
鈥斅緾ien por ciento puro? 驴No es algo inusual? 鈥攊nquiri贸 Daniel, tratando de disimular su escepticismo.
鈥擭o del todo. Hay piezas de joyer铆a y monedas de colecci贸n o de inversi贸n que pueden tener ese grado de pureza, aunque normalmente lo que se considera oro puro podr铆a ser realmente s贸lo 99.95% oro, y en el mejor caso 99.99%
鈥擡l resto son impurezas.
鈥擜s铆 es 鈥攃onfirm贸 Estel鈥. Pero en este medall贸n no encontr茅 impurezas鈥 Bueno, las que t铆picamente se encontrar铆an en un proceso de orfebrer铆a.
鈥擡s raro 鈥攃oment贸 Daniel, mientras trataba de sentir el peso del medall贸n en la palma de su mano.
鈥擬谩s inusual es su peso y su dureza. 驴Lo percibes?
鈥擲铆. Es m谩s pesado de lo que se esperar铆a 鈥攃oment贸 Daniel, sorprendido.
鈥擡l oro con ese grado de pureza no deber铆a tener ese peso ni tampoco ese grado de dureza.
鈥擡res ingeniera qu铆mica, 驴c贸mo lo explicas?
鈥擯or ahora no puedo explicarlo 鈥攃ontest贸 Estel, tratando de contener una sonrisa.
鈥斅縏e das cuenta de lo importante que podr铆a ser este medall贸n? 鈥攊nterpuso Daniel.
鈥擲铆, lo s茅, pero necesito hacerle m谩s pruebas, y para ello requiero acceso a equipos, a un laboratorio apropiado, y no he tenido oportunidad.
鈥擡so podemos arreglarlo. Har茅 algunas llamadas para ver si tenemos suerte con alg煤n laboratorio universitario, aqu铆 mismo en Barcelona 鈥攄ijo Daniel, al tiempo que hac铆a un r谩pido recuento mental en b煤squeda de colegas que podr铆an ayudarle.
鈥斅縔 qu茅 me dices de las inscripciones del medall贸n? 鈥攊nquiri贸 de pronto Estel.
鈥擜 primera vista parece una especie de talism谩n, pero鈥 鈥擠aniel concentr贸 la mirada en el dorado objeto.
鈥斅縋ero qu茅, Daniel? 隆Ahora eres t煤 el que me est谩 matando con el suspenso! 鈥攅xclam贸 Estel, esforz谩ndose para no levantar la voz.
鈥擟arece de la simbolog铆a t铆pica de los talismanes. Definitivamente es otra cosa. Observa鈥
Daniel mostr贸 a Estel la cara del medall贸n con los seis s铆mbolos.
鈥擡xceptuando el primer s铆mbolo de la izquierda, que dir铆a es el del Sol, el resto no los reconozco, pero yo dir铆a que se trata de una palabra codificada.
鈥斅縋alabra codificada? 鈥攕usurr贸 Estel.
鈥擲铆. Recuerda que los alquimistas hac铆an uso de varios tipos de simbolog铆a, tanto religiosa como pagana, incluyendo los s铆mbolos astrol贸gicos y de la magia para ocultar y transmitir su conocimiento.
鈥斅緾rees que puedas decodificar esa palabra?
鈥擟reo que s铆鈥 Necesitar铆a algo de tiempo para revisar algunos textos.
Estel permaneci贸 pensativa unos instantes, mientras Daniel continuaba observando el medall贸n.
鈥擰uiero proponerte algo 鈥攄ijo de pronto ella, tomando la mano de Daniel鈥. Seamos socios. Ay煤dame a seguir analizando el medall贸n, a descifrarlo y entender el contenido del manuscrito. 驴Te imaginas que podamos demostrar la veracidad de la alquimia?
Daniel sonri贸, sorprendido. La propuesta era tentadora y de momento 茅l no ten铆a nada mejor que hacer, salvo iniciar sus vacaciones.
鈥擡stel, bajo circunstancias normales me encantar铆a ayudarte, pero est谩 de por medio el asunto de tus padres y la venta del manuscrito. 驴Qu茅 piensas hacer al respecto?
鈥擭o voy a permitir que lo vendan. Terminando aqu铆 voy a llevarlo a mi banco y lo colocar茅 en una caja de seguridad. Pero primero pienso fotocopiarlo en el establecimiento de un amigo, muy cerca de aqu铆, para que as铆 puedas llevarte una copia y estudiarlo con detenimiento.
鈥斅aya! Te lo agradezco. 驴Y qu茅 planeas hacer con el medall贸n? Creo que deber铆as guardarlo en el banco junto con el manuscrito.
鈥擭o har谩 nada guardado en un banco. Creo que es mejor dejarlo en tus manos. Dijiste que me vas a ayudar a analizarlo, y tal vez tengas suerte con alg煤n colega y un laboratorio aqu铆 en la ciudad.
鈥擠e acuerdo, pero apenas me conoces 驴Qu茅 he hecho para merecer tanta confianza de tu parte? 鈥攑regunt贸 Daniel, sorprendido鈥. Si llego a descifrar el c贸digo del medall贸n, 驴qu茅 te hace estar segura de que voy a compartirlo contigo? 鈥攂rome贸.
A Estel pareci贸 no hacerle gracia la pregunta. Su rostro cambi贸 de aspecto y guard贸 silencio por unos segundos.
鈥擡stoy apostando a mi intuici贸n, y ella me dice que eres honesto. Tambi茅n est谩 lo de tu conferencia, 鈥渓a alquimia, entre el mito y la realidad鈥濃
鈥斅縌u茅 sucedi贸 con mi conferencia?
鈥擜unque no exactamente defend铆as las teor铆as alqu铆micas, mostraste una mentalidad abierta, entusiasmo y pasi贸n. De alguna manera me hiciste recordar a mi abuelo 鈥攄ijo Estel, bajando la mirada鈥. En ese momento todav铆a reflexionaba acerca de la nota que me hab铆a enviado antes de morir, y sobre el resultado del an谩lisis qu铆mico que hice al medall贸n. Tu conferencia fue entonces como una se帽al. Apareciste en el lugar y en el momento adecuado, as铆 que cuando terminaste no pude resistir ir a conocerte y ya ves鈥
鈥擭o s茅 qu茅 decir 鈥攂albuce贸 Daniel. Estel sonri贸, levantando la mirada.
鈥擜dem谩s, nunca le prest茅 suficiente atenci贸n a las explicaciones de mi abuelo, por lo que ahora mismo eres la 煤nica persona que conozco que entiende algo sobre alquimia.
鈥斅縉unca le prestante suficiente atenci贸n a tu abuelo? Me hab铆a hecho la idea de que la alquimia y la relaci贸n con 茅l te hab铆an inspirado de alguna manera para elegir los estudios de ingenier铆a qu铆mica.
鈥擲铆, en cierta manera. Como ya te coment茅, cuando era ni帽a mi abuelo me contaba historias sobre alquimistas y tambi茅n algunas cosas sobre el contenido del manuscrito. Quise leerlo en aquel entonces, pero 茅l no me dejaba hacerlo. 鈥淗asta que est茅s preparada鈥, me dec铆a. Luego empezaba a divagar sobre sus teor铆as alqu铆micas, las cuales obviamente yo no lograba entender, as铆 que me limitaba a fantasear con que alg煤n d铆a encontrar铆a un elixir de la inmortalidad que permitir铆a a mi familia vivir junta para siempre. Al llegar a la adolescencia tuve que enfrentar el divorcio de mis padres, y luego la mudanza de mi padre a Londres, dej谩ndome con mi madre y un padrastro. En fin, as铆 olvid茅 todo aquello y me convert铆 en una adolescente rebelde. Fue un milagro haber llegado a Cambridge, o tal vez fue el dinero de mi padre queriendo retribuirme de alguna manera 鈥攅xplic贸 Estel, sonriendo con encanto.
Daniel estaba hipnotizado con el relato, con su encantadora sonrisa y con su particular acento catal谩n.
鈥擟uando avanc茅 en mis estudios universitarios 鈥攃ontinu贸 ella鈥, mi abuelo intent贸 hacer que retomara el inter茅s por la alquimia, pero la magia se hab铆a ido.
鈥擟omprendo鈥
鈥擝ueno 鈥攊nterrumpi贸 Estel鈥, ahora debo irme. Tengo que fotocopiar el manuscrito e ir al banco.
鈥擸 luego a enfrentar a tus padres 鈥攁greg贸 Daniel.
鈥擲铆, gracias por record谩rmelo 鈥攄ijo en tono sarc谩stico鈥. Mi madre ha estado llam谩ndome al m贸vil y envi谩ndome mensajes de texto desde temprano. Sal铆 de casa antes de que despertaran, me llev茅 su coche y seguro ya se habr谩n dado cuenta de que tambi茅n me llev茅 el manuscrito.

En silencio salieron de la catedral y caminaron hacia la Plaza de Catalu帽a, v铆a Portal del 脕ngel.
鈥擳engo una petici贸n, Daniel. Digamos que es una especie de condici贸n antes de dejar en tus manos el medall贸n y la copia del manuscrito.
鈥斅緿e qu茅 se trata?
鈥擰uiero que vayas a casa de mis padres y les hables del posible valor cient铆fico de este documento.
鈥斅u茅 dices! 驴Hablas en serio?
鈥擲铆, por favor.
鈥斅緾u谩ndo?, 驴ahora?
鈥擲铆, quiero que les hables sobre la importancia del manuscrito y los convenzas de que no puede perderse en manos de cualquiera.
鈥擭o estoy seguro de que sea buena idea鈥 Soy un extra帽o 鈥攂albuce贸 Daniel.
鈥擭o tienes de qu茅 preocuparte 鈥攁leg贸 Estel鈥. Yo les coment茅 que iba a traer un profesor universitario como invitado para que examinara el manuscrito.
Lo que restaba del trayecto transcurri贸 en silencio. Daniel se sent铆a inc贸modo, pero no encontraba una excusa para librarse de la situaci贸n. Su intelecto le dec铆a que deb铆a alejarse, pero algo m谩s lo impulsaba a seguir adelante. Lleg贸 entonces a una soluci贸n satisfactoria para su dilema, concluyendo que cualquier incomodidad y el posible riesgo era despreciable en comparaci贸n con la retribuci贸n de poder analizar el medall贸n y leer aquel manuscrito.
Daniel acompa帽贸 a Estel hasta el autom贸vil de su madre, un Saab color negro. Ella le entreg贸 entonces el medall贸n, prometiendo que m谩s tarde le dejar铆a la fotocopia del manuscrito en su hotel y que le ver铆a en la noche para cenar. 脡l se despidi贸 aceptando el trato.

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